Q:.H:. C. B. R., Valle de Valparaíso
Introducción.
La historia oficial nos dice que la masonería moderna nació la noche de San Juan, el 24 de junio de 1717, cuando cuatro tabernas de Londres decidieronunirse para fundar la Gran Logia de Inglaterra. Sin embargo, detrás del tintineo de los tarros de cerveza y las túnicas formales se escondía una Europa profundamente fracturada. Estudiar el origen de la masonería inglesa no es sólo un ejercicio de fechas; es adentrarse en un refugio humano nacido en tiempos de caos.
Para comprender realmente este nacimiento, este trabajo no sólo examina los registros tradicionales y la evolución de sus ritos más icónicos (York, Emulación, Inglés y Escocés Antiguo y Aceptado), sino que también abre una ventana a perspectivas alternativas y críticas, destacando la polémica tesis del autor y traductor libanés Awad Khoury, cuya obra desafía radicalmente la narrativa oficial del iluminismo europeo.

El escenario político y religioso de Inglaterra en 1717.
Para entender por qué unos hombres decidieron reunirse en secreto bajo la promesa de una “fraternidad universal”, primero debemos mirar la tormenta que soplaba afuera de las tabernas londinenses. La Inglaterra de 1717 era un país que intentaba sanar a la fuerza de heridas profundas. Esta crisis fue llamada “Escision Whig o Whig Split”, debido a la fragmentación de los Whig (partido político) en dos bandos políticos contrarios, llevando a una conciliación cerca de 1920. Sumado al gasto de enfrentar dentro de la Triple Alianza a la España expansionista y el azote de la piratería que llevó a Inglaterra a promulgar en Acta de Gracia, otorgándole a los pirata un indulto, crearon un cúmulo de problemas de Estado que requerían atención.
La fractura política: Hannoverianos vs. Jacobitas.
Solo tres años antes, en 1714, la dinastía de los Hannover había asumido el trono británico con Jorge I, un rey alemán que ni siquiera hablaba inglés con fluidez. Esto mantenía al país al borde de la paranoia civil. Los jacobitas (fieles a la depuesta línea católica de los Estuardo) acechaban desde las sombras y el exilio, habiendo levantado una rebelión armada apenas en 1715. La traición era el miedo cotidiano del gobierno; la lealtad política era una cuestión de vida o muerte.

La trinchera religiosa: entre el Anglicanismo y la Tolerancia.
La religión no se quedaba atrás en violencia. Tras la Revolución Gloriosa de 1688, la Iglesia Anglicana se había consolidado como la religión del Estado, pero los católicos eran vistos con sospecha legal y los protestantes disidentes (puritanos, cuáqueros) luchaban por su espacio.
En este ambiente, la masonería de 1717 propuso algo revolucionario y sumamente sanador: la Logia como un terreno neutral. Por primera vez, un anglicano, un científico de la Royal Society, un aristócrata jacobita y un comerciante podían sentarse en la misma mesa sin sacar la espada para discutir sobre teología. Se exigía creer en un principio superior (el Gran Arquitecto del Universo), pero se prohibía explícitamente hablar de política o religión sectaria dentro del templo. La masonería nació, en gran medida, como un bálsamo contra el fanatismo que había desangrado a Gran Bretaña durante el siglo anterior.
La mirada alternativa: Awad Khoury y “La disipación de las tinieblas” Cuando se analiza el origen de la orden, la historiografía masónica tradicional suele trazar una línea evolutiva directa desde los gremios de constructores medievales (masonería operativa) hasta los filósofos del siglo XVIII (masonería especulativa). Sin embargo, para enriquecer una tesis es indispensable contrastar las versiones oficiales con tesis disruptivas. Aquí es donde entra la figura de Awad Khoury.

Khoury, un autor y traductor libanés, conmocionó los círculos de debate histórico a mediados del siglo XX al publicar y traducir la obra titulada “La Disipación de las Tinieblas: o El Origen de la Masonería”.
La Tesis de Khoury: Lejos de ser una evolución natural de los constructores de catedrales inglesas, Khoury expone —basándose en el análisis de un supuesto manuscrito antiguo heredado por un descendiente directo llamado G. S. Lawrence— que la masonería hunde sus raíces en una antiquísima sociedad secreta llamada “La Fuerza Misteriosa”, supuestamente fundada en el año 43 d.C. por el rey Herodes Agripa y un consejero llamado Hiram Abiud con el fin original de contrarrestar el avance del cristianismo en Judea.

Según la interpretación histórica que Khoury traduce, esta organización se habría mimetizado y transformado a lo largo de los siglos, viajando a través de Europa hasta infiltrar los gremios en Inglaterra. En el contexto de 1717, la obra señala que figuras clave de la fundación masónica, como John Theophilus Desaguliers y James Anderson, no “inventaron” la institución, sino que reformularon y vistieron con ropajes modernos y filosóficos una estructura clandestina que ya operaba en las sombras de la historia europea.
Aunque la historiografía académica masónica y secular tiende a clasificar esta perspectiva dentro de las teorías de la conspiración o la literatura antimasónica de tintes religiosos, su inclusión en una investigación es vital: nos recuerda que el origen de la masonería sigue siendo un territorio de mitos en disputa, donde Oriente y Occidente cruzan espadas literarias sobre las verdaderas intenciones de sus fundadores.
Temporalidad y definición de las corrientes y ritos.
A medida que la masonería se expandía fuera de Londres, la necesidad de estructurar el drama alegórico de sus ceremonias dio origen a diferentes “Ritos” (sistemas de grados e instrucción). Es común confundirlos, pero cada uno responde a un momento histórico y a una sensibilidad humana particular.
A continuación se detalla la línea de tiempo y las definiciones de las corrientes más influyentes nacidas del tronco inglés:

Rito de York (Masonería del Arco Real).
Temporalidad: Se consolida a lo largo del siglo XVIII (alrededor de 1751 en adelante), fuertemente impulsado por la Gran Logia de los “Antiguos”, una facción rival de la Gran Logia de Londres que consideraba que los fundadores de 1717 habían “modernizado” y descuidado las viejas tradiciones místicas de la ciudad de York. El rito es un sistema eminentemente práctico, directo y con una fuerte carga mística y caballeresca. Se organiza en forma de escalera (grados capitulares, crípticos y templarios). A diferencia de otros sistemas, en sus grados más altos exige la defensa de la fe cristiana, reflejando el carácter puritano yanglicano de los masones que no querían que la orden se volviera puramente deísta o secular.
Rito de Emulación.
Temporalidad: Nace formalmente en 1813. Surge directamente del tratado de unión entre las dos grandes logias inglesas rivales (los “Modernos” y los “Antiguos”), quienes decidieron fundar la Gran Logia Unida de Inglaterra y estandarizar la forma de trabajar en las logias. El Rito de Emulación no es un rito con decenas de grados; se enfoca estrictamente en los tres primeros grados tradicionales (Aprendiz, Compañero y Maestro). Su principal característica humana es la transmisión oral estricta. No existen libros rituales oficiales autorizados en los templos durante la sesión; los oficiales deben “emular” y memorizar cada palabra, inflexión y movimiento. Es el reflejo perfecto de la disciplina y la sobriedad británica: elegante, teatral pero contenido, y profundamente solemne.

Rito Inglés (Estilo Antiguo Inglés).
Temporalidad: Desarrollado de manera difusa durante la primera mitad del siglo XVIII (1717-1750). Muchas veces se confunde con Emulación, pero el “Rito Inglés” refiere a las formas primigenias de la Masonería de la Gran Logia de los “Modernos”. Era un rito de una enorme sencillez operativa, enfocado en los valores de la Ilustración, el compañerismo en la taberna, la filantropía y la discusión moral. Carecía del barroquismo místico que los franceses le añadirían después.
Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA).
Temporalidad: Aunque se llama “Escocés”, su estructura de 33 grados se codificó y nació formalmente en Charleston, Estados Unidos, en 1801, basándose en “grados altos” creados en Francia por exiliados escoceses a lo largo del siglo XVIII (aproximadamente desde 1740). Es el rito más expandido por el mundo, especialmente en el ámbito latino. Es intelectual, filosófico, profundamente simbólico y con un fuerte matiz político y de transformación social. A través de sus 33 grados, el REAA absorbe elementos de la cábala, la alquimia, el hermetismo y la caballería medieval. Si el Rito de Emulación busca la perfección interna a través de la disciplina del grupo, el Rito Escocés busca convertir al masón en un filósofo en acción listo para salir a transformar la sociedad.

La masonería Chilena: Una matriz europea, una ejecución americana.
Aunque las patentes de origen y los nombres de los ritos nos remitan inevitablemente a Londres, París o Escocia, la masonería chilena (y latinoamericana en general) no es puramente europea en su ADN identitario.
Si analizamos cómo se construyó y qué rol jugó en el país, descubrimos que la masonería en Chile es, en realidad, un fenómeno profundamente americano, moldeado por las revoluciones de independencia, la influencia de los Estados Unidos y la lucha local por la laicidad.
Para entender de dónde proviene realmente la masonería chilena, debemos dividir su origen en tres grandes vertientes:

El cordón umbilical político: Las Logias Lautarinas (Norteamérica y Cádiz).
La primera ola masónica que llega a Chile a principios del siglo XIX no vino a filosofar sobre templos salomónicos ni a practicar una sobria etiqueta inglesa en una taberna. Vino a hacer la revolución. La conexión estadounidense y francesa: Figuras como Francisco de Miranda fundaron en Europa las llamadas “Logias de Caballeros Racionales” (u orden lautarina). Aunque usaban la estructura secreta y los juramentos de la masonería para protegerse de la corona española, su inspiración ideológica era el constitucionalismo de los Estados Unidos y el espíritu republicano de la Revolución Francesa.
Logias operativas de la Independencia: Cuando José de San Martín y Bernardo O’Higgins fundan la Logia Lautarina en Santiago (1817), el objetivo era estrictamente político y militar: coordinar el gobierno y asegurar la emancipación. No dependían de la Gran Logia de Inglaterra; eran autónomas, americanas y revolucionarias.
El origen marítimo y cosmopolita: Valparaíso y las potencias extranjeras.
La masonería simbólica tradicional (la de los tres grados de Aprendiz, Compañero y Maestro) entra formalmente a Chile por el puerto de Valparaíso a mediados del siglo XIX, y aquí es donde se ve claramente que el origen está fragmentado. Logias de inmigrantes: Las primeras logias regulares en Valparaíso no hablaban español. Eran la Loge L’Etoile du Pacifique (francesa, fundada en 1851 bajo el Gran Oriente de Francia) y la Bethesda (norteamericana, fundada en 1853 bajo la Gran Logia de Massachusetts).

El quiebre con Europa (1862): En 1862, el emperador francés Napoleón III intervino el Gran Oriente de Francia y nombró a un mariscal católico (el Mariscal Magnan) como Gran Maestro. Los masones chilenos e inmigrantes en Valparaíso consideraron esto una aberración y una pérdida de soberanía. En un acto de rebeldía puramente americano, decidieron cortar lazos con Europa y fundar la Gran Logia de Chile el 24 de mayo de 1862.
La identidad “No europea”: ¿Por qué se siente distinta?
Si miras la masonería inglesa actual, es profundamente conservadora, apolítica, ligada a la corona y a la Iglesia Anglicana. En cambio, la masonería chilena tomó un camino radicalmente distinto:
Hija de la Ilustración Francesa, no del deísmo Inglés: La masonería chilena adoptó predominantemente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Este rito, aunque de raíces europeas, se transformó en América en una herramienta de combate intelectual.
El motor del Estado Laico Chileno: En el siglo XIX y principios del XX, los masones chilenos (como Manuel Blanco Encalada, Arturo Alessandri o Pedro Aguirre Cerda) no veían la Orden como un club social de fin de semana. La usaron como laboratorio ideológico para construir las instituciones de la República: la educación pública, el Registro Civil, los cementerios laicos y las leyes de matrimonio civil. Se convirtió en una fuerza de choque contra el monopolio cultural de la Iglesia Católica, algo que en la masonería inglesa jamás ocurrió.
La Masonería inglesa de 1717 no brotó de la nada. Fue el producto de hombres cansados de la guerra, hambrientos de tolerancia en una Inglaterra dividida entre Hannoveres y Estuardos, anglicanos y disidentes. Mientras la corriente oficial nos regala un mapa de evolución filosófica y ritos ordenados (el rigor de Emulación, la caballería de York o la intelectualidad Escocesa), las visiones disruptivas como la de Awad Khoury nos obligan a recordar que los orígenes humanos de las ideas siempre están rodeados de misterio, pasiones y relatos contrapuestos. Al final, los ritos masónicos terminaron operando como diferentes idiomas para expresar la misma necesidad humana: encontrar orden dentro del caos de la existencia.
En relación a Chile, podríamos decir que la columna vertebral (los símbolos, las escuadras, los compases y los textos rituales) llegó en barcos europeos, pero los brazos y el propósito se fabricaron en Chile.
La masonería chilena proviene de la necesidad de las élites criollas de encontrar un espacio de pensamiento libre, laico y republicano que Europa no les proveía, adoptando un carácter mucho más cercano al liberalismo político norteamericano y al anticlericalismo francés que a la tradición monárquica de la masonería inglesa.
Referencias
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Khoury, Awad [Traductor] (1962). La Disipación de las Tinieblas: o El Origen de la Masonería. Buenos Aires: Ediciones Difah. (Texto crítico clave para la perspectiva alternativa solicitada).
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