LOS ESTAUTOS DE SCHAW (1598)

En Edimburgo, el vigésimo octavo día de diciembre del año de Dios 1598.

Estatutos y ordenanzas que deben observar todos los maestros masones de este reino, establecidas por William Schaw, Maestro de Obras de Su Majestad (el Rey Jacobo VI) y Vigilante General de dicho oficio, con el consentimiento de los maestros abajo firmantes.

Primeramente, observarán y guardarán por sus predecesores de memoria todas las ordenanzas precedentemente establecidas concernientes a los privilegios de su oficio, y en particular serán sinceros los unos con los otros y vivirán juntos en la caridad habiéndose convertido, por juramento, en hermanos y compañeros de oficio.

Obedecerán a sus Vigilantes, diáconos y maestros en todo lo concerniente a su oficio.

Serán honestos, fieles y diligentes en su labor, y se dirigirán con rectitud a los maestros o propietarios de las obras que emprendan, tanto si son pagados a destajo, o alojados y alimentados o pagados por semanas.

Nadie emprenderá una obra, grande o pequeña, que no sea capaz de ejecutar con competencia, bajo pena de una multa de cuarenta libras o del cuarto del valor de dicha obra, sin perjuicio de las indemnizaciones y compensaciones a pagar a los propietarios de la obra según la estimación y el juicio del Vigilante General, o en su ausencia, según la estimación de los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde dicha obra esté en construcción.

Ningún maestro tomará para sí la obra de otro maestro después de que éste lo haya convenido con el propietario de la obra, ya sea por contrato, acuerdo con arras o acuerdo verbal, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Ningún maestro retomará una obra en la cual otros maestros hayan trabajado anteriormente hasta que sus predecesores hayan recibido el salario del trabajo cumplido, bajo pena de la misma multa.

En cada una de las logias en que se distribuyen los masones se escogerá y elegirá cada año un vigilante que estará a cargo de la misma, ello por sufragio de los maestros de dichas logias y con el consentimiento de su Vigilante General si se halla presente. Si no es así, se le informará de que un vigilante ha sido elegido por un año, a fin de que pueda enviar sus directrices al vigilante elegido.

Ningún maestro tomará más de tres aprendices a lo largo de su vida si no es con el consentimiento especial de todos los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde vive el aprendiz que él quiere tomar de más

Ningún maestro tomará ni se atribuirá un aprendiz por menos de siete años, y tampoco será permitido hacer de este aprendiz un hermano y compañero del oficio hasta que haya ejercido otros siete años tras el fin de su aprendizaje salvo dispensa especial concedida por los vigilantes, diáconos y maestros reunidos para juzgarlo, y que se haya probado suficientemente el valor, cualificación y habilidad de aquél que desea ser hecho compañero del oficio; ello, bajo pena de una multa de cuarenta libras a percibir de aquél que haya sido hecho compañero del oficio contrariamente a esta ordenanza, sin perjuicio de las penas que se le puedan aplicar por la logia a la cual pertenezca.

No se permitirá a ningún maestro vender su aprendiz a otro maestro, ni liberarse por dinero con respecto al aprendiz de los años de aprendizaje que aquél le debe, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Ningún maestro recibirá aprendices sin informar al vigilante de la logia a la cual pertenece, a fin de que el nombre de dicho aprendiz y el día de su recepción puedan ser debidamente registrados.

Ningún aprendiz será entrado sin que sea respetada la misma regla, a saber, que su entrada sea registrada.

Ningún maestro o compañero del oficio será recibido o admitido si no es en presencia de seis maestros y de dos aprendices entrados, siendo el vigilante de la logia uno de los seis; el día de la recepción, dicho compañero del oficio o maestro será debidamente registrado y su nombre y marca serán inscritos en el libro juntamente con los nombres de los seis que lo han admitido y los de los aprendices entrados; igualmente, se inscribirá el nombre de los instructores que se deban elegir para cada recipiendario. Todo ello, con la condición de que ningún hombre será admitido sin que se le haya examinado y se haya probado suficientemente su habilidad y valor en el oficio al que se consagra.

Ningún maestro trabajará en una obra de masonería bajo la autoridad o dirección de otro hombre de oficio que haya tomado a su cargo una obra de masonería.

Ningún maestro o compañero de oficio acogerá un cowan * para trabajar con él, ni enviará a ninguno de sus ayudantes a trabajar con los cowan, bajo pena de una multa de veinte libras cada vez que alguien contravenga esta regla.

No se permitirá a un aprendiz entrado emprender una tarea u obra para un propietario por un valor superior a diez libras, bajo pena de la misma multa precedente, a saber, veinte libras; y después de haber ejecutado esta tarea, no empezará otra sin el permiso de los maestros o del vigilante del lugar.

Si estalla alguna disputa, querella o disensión entre los maestros, los ayudantes o los aprendices entrados, que las partes en presencia comuniquen la causa de su querella a los vigilantes y a los diáconos de su logia en un plazo de veinticuatro horas, bajo pena de una multa de diez libras, a fin de que puedan reconciliarse y ponerse de acuerdo y de que su diferendo pueda ser allanado por dichos vigilantes, diáconos y maestros; y si sucede que una de las partes se empeña y se obstina, serán excluidos de los privilegios de su logia respectiva y no les será permitido volver a trabajar en ella hasta que reconozcan su error ante los vigilantes, diáconos o maestros como se ha dicho.

Todos los maestros emprendedores de obras velarán para que los andamiajes y las pasarelas estén sólidamente instalados y dispuestos, a fin de que ninguna persona empleada en dichas obras se lastime como consecuencia de su negligencia o su incuria, bajo pena de ser privados del derecho de trabajar como maestros responsables de obra y de ser condenados por el resto de sus días a trabajar bajo las órdenes de otro maestro principal que tenga obras a su cargo.

Ningún maestro acogerá ni empleará al aprendiz o al ayudante que haya escapado del servicio de otro maestro; en el caso que lo haya acogido por ignorancia, no lo conservará con él cuando sea informado de la situación, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Todas las personas pertenecientes al oficio de masón se reunirán en un tiempo y en un lugar debidamente anunciado, bajo pena de una multa de diez libras (en caso de ausencia).

Todos los maestros que hayan sido convocados a una asamblea o reunión prestarán el juramento solemne de no ocultar ni disimular las faltas o infracciones que hayan podido cometer los unos respecto a los otros, así como las faltas o infracciones que tales hombres (de oficio) tengan conocimiento de haber podido cometer hacia los propietarios de las obras que tienen a su cargo; ello, bajo pena de una multa de diez libras a pagar por aquéllos que hayan disimulado tales faltas.

Se ordena que todas las multas previstas anteriormente sean aplicadas sobre los delincuentes y contraventores de las ordenanzas por los vigilantes, diáconos y maestros de las logias a las cuales pertenezcan los culpables, y que el producto sea distribuido “ad píos usus” según la conciencia y parecer de dichas personas. Y con el fin que estas ordenanzas sean ejecutadas y observadas tal como han estado establecidas, todos los maestros reunidos en el día indicado precedentemente se comprometen y obligan a obedecerlas fielmente. Es por ello que el Vigilante General les ha requerido firmar el presente manuscrito de su propia mano, a fin de que una copia auténtica sea enviada a cada logia particular de este reino.

William Schaw, Maestro de Obras

 

(Publicado por Philippe Langlet: Textes fondateurs de la frac-maçonnnerie – París 2006.)
(Traducción: Mireia Valls.)

Nota *
La palabra cowan, seguramente de origen escocés, designaba antiguamente a los albañiles que no estaban iniciados en el arte masónico ni conocían los secretos del oficio. Según los textos eran aquellos que no estaban cualificados para recibir la palabra del masón, aquellos que “construían muros con piedras no desbastadas y sin cal”

Las Logias Masónicas en la memoria histórica

Hace un buen tiempo me he preguntando del por qué no tenemos una mayor visibilidad de las logias masónicas en Cuba.

La conmemoración de un aniversario del nacimiento del General Antonio Maceo constituyó motivo para que la Logia: “Los Maceo Nº 24”, de Guantánamo, me invitara a impartir una conferencia acerca de la familia Maceo-Grajales. Fue al intentar  obtener una nueva lectura sobre esta familia paradigmática cuando se me puso de relieve la trascendencia de la masonería en la historia de Cuba.

 

Mucho se ha escrito y hablado sobre el papel del Partido Revolucionario Cubano en la forja de la Revolución del 95, pero casi se desconoce el rol desempeñado por las logias como fragua de la Guerra Grande y que estas fueron hervidero ideológico donde se formaron hombres que con sus ideas, su accionar y con su vida construyeron el altar más alto y sagrado de la patria cubana.

 

Las grandes causas son hijas de las grandes ideas y para que estas alcancen el triunfo requieren ser accionadas, impulsadas,  por un resorte capaz de penetrar los pensamientos más nobles en aras de los objetivos más revolucionarios. Este resorte que constituyeron las logias masónicas en Cuba se ha estado moviendo a todo lo largo de nuestra historia, casi en silencio, sin mayores resonancias y diría que casi sin reconocimiento.

 

Cuando en el título de este trabajo rubrico que las dos figuras más relevantes de la historia de Cuba eran masones en realidad debí decir las tres, porque el tercero, no por no haber nacido en nuestra isla ha dejado de ser cubano. Él, como el Che se ganó su ciudadanía con las armas en las manos.

 

Justamente leyendo sobre la vida del generalísimo Máximo Gómez confirmo la trascendencia de la institución referida. Como las simientes en su labranza, germina la conjura contra España, se extiende y consolida a la sombra de la masonería, cuyas puertas abre a este dominicano que personifica la probidad y la entereza.

 

Nucleados en pequeños grupos diseminados en Santiago de Cuba, Manzanillo, Camagüey, Las Villas y otras demarcaciones se congregaron en las logias masónicas, a las que identifican con el radicalismo político, no justamente porque promuevan conspiraciones, sino debido a que su doctrina las hace incompatibles con los regímenes coloniales.

 

Como individuos convencidos de sus ideales, los masones sienten el deber de luchar por el mejoramiento humano, social y nacional.  Es el pensamiento forjado en el interior de la isla y de la diáspora cubana, es lo que también habría de incidir en la transmutación sufrida por Gómez, cuyo nombre aparece en la membresía de la Logia de Jiguaní. Está incluido en un listado de las principales figuras independentistas que con el aval de pruebas documentales o testimonios fehacientes demuestran su filiación a la masonería: Carlos Manuel de Céspedes, Bartolomé Masó, Manuel de Jesús Calvar, Francisco Javier  de Céspedes y Tomás Estrada Palma, en Manzanillo. Francisco Vicente Aguilera, Pedro Figueredo y Francisco Maceo Osorio, en Bayamo. Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcava, en Las Tunas. Donato Mármol y Máximo Gómez, en Jiguaní.  Ignacio Agramonte, Salvador Cisneros Betancourt, Bernabé y Enrique José Varona, de Camagüey, entre otros que alcanzan relieve nacional”. (1)

 

Estos “hombres del 68” como los llamara Máximo Gómez  pertenecieron al cuerpo masónico integrado por más de veinte logias conocido como Gran Oriente de Cuba y las Antillas GOCA creado por el médico cubano Vicente Antonio de Castro y Bermúdez.

 

El historiador imprescindible, Eduardo Torres-Cuevas señala: “para muchos historiadores, y otros que no lo son, estas logias masónicas fueron un simple instrumento para conspirar contra España. No obstante, la lectura de las liturgias de esta institución permite comprender que su papel resulto aún mucho más importante. Fue el trasmisor desde 1862, de un proyecto democrático, laico, republicano e independentista que encauzó, unió y permitió  darle dimensión a las preocupaciones de la juventud de su época. Fue un río subterráneo que corrió, aparentemente invisible, cuando navegaba en la superficie social del reformismo político. En su curso perforó las bases  ideológicas  que determinarían el desarrollo de la vía revolucionaria independentista y trasformadora”. (2)

En ese río de aguas independentistas y trasformadoras no podía dejar de navegar un joven santiaguero nombrado Antonio Maceo y Grajales, así como tampoco su hermano José. Se afirma que ya a la edad de 18 años, su padrino José Asencio de Asensio le explica las características de la masonería y lo presenta en la nueva institución, ingresando en ella en el año 1864.

 

Allí fue donde encontraron su formación ideológica, una ideología que implicaba no solo la independencia, sino la República que se construiría posteriormente, de ahí aquel pensamiento de Maceo haciendo referencia a lo que vendría después y el concepto de justicia e igualdad.

 

Al decir de Eduardo Torres Cueva, la liturgia del GOCA, eran esencialmente sociopolíticas y no solo filantrópico-fraternales. Su objetivo fundamental radicaba, según su propia definición, en unir y formar hombres capaces de dar respuestas a los grandes problemas sociales y espirituales del país; hombres capaces de pensar y sentir desde lo humano y por lo humano. Su lema era: ciencia, conciencia, virtud.

 

Aida Rodríguez Sarabia a quien cita Torres Cueva en su libro al referirse a la militancia del joven Maceo señala: “Se inicia en la logia, ¡cuántas ideas poblaron su mente! ¡Cuántas emociones desconocidas  lo electrizaban! Allí, en aquel templo masónico, se pintaba al desnudo la verdad  doliente de Cuba (…) al día siguiente en las horas de descanso, entre faena y faena, a sus padres, a sus hermanos, a sus familiares, a sus  partidarios, a los mozos de labranza, a todos les hacía saber a través de su emoción y de su capacidad el valor que había dado a cada predica oída la  noche anterior. Explicaba cómo era posible la libertad y cómo había que saber unirse para triunfar. Antonio traía en cada mensaje de la logia un nuevo motivo que hacia crecer aceleradamente un sentido inmenso e irreductible de libertad. Debe tenerse en cuenta que Antonio discutía con su  hermanos y sus padres estas ideas”.

 

No resultaría ocioso atribuir la afición de Antonio Maceo por la lectura a la influencia recibida en la logia donde militaba. Su inclinación por los libros de historias y de novelas como las de Alejandro Dumas, Los Miserables de Víctor Hugo, las biografías  como la de Bolívar o de Toussaint Louverture así lo confirman.

 

Lo mismo podría señalarse por sus hábitos de pulcritud, y caballerosidad entre otros. Su firma estaba integrada por los tres puntos de triangulo masónico del Gran Oriente de Cuba y las Antillas.

¿Y qué decir de Martí? ¿Cuánto se ha dicho de la doctrina del apóstol? ¿Podría un joven de su temperamento y tempranas inquietudes permanecer ajeno a semejante reservorio de ideas y virtudes? Por esas coincidencias de la historia se afirma que él, al igual que el joven Antonio, fue iniciado en la masonería a los 18 años de edad, que también como al Titán, hubo de presentarlo su más cercano mentor, en este caso el maestro  José María de Mendive.

 

Hay que apuntar que en la primera década del siglo XIX, etapa convulsa y decisoria en la formación de la nación cubana, cuando el racismo se enseñorea en el régimen colonial y esclavista de la sociedad habanera ya la masonería hace sentir sus ecos revolucionarios. “El 16 de octubre de 1810, aparecen los documentos de la causa formada, por intento de sublevación y francmasonería, contra Román de la Luz, Joaquín Infante y Luis Francisco Bassave.

 

En ese contexto, se gesta la conspiración de mayor alcance nacional que involucró a miles de negros y mulatos, que estalló el 15 de marzo de 1812 en que, de acuerdo con lo expuesto por José Luciano Franco,  […]  dictó la primera declaración de independencia de Cuba y mandó a  clavarla en la puerta del palacio del capitán general”. (3)

 

¿Merece o no honrar a la organización sociopolítica de mayor duración en la historia de Cuba?

 

Por: Heriberto Feraudy Espino

(Aporte del IPH:. Jorge Domínguez 33º – Camagüey)

 

 

Notas:

(1) Minerva Isa y Eunice Lluberes: Máximo Gómez HIJO DEL DESTINO. Santo Domingo, República Dominicana, 2009.

(2) Eduardo Torres-Cuevas: Las ideas que sostienen el arma, La Habana, 2012.

(3) “Esa fue la conspiración de José Antonio Aponte”. Boletín del Archivo Nacional, 2012.

 

MASONERIA

Es una sociedad internacional secreta —o semisecreta—, elitista y selectiva cuyos miembros, agrupados en logias, profesan la libertad, la igualdad, la fraternidad y la ayuda mutua, practican ritos esotéricos y se reconocen entre sí mediante signos y emblemas.

A sus miembros les es permitido revelar su condición pero no la de sus compañeros.
El origen de la masonería, llamada también francmasonería, está en los gremios de albañiles de la Edad Media que construyeron las grandes catedrales góticas de Europa. Por eso su nombre se deriva del francés maçon, que quiere decir “albañil”; sus emblemas son el compás, la escuadra y el mandil; y sus grados jerárquicos se denominan aprendiz, oficial y maestro.

En las logias, que eran los lugares donde se reunían y pernoctaban estos albañiles trashumantes convocados para construir catedrales, abadías, castillos y palacios, se realizaban dilatadas tertulias por las noches en las que ellos hablaban de sus secretos de profesión, cultivaban amistades y generaban solidaridades y compañerismos durante los largos años que duraban las obras.

Estos obreros de la construcción se organizaron sigilosamente y guardaron con celo los secretos de su profesión. Con el tiempo devinieron en grupos cerrados a los que sólo se podía ingresar después de que los aspirantes rendían pruebas y daban seguridades de no divulgar los conocimientos y las técnicas de la construcción que aprenderían dentro. Se establecieron entonces peculiares ceremonias de ingreso, con ritos y juramentos, en las que se entregaban a los aspirantes sus herramientas básicas de trabajo: el compás, la escuadra y el mandil. Sus miembros se convirtieron así en verdaderos iniciados. Y estos gremios pronto tomaron gran importancia puesto que sus servicios eran requeridos en muchos lugares. Lo cual les puso en contacto con varias civilizaciones y enriqueció el acervo de sus conocimientos. Llegaron a tener incluso una apreciable cultura filosófica. Dirigidos por un gran maestre y divididos sus miembros en magistri y discipuli, recibían en el seno de las loggias —que así se llamaban los lugares donde se reunían— conocimientos que iban más allá de las técnicas de la construcción.

Estos gremios, en el curso de la edificación de las iglesias, entraron con frecuencia en discordias con sus patronos, los miembros de la jerarquía eclesiástica, en razón de sus relaciones de trabajo. Lo cual dio lugar a una marcada enemistad entre la Iglesia Católica y estas organizaciones secretas de albañiles y constructores, que más tarde originaron las logias francmasónicas, enemistad que nació como una pugna obrero-patronal y que después se atizó por la contraposición de intereses políticos y económicos entre ellos: la Iglesia consagrada a la defensa de los déspotas y poderosos y la masonería comprometida con la ideología liberal y laica de su tiempo y alineada en los movimientos libertarios.

Los masones, sin embargo, fundándose en dos viejos manuscritos (el manuscrito de Cooke de 1388 y el poema Regius de 1400) que están en los museos londinenses, suelen fijar los remotos orígenes de su organización en las antiguas “sociedades iniciáticas” de Egipto, Asiria, Caldea y otros pueblos orientales de la Antigüedad, que en ese tiempo —treinta siglos antes de nuestra era—, cuando aún no se había inventado la escritura ni existían universidades, eran las depositarias de la sabiduría, la ciencia y las enseñanzas de la comunidad. Sus conocimientos y sus concepciones humanistas, reglas morales y sentimientos de fraternidad y solidaridad llegaron a Grecia y a Occidente por medio de las conquistas de Alejandro Magno sobre los pueblos de Asia y África y fueron adoptados por los gremios medievales de albañiles y constructores.
Las primeras grandes logias se formaron en Inglaterra en 1717, en Francia en 1725 y en España e Italia en 1728. La condenación oficial de la Iglesia a la masonería se produjo en el año 1738.
Los masones jugaron un papel de enorme importancia en la revolución francesa, en la revolución norteamericana, en la guerra de la independencia española, en el movimiento emancipador de las colonias hispanoamericanas y en otras acciones de subversión contra el orden monárquico. Masones fueron Washington, Bolívar, San Martín, Miranda, Alfaro, Martí y otros grandes luchadores por la causa de la emancipación americana.

En los siglos XVIII y XIX pertenecer a este tipo de sociedades contestatarias secretas, enfrentadas al establishment de su tiempo, era signo de progresismo. Ser masón era un alto honor. Las logias masónicas jugaron un papel importante en los procesos revolucionarios europeos y americanos. Ellas mentalizaron la revolución de la independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica y la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII, así como los movimientos independentistas de Hispanoamérica a comienzos del siglo XIX. Hay indicios de que Montesquieu, Rousseau, Mirabeau, Dantón, Marat, Condorcet, Desmoulins, Herbert, Saint-Just y Lafayette eran masones o, al menos, mantenían importantes vínculos con la masonería. El lema revolucionario francés: Libertad, Igualdad y Fraternidad fue masón. Fueron también masones o mantuvieron estrechas relaciones con la masonería los principales inspiradores y líderes de la emancipación de las colonias españolas en América: Andrés Bello, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre, José Joaquín Olmedo, José Hipólito Unanue y otros.

Cincuenta de los cincuenta y seis firmantes de la Declaración de Independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica en 1776 fueron masones, veinte generales de los ejércitos de George Washington lo fueron también, cincuenta de los cincuenta y cinco integrantes del congreso constituyente de los Estados Unidos pertenecieron a logias masónicas y fueron masones diez y seis de los presidentes norteamericanos en diferentes épocas: George Washington (1788-1797), Thomas Jefferson (1801-1809), James Monroe (1817-1824), Andrew Jackson (1829-1836), James Knox Polk (1845-1849), Andrew Johnson (1865-1868), James Garfield (1881), William McKinley (1897-1901), Theodore Roosevelt (1901-1909), William Howard Taft (1909-1913), Warren G. Harding (1921-1923), Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), Harry S. Truman (1945-1953), Lyndon B. Johnson (1963-1969), Gerald Ford (1974-1977 y George Bush (padre) (1989-1993).
Fue masón Marie-Joseph Paul du Motier, marqués de Lafayette (1757-1834), quien en un noble gesto de solidaridad masónica encabezó una legión de voluntarios franceses que se embarcó rumbo a Norteamérica para pelear al lado del George Washington en las batallas por la independencia de las trece colonias inglesas. Después que hubo alcanzado su propósito, Lafayette retornó a su país en 1782, con el grado de mariscal de campo, para participar en la Revolución Francesa, al lado de muchos otros masones.

El diseño arquitectónico de la En diversas épocas, mediante centenares de documentos y con los términos más encendidos, la Iglesia Católica ha condenado a la masonería y a los masones. Lo hicieron los papas Clemente XII en 1738, Benedicto XIV en 1751, Pío VII en 1821, León XII en 1825, Pío VIII en 1829, Gregorio XVI en 1832, Pío IX en 1846, 1849, 1864, 1865, 1869 y 1873; León XII en 1825; León XIII en 1881, 1882, 1884, 1890, 1894 y 1902.

La literatura pontificia no ahorró calificativos contra la masonería y los masones. El papa Clemente XII condenó la masonería por medio de la bula In Emminenti, que prohibía a los católicos, bajo pena de excomunión, ingresar a sus filas. En este documento el pontífice condenó el secretismo de los masones puesto que “si no hiciesen nada malo no odiarían tanto la luz”. Pío VIII, en su encíclica “Tradite”, dijo de ella que era una “secta satánica que tiene por única ley la mentira, por dios al demonio y por culto y religión, lo que hay de más vergonzoso y depravado sobre la faz de la Tierra”. Y Gregorio XVI, en su encíclica “Mirari Vos”, afirmó: “Todo lo que ha habido en las sectas y herejías más criminales de sacrílego, vergonzoso y blasfemo, ha pasado a las sectas secretas y, por ende, a la francmasonería”.

Bajo el gobierno teocrático de Francisco Franco, de signo católico, la masonería estuvo prohibida en España y sus miembros perseguidos. No obstante lo cual los más importantes líderes republicanos —Alcalá Zamora, Negrín, Castelar, Azaña, Lerroux— fueron masones convencidos. Cosa parecida ocurrió en Hispanoamérica durante la época colonial y aun después en la era republicana.
Pero también los masones han sido duros contra la Iglesia de Roma. El masón H. Petrucelli de la Gatina afirmó que la política de la masonería “debe ser la guerra contra el Catolicismo sobre toda la superficie del globo”. El Soberano Gran Comendador del Rito Escocés en Bélgica expresó: “Tenemos un cadáver en el mundo, de cuerpo presente. Este cadáver es el Catolicismo. Tal es el cadáver que hay que echar a la fosa” cuanto antes.
A fines del siglo XIX, Globet D’Aviella, Gran Maestro Nacional de Bélgica, manifestó que la masonería debe emprender “la guerra, y guerra a muerte, contra la Iglesia”. “La batalla empeñada entre el Catolicismo y la Masonería —dijo, por su parte, H. G. Desmons, miembro del Supremo Consejo Masón de Francia— es batalla a muerte, sin tregua ni cuartel”.

En épocas recientes el Vaticano emitió nuevas declaraciones de repudio contra la masonería. En abril de 1949 declaró el Santo Oficio que “se confirman las normas del Código de Derecho Canónico (de 1917) contra la secta masónica y sus fautores”. Han sido numerosas las expresiones de condena emitidas por los dicasterios de la Curia Romana y por las conferencias episcopales después del Sin embargo, hay sospechas de que la masonería ha penetrado en el Vaticano en diferentes épocas y hubo altos prelados que presumiblemente pertenecieron secretamente a sus filas, tales como el cardenal Jean Villot, secretario de Estado bajo los pontificados de Pablo VI y de Juan Pablo II; el cardenal Agostino Casaroli, ministro de asuntos exteriores; el cardenal Ugo Poletti, vicario de Roma; el obispo Paul Marcinkus y monseñor Donato de Bonis, dirigentes del Banco Vaticano; y varios otros. En tiempos de Juan Pablo II los tres capos que manejaban las finanzas del Vaticano —Lucio Gelli, Roberto Calvi y Michele Sindona— eran importantes dirigentes de la logia masónica P-2, involucrada en toda clase de crímenes.

También el En la actualidad la masonería acusa una clara decadencia. Muchos hablan incluso de una crisis por haber periclitado los principios que la sustentaban. En realidad, sus grandes principios de libertad, fraternidad, igualdad, justicia y verdad, que componen el tradicional quinium, así como la tolerancia a las opiniones ajenas, el libre examen y la solidaridad, que completan su planteamiento ideológico, no han perdido vigencia, pero las nuevas circunstancias en las que ella se mueve le han quitado el brillo contestatario que en los románticos tiempos de la lucha por la libertad atrajo a tanta gente calificada.

Se calcula que actualmente existen en el mundo 28.000 logias masónicas, que componen alrededor de un centenar de grandes logias.
Por sus añejas tradiciones los masones siguen cultivando sus viejos valores: la libertad, la igualdad, la racionalidad, la templanza, la honestidad, la austeridad, la solidaridad, la fraternidad y la tolerancia. Y siguen combatiendo la irracionalidad simple, el dogmatismo, la ignorancia, el fanatismo, la superstición. Creen en el Gran Arquitecto creador y ordenador del mundo, pero esta es una creencia que tiene un sentido muy amplio. Los masones no poseen una doctrina unívoca ni vinculante acerca de dios. Y pueden pertenecer a cualquier confesión religiosa siempre que lo hagan con sobriedad, sin estridencias y con tolerancia para las convicciones de los demás.

El masón es un Priman tres grandes corrientes masónicas en el mundo. Una es la anglosajona, que practica el Rito Americano o Rito de York, denominado así porque la ciudad inglesa de York fue el primer lugar que tuvo la Gran Logia de Inglaterra. Para entrar a esta corriente masónica es menester ser varón y creer en dios, en su voluntad revelada y en la inmortalidad del alma. La Biblia —a la que denomina Libro de la Ley Sagrada— está siempre presente en sus trabajos y actividades. Sus miembros dan mucha importancia a la filantropía, realizan obras de solidaridad social y mantienen escuelas y hospitales.

La segunda corriente es la de las logias que pertenecen al Rito Escocés Antiguo y Aceptado, creado a principios del siglo XIX, que recoge toda la tradición de los “antiguos misterios” y de las tendencias esotéricas ancestrales. Se admiten en ella a los varones que profesan cualquier religión o idea filosófica pero a condición de que acepten un “principio superior”, regulador absoluto e infinito, que es la “primera causa de todo cuanto existe”, al que la razón humana debe acercarse para comprenderlo. Los seguidores de ella denominan Gran Arquitecto del Universo a ese ente superior. Tiene 33 grados jerárquicos: tres simbólicos (aprendiz, compañero y maestro), quince capitulares, doce filosóficos o concejiles y tres sublimes. El grado 33, que es el más alto de la orden en donde se practica este rito, es el titulado “Soberano Gran Inspector General”.

Y la tercera corriente es la del Gran Oriente de Francia, cuyas logias practican mayoritariamente el Rito Francés, compatible con el racionalismo, la ciencia y el progreso. Sus miembros —librepensadores, agnósticos o ateos, en su mayoría— rechazan todo lo que limite su absoluta libertad de conciencia y se niegan a aceptar la figura del Gran Arquitecto del Universo con carácter deísta, que algunos de ellos solamente la admiten como mero símbolo alejado de toda connotación religiosa.

En su ensayo “La Francmasonería” (1997), el masón chileno Antonio Vergara Lira —Gran Canciller de la orden ecuatoriana y miembro de honor de logias y grandes logias de muchos países— dice que “en esta tendencia hay logias de hombres, mixtas y de mujeres” y en todas ellas “la Biblia, en muchos de sus Talleres, no es parte del simbolismo”. Esta tendencia sostiene la filosofía laica, suprime la invocación religiosa del Gran Arquitecto del Universo y afirma que la verdad debe ser científicamente demostrable y demostrada.

Hay quienes reconocen una cuarta corriente: la del Rito Primitivo, “reconstituido en América Latina en el siglo XX, en un proceso iniciado entre las dos guerras mundiales, sobre la base de los trabajos y archivos históricos de Silvestre Savintsky, uno de los últimos miembros de la Academia Francmasónica para Bielorrusia y Ucrania, así como del apoyo inicial y documentación proporcionada por la Academia Francmasónica Francesa”, según afirma Guillermo Fuchslocher en su trabajo “Aproximación a la Francmasonería Primitiva” (2010). Su tradición se remonta a la Florencia de finales del siglo XV y sus luchas laicas y republicanas contra el papado. Esta corriente masónica—escribe Fuchslocher— “se desarrolló secretamente y fue la que agrupó a masones progresistas y revolucionarios de distintas épocas y lugares diversos, como los liderados por Cromwell en Inglaterra; los enciclopedistas en Francia, de donde surgieron los ideales de la Revolución Francesa; los liderados por Jefferson en Estados Unidos; Miranda y las logias Lautarinas en Sudamérica; Juárez y el Rito Nacional Mexicano en México”. Para poder ingresar a este grupo masónico debe acreditarse un irreprochable comportamiento ético, destacada trayectoria en la vida social, convicción laica y anti dogmática y una actitud comprometida con los intereses mayoritarios de la sociedad.

El centro de gravedad de las diferencias entre las principales tendencias está en los distintos y hasta antagónicos puntos de vista en torno al ser supremo. Afirma Antonio Vergara que el Gran Arquitecto del Universo “no es ni más ni menos que un símbolo, por el que muchos ritos y logias que lo admiten, incitan a los hermanos a preocuparse del formidable problema de la existencia o inexistencia de un Dios, problema que nadie, sobre la base de la razón, y menos de la ciencia, puede resolver. En este símbolo, nuestros hermanos que profesan creencias religiosas podrán identificar alguno de los dioses de su particular fe y aquellos no creyentes verán en él la actividad material, algún principio físico o la causa primera que ha dado origen al mundo”. Pero a pesar de estas profundas diferencias filosóficas, religiosas y rituales las logias de las tres corrientes masónicas conviven armoniosamente.

En los tiempos modernos ha surgido un estamento masónico integrado por políticos de renombre mundial y por magnates de la banca, las finanzas, megaempresas y medios de comunicación de alcance planetario, que resulta desconcertante a la luz de los principios clásicos de la masonería. Algunos de los “sumo sacerdotes del capitalismo” han sido o son masones —como los hermanos John y David Rockefeller o el poderoso banquero J. Pierpont Morgan— lo mismo que miembros de la realeza europea y personalidades políticas relevantes de los Estados Unidos, como Franklin D. Roosevelt, Harry S. Truman, Lyndon B. Johnson, Henry Kissinger, Gerald R. Ford, Bill Clinton, Al Gore, George Bush sénior, James Baker, John Kerry y otros de menor nivel. Lo cual no deja de ser sorprendente.

Que los revolucionarios franceses y Washington, Jefferson, Franklin, Bolívar, San Martín, Martí, Miranda, Alfaro, Villa, Zapata, Lenin y Salvador Allende fueran masones no sorprende, porque la masonería se comprometió históricamente con las iniciativas revolucionarias y con las luchas por la independencia nacional. Los masones siempre estuvieron alineados en las fuerzas revolucionarias e independentistas. Ese fue el origen del odio que despertaron en las jerarquías católicas y en las monarquías. Pero que lo fueran los artífices del capitalismo, que han consagrado sus horas y energías a profundizar su sistema de aberraciones e injusticias y a resistir todo cambio en la organización social, resulta no sólo asombroso sino también antimasónico. Estos personajes son los que han creado o impulsado una serie de organismos transnacionales, formalmente privados, con el inconfesado propósito de influir en el gobierno mundial y organizar las cosas económicas globales de acuerdo con los intereses de las grandes corporaciones. Ellos fundaron el Council of Foreign Relations, el Club Bilderberg, la Comisión Trilateral, la Skull & Bones, la Round Table y otras organizaciones secretas o semisecretas de muy alto nivel que ejercen una gran influencia en el diseño del orden político y económico mundial.

FUENTE:
Enciclopedia de la Política
Rodrigo Borja Cevallos

Inicio


Fondo de Cultura Económica – México 2013
(Nueva versión, corregida y aumentada. 9.000 páginas)

ORGANIZACIONES MASÓNICAS INTERNACIONALES

Recientemente la Confederación Masónica Interamericana (CMI), cumplió 71 años de actividades, es una organización filosófica que agrupa a las Grandes Potencias Masónicas, admitidas como miembros y que se encuentran distribuidas en 24 países de América Latina, el Caribe y Europa.

Esta Confederación, cuyos actuales directivos principales, Rafael Aragón Guevara y Rudy Barbosa Levy, han promovido por  la construcción de un modelo institucional innovador mediante la integración de la Masonería Iberoamericana y, por extensión, de la Masonería Universal, sobre la base de tres pilares estrechamente vinculados: Libertad, Igualdad y Fraternidad del género humano. 

En su manifestación de propósitos la CMI declara: “promover un modelo institucional innovador mediante la integración de la Masonería Iberoamericana y, por extensión, de la Masonería Universal, con el objeto de desarrollar todo el potencial existente en una organización que cuenta con más de 350.000 miembros quienes, a través del intercambio de ideas, actividades, principios, inquietudes y experiencias, es decir, su forma del ver y entender el mundo, buscan enriquecer el pensamiento de la humanidad y de sus culturas”.

“Entendiendo las profundas transformaciones que se están dando en el mundo, con procesos que están cambiando la forma de relacionamiento, superando barreras culturales y geográficas, cambios que desconocen todos los paradigmas y construyen nuevas formas para entender las crecientes necesidades sociales y visiones humanas; en este entorno, es imperativo adecuar las herramientas de trabajo de las Grandes Potencias Confederadas a las nuevas tecnologías de la información, acomodando sus procesos operativos a los sistemas vigentes e incentivando la participación de todos sus miembros, en un ambiente de colaboración, para lograr resultados tangibles en beneficio del masón, de su familia y de la sociedad de la que es parte”.

Los editores de francmason.com, por su parte, destacan el trabajo del Congreso Mundial Virtual de Masonería, proyecto inédito de la CMI, iniciado el 21 de junio de 2016, actividad en que se trata de buscar respuestas a preguntas, análisis de documentos, hechos históricos y otros, sobre materias de la Orden internacional, acorde a la tecnología moderna.

EL EDICTO DE WORMS – UNA FECHA PARA RECORDAR

Los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y miembros de la Iglesia Católica, en contra de menores de edad, en diversos países, que se encuentran en plena investigación judicial y eclesiástica, tienen enduda a la ciudadanía si efectivamente habrá castigo para estos degenerados; si de verdad creen en Dios; que el celibato, que dicen deben cumplir los sacerdotes, es una situación antinatural; y otros temas, que en los tiempos modernos, cuestionan a esta iglesia  en el mundo entero.

Esto nos hace recordar el Edicto de Worms, que fue proclamado en 1521 por el emperador del Sacro Imperio Romano GermánicoCarlos V, y el cardenal Girolamo Aleandronuncio papal, contra Martín Lutero, en el cual se le declaraba como: “prófugo, hereje, proscrito, fuera de la ley y se autorizaba a cualquier persona a matarlo, sin temer sanción alguna”.

De todos es conocido que Martín Lutero (1483 – 1546), teólogo alemán, creó la reforma protestante para contrarrestar las ideas y creencias de la iglesia católica de la época. Luchó por combatir las corrupciones de la iglesia y fue impulsado en todo momento por sus creencias en un Dios misericordioso.

 

Aporte:

Martín Moreno – México

MOZART

El 27 de enero de 1756 nace en Salzburgo, Austria, Wolfgang Amadeus Mozart, de quién tanto se ha escrito, siendo estas breves pinceladas síntesis de autorizados antecedentes, entre las más de trece mil obras, libros, monografías y trabajos de investigación que se han escrito sobre la materia.

El 5 de diciembre de 1791, entre dolores inaguantables y sus dedos deformes, con sólo 35 años, muere Mozart… y comienzan las malvadas leyendas, generalmente conocidas, como la que dice que: “a comienzos de 1792, su esposa Constanza busca en el cementerio de San Marcos la tumba de su esposo, el sepulturero haciendo memoria comentó: debe ser aquel muerto que llegó cuando llovía a cántaros, alguien dijo que había sido un músico muy bueno… sí, tiene que ser él, que llegó completamente solo, solo no, un perro vagabundo llegó hasta el lugar del entierro, se quedó un rato parado y luego se marchó”.

Insolentes mayores afirman que Mozart fue envenenado por el músico Salieri. Y se invirtieron grandes capitales en la película “Amadeus”, que la sociedad de consumo y la estupidez humana obligó a plagarla de mentiras para hacerla “taquillera”. Los habitantes de Legnano, tierra natal de Salieri, iniciaron una demanda por calumnias en contra de los productores de la película.

Regresando a la realidad, en la página 364 del tomo I de la obra “Los Grandes Compositores”, edición Salvat, publicación aceptada como seria, dice:

“… También en torno al funeral y al entierro se ha tejido una leyenda que es totalmente falsa, el cadáver no fue conducido “desamparado de todos y sólo acompañado de un perro”, a los funerales asistieron muchos músicos y amigos, hasta la puerta de la ciudad, según la costumbre y conforme a esta misma costumbre tampoco asistió su esposa Constanza. La tarde del 6 de diciembre de 1791 fue apacible y soleada en Viena. No fue enterrado en una fosa común, pero no teniendo una sepultura propia, previamente adquirida, el sepulturero no recordó, luego, el lugar exacto del entierro”.

De conformidad con los estudios científicos realizados se ha determinado que la muerte de nuestro querido hermano Mozart se produjo por causas naturales y se ha descartado que haya sido asesinado.

Mozart y la masonería.

Las primeras noticias biográficas sobre Mozart las debemos a George Nicolaus Nissen, quien en 1878 publicó una vida del compositor. Nissen se casó en segundas nupcias con la viuda Constanza, recopiló toda la nutrida correspondencia de Mozart, pero no obtuvo el material masónico pues la familia lo había destruido.

Sus biografías masónicas son de hace poco tiempo y sus resultados son sorprendentes. Sus biógrafos dicen que el querido hermano Mozart provenía de una familia estrechamente ligada a la masonería: se ha podido llegar hasta el tatarabuelo, David Mozart (1620-1685), albañil y maestro de obras en Augusta, miembro de una Logia “operativa”, y su abuelo Johann fue preboste de la Corporación de los Constructores de Augusta.

Son muchas e importantes las obras musicales de Mozart basadas en textos masónicos y sus relaciones con la masonería antes de su ingreso a ella, según los expertos.

Su iniciación se produce en 1784, apenas siete años antes de su muerte, en la Logia “La Beneficencia”, cuyo Venerable Maestro era el respetado hermano Otto von Gemmingen-Hornberg, taller que había sido fundado un año antes, el 11 de febrero de 1783. Era una Logia pequeña, razón por la cual sus miembros preferían trabajar en el Templo de la Logia “La Verdadera Concordia” o en el de la Madre Logia de ambas: “La Esperanza Coronada”.

A pesar de la Bula Papal de 1738 condenando a la masonería y con la opinión en contra de María Teresa y su hijo José II, las logias austriacas trabajaban en esa época con gran entusiasmo y se habían convertido en un lugar de encuentro de élites internacionales de la cultura y la política.

Por ejemplo, la Logia “La Verdadera Concordia” contaba en 1785, cuando Mozart comenzó a frecuentarla, con unos doscientos hermanos, siendo su Venerable Maestro el respetado hermano Ignaz von Born.

Por insistencia de Mozart, el 6 de abril de 1785 se inicia su padre Leopoldo.

Todos estos acontecimientos hacen que Mozart dedique gran parte de su tiempo a las composiciones de música masónica, muy abundantes, como conocemos hoy.

Con motivo de su ascenso a Maestro, el 22 de abril de 1785, junto con su padre, quién debía regresar a Salzburgo y a quien no volvería a ver jamás, compone sus obras masónicas más significativas: la cantata Die Maurerfreude (La alegría masónica) K. 471 y la Maurerische Travermusik (Música fúnebre masónica) K. 477.

La información al respecto es abundante, pues sólo con las actas de estas Logias habría para escribir innumerables páginas.

La actividad y el cariño de los hermanos para Mozart se comprueban con esta Circular de dicha época, enviada a los diversos talleres austriacos:

“Con el objeto de ayudar a dos hermanos extranjeros, que se han quedado sin dinero, las Logias “Las Tres Águilas” y “La Palmera” organizan un concierto el miércoles próximo, 20 de octubre, a las seis y media de la tarde, en el Hotel de las Logias, en que el hermano Mozart se dejara oír. Se ruega fraternalmente a las Logias hermanas hacer circular esta información entre sus miembros y pedirles acudan en el mayor número posible a este concierto, a cuya entrada se ruega depositar a favor de los hermanos extranjeros una contribución dejada a su discreción”.

Firmaban esta circular los Venerables Maestros Puthon y Loybel y en una posdata el Secretario Kette, añadía: “El hermano Mozart divertirá a los concurrentes con sus improvisaciones tan apreciadas”.

Pero esta fraterna felicidad termina el 11 de diciembre de 1785, cuando el Emperador ordena intervenir las logias por la policía. Se ordenó el funcionamiento de una sola logia por ciudad, capital de región. Luego se pidió el listado de sus miembros, días de reuniones y temas a tratar, “siempre con la indicación de la hora”.

Con esto se produce un obvio decaimiento en la masonería y temor en muchos hermanos, pero Mozart continua con gran actividad.

El 30 de septiembre de 1791 se estrena su ópera “La Flauta Mágica”” y el 15 de noviembre entrega a su Logia el “lied” para la clausura de la Logia: “Enlacemos nuestras manos” el que luego se transformará en un himno nacional. Y este es el adiós de Mozart que hace cantar a sus hermanos, les habla de amor, trabajo y del futuro, para terminar con la palabra “luz”.

 

En la emocionante Tenida Fúnebre por Mozart, el querido hermano Friedrich Hensler se expresó así:

“Permitidme venerables y dignísimos hermanos abordar un tema tristísimo para todos nosotros y que al presente nos afecta, el Gran Arquitecto del Universo ha querido arrancar de nuestra fraterna cadena a uno de los eslabones más queridos y beneméritos, ¿quién no conocía?, ¿quién no estimaba?, ¿quién no amaba? a nuestro digno y querido hermano Mozart. Hace muy pocas semanas estaba todavía entre nosotros celebrando con sus mágicas notas la consagración de nuestro Templo”.

“Fue un celoso miembro de nuestra Orden, amor para los hermanos, tolerancia, bondad, beneficencia, verdadero e íntimo sentimiento de alegría cuando podía ayudar con sus dotes a sus hermanos”.

“Las cenizas de nuestro hermano, para nosotros siempre querido, descansan en paz. Su precoz muerte sea, para nosotros, el más enérgico estímulo a la virtud. Que nuestro recuerdo se una a él en los lugares ultra terrenos donde la plena luz de la eterna fuente de Jehová se manifiesta a todos los verdaderos masones”.

Posteriores publicaciones de prensa se han hecho eco de rumores falsos y han dicho que Mozart habría fallecido a causa de un Ritual llevado a cabo por la Masonería o que murió envenenado por su rival y enemigo, Antonio Salieri, ayudado por su mujer Isidora, y que ambos habrían sido instrumento de la Masonería.

Sin embargo, en el adiós a Mozart estuvieron sus hermanos príncipes, barones, oficiales superiores, altos funcionarios públicos, diplomáticos, escritores, músicos, banqueros, comerciantes e intelectuales. Sin duda en esa “cadena fúnebre” estuvieron el príncipe Carl Lichnowsky, el maestro Beethoven, el escritor Ignaz de Luca, el distinguido músico Haydn, el cronista Johann Pezzl, el crítico Gaspar Riesbeck, el filósofo Goethe… y muchos otros distinguidos hermanos, quienes, al decir de la prensa calumniosa, lo asesinaron por revelar los secretos masónicos en la ópera La Flauta Mágica.

Nos preguntamos, siguiendo la lógica de la calumnia: ¿y por qué no asesinaron al hermano Schikaneder o al Gran Maestro von Born, responsables del libreto, y condenaron a quien solo compuso la música? Estas afirmaciones malintencionadas desconocen el carácter eminentemente ético de la masonería.

La Película “Amadeus”

Con gran éxito de público y premios, el cine presentó una película relacionada con la vida de Mozart, lamentablemente alejada de la realidad histórica, lo que obliga hacer algunas aclaraciones para que quienes la hayan visto o la vean a futuro no queden con una falsa imagen de este genio, quedando la defensa de Antonio Salieri para otros que conozcan mejor su vida.

Por comentarios de hombres importantes de su época y por las innumerables cartas que de él tenemos, se puede establecer que Mozart fue un joven atormentado, con gran sentido del honor, tremendamente responsable, enemigo de todo lo que afectara su salud y con un humor normal. El maestro Haydn lo señaló como: “trágico, profundo y acongojado”.

No hay antecedentes serios para calificarlo como frívolo, irresponsable, mujeriego o de apariencia estúpida, como se muestra en la película.

Los estudiosos nunca han sospechado de Antonio Salieri como responsable de la muerte de Mozart. Las rivalidades de los músicos en las Cortes eran normales. Recordemos, además, que los habitantes de Legnano, ciudad natal de Salieri, demandaron a los productores de la película por el infundado desprestigio de su coterráneo.

Puntualmente:

No son efectivos los preliminares al estreno de “Las Bodas de Fígaro”. Es más, basta conocer el libreto de la ópera para darnos cuenta de lo anterior.

De total inexactitud e ignorancia resulta la relación entre el Comendador y el padre de Mozart. No debemos olvidar que dicho argumento corresponde a la obra de Tirso de Molina llamada “El Burlador de Sevilla”, libreto que fue escrito antes de la muerte de Leopoldo, el padre. Recordemos además que esta obra fue estrenada en Praga.

Entre la fecha del estreno de La Flauta Mágica y la muerte de Mozart transcurrieron dos meses y cinco días. Y, en lo que respecta a esta obra, nunca nadie, y menos sus autores, la han considerado como un vodevil, muy por el contrario.

No es efectivo que Mozart fuera reemplazado por un desmayo el día del estreno de “La Flauta Mágica”, ni que Salieri lo llevara a su casa, ni menos que muriera al día siguiente.

Hasta 1964 no se sabía quién le solicitó el Réquiem a Mozart, sólo se conocía que el mensajero no era vienés, pues actuó a rostro descubierto. A esta fecha se conoce el nombre del solicitante.

Fuente: Academia Francmasónica Ecuatoriana

EL ATEÍSMO EN EL SIGLO XXI

El siglo 21 es el siglo del ateísmo, del librepensamiento, del humanismo, del racionalismo, del laicismo y del escepticismo. El mundo se está moviendo hacia una sociedad post-religiosa.

Hemos recorrido un largo camino. A pesar de la feroz oposición y de la propaganda maliciosa de la religión, los proyectos involucrados y la persecución de los ateos, el ateísmo se ha registrado para durar. No hay fuerza en el mundo que pueda detener la marcha del ateísmo. El desarrollo de la ciencia, el método científico y el pensamiento racional han abierto los ojos de la gente en diferentes partes del mundo. Los albores de la democracia en los diferentes continentes del mundo, el énfasis en los derechos humanos, la justicia social y la sed de libertad, la igualdad y la justicia dieron lugar a un gran cambio en el mundo.

La democracia no sólo ha traído “un hombre, un voto”, sino también que la gente piensa que también debe ser “un hombre, un valor”. El espectacular desarrollo de la ciencia y la tecnología ha roto las barreras de las distancias. También liberó a los pueblos de las barreras mentales y de las formas establecidas de comunicación. Ahora se trata de “un solo mundo, una sola humanidad.” La revolución de las comunicaciones, la revolución de la computadora, Internet Web, todo el mundo han traído una gran revolución en las mentes de la gente. Las distancias han desaparecido. El monopolio de la religión y el control del pensamiento por los gobiernos han perdido su capacidad a interferir en las mentes de la gente. Esto lleva a una gran liberación mental. Se trata de una revolución psicológica que corre por el mundo entero.

Los pueblos han empezado a sentirse libres y liberados de todo tipo de control. Aún así, pueden ser económicamente pobres, desempleados, pero piensan y tienen el coraje de actuar según su voluntad. Ellos sienten que son dueños de su futuro. Pueden ser socialmente atrasados. Ellos pueden tener muchas otras limitaciones, debido a siglos de degradación y de control del pensamiento. Las religiones han hecho que la gente piensa que son inferiores y que Dios es más alto y es todo.

Pero el hecho es que el mundo es libre — libre de pensar, libre para actuar.

Con el resultado de que Dios y la religión no tienen razón de ser. El ateísmo trae un gran cambio social. Se trata de una revolución silenciosa, con profundas consecuencias. Saludamos a los héroes ateos del pasado que han sufrido persecución en diversas partes del mundo. “Puedo ver más allá porque me he subido en los hombros de gigantes”, dijo Newton. Sí, es verdad.

Ahora, el ateísmo es una revolución mundial.

Los ateos también son conocidos en diferentes partes del mundo bajo diferentes nombres: ateos, librepensadores, humanistas, racionalistas, seculares, escépticos. Se les conoce con nombres diferentes por motivos sociales, políticos, culturales y psicológicos. Pero una cosa está clara es que todas las corrientes no religiosas tienen mucho en común.

La diversidad es la ley de la naturaleza. Hay unidad en la diversidad. Las personas pueden elegir su nombre. Pero todos están de acuerdo en los fundamentos de la no-religión.

Así el siglo 21 es fundamentalmente diferente del pasado. Este es el siglo de la gente común. Ellos están listos para actuar. El ateísmo, el humanismo, la libertad de pensamiento, el racionalismo, el laicismo y el escepticismo no son sólo discusiones filosóficas. Conducen a una forma de vida. Esta forma de vida es fundamentalmente diferente de la forma de la vida religiosa. El ateísmo y todas las corrientes no religiosas ya no son paralelas a la religión, el ateísmo es una alternativa a la forma de vida religiosa. El ateísmo es un estilo de vida. Los seres humanos pueden hacer o romper los sistemas de gobierno, las relaciones sociales, las anclas de las barreras culturales y psicológicas. Ellos son libres de rechazar las viejas costumbres y tradiciones. El nuevo siglo exige nuevas ideas y nuevas instituciones. La gente no necesita el apoyo de un dios imaginario o de las instituciones en torno a la falacia de perpetuar la esclavitud de la gente.

La moral es una necesidad social. No tiene nada que ver con la creencia en Dios o la religión. La verdadera moral es cuando las personas se vuelven ateas y no religiosas.

En el siglo 21, toda la humanidad va desde el mundo imaginario centrado en Dios hacia un universo centrado en el hombre. Ha llegado el momento de reconstruir las instituciones y todas las organizaciones basadas en la verdad y la realidad. La reconstrucción de todas las instituciones en los principios y prácticas de la realidad, el enfoque del desarrollo social y la personalidad del individuo. Lo que necesitamos es una ira científica. Los hombres nacen libres, son iguales. Por lo tanto, tienen que vivir iguales. La libertad, la igualdad, la fraternidad y la justicia son el sello del ateísmo. Necesitamos una nueva interpretación atea de la historia.

 

Dr. Goparaju Vijayam

Director Ejecutivo,

Centro Ateo de la India

Benz Circle, Vijayawada 520010,
Andhra Pradesh, INDIA

 

(Traducción libre de los editores)

EDITORIAL MAYO 2018

En el mes DE abril hemos cumplido 18 años de intensa actividad y nuestra mayoría de edad profana nos ha obligado, gratamente, a modernizarnos en la presentación de “FRANCMASON.COM”.Les recordamos a nuestros lectores habituales e informanos a quienes se van incorporando, que nuestro portal llegó a vuestro conocimiento el 14 de abril del año 2000, “Día de las Américas”, celebración anual en todas las repúblicas americanas, como símbolo de su soberanía y de su unión en una comunidad continental, a lo cual nosotros adheridos plenamente, al igual que la francmasonería universal.

 

Sus fundadores fueron un grupo de miembros de la R:. L:. S:. Unión Latinoamericana Nº 29, “Taller de Ideas” bajo la obediencia de la M:. R:. Gran Logia Equinoccial del Ecuador. Con el tiempo participaron distinguidos y QQ:. HH:. de otros Orientes, donde debemos agradecer a miembros de las Grandes Logias de Argentina, Chile y México.

 

El actual Consejo Editorial del portal está integrado por miembros de diversas Logias del Cono Sur de América, interesados en compartir con todos lo hermanos del mundo y también con quienes no siendo miembros de la Orden que se interesan en los temas masónicos, con un criterio amplio, cultural e informativo.

 

Proclamamos ser un grupo de ciudadanos buscadores de la verdad en lo social, económico, filosófico, ecologista y de fraternidad humana. Estamos por el perfeccionamiento del género humano mediante el estudio de todos los problemas sociales que nos afectan para luego hacer un aporte a la comunidad.

 

Nos hemos propuesto con nuestra publicación crear, con trabajos y estudios serios, desde la perspectiva superior de los principios masónicos, un  espacio de reflexión que permita entregar documentos que sirvan de información para el conocimiento de las temáticas de la francmasonería.

 

Queremos tener una voz ante la Orden y la sociedad como deber ineludible de poner en vigencia, con quienes compartimos, la ética humanista y librepensadora e influir con propuestas claras en el entorno social. Destacando al laicismo, los Derechos Humanos y el antidogmatismo como algunos de sus pilares.

 

Para esta tarea nos inspiramos en ejemplos vitales de ilustres ciudadanos y miembros de la masonería que en distintos períodos de la historia de nuestro continente y del mundo en general, impulsaron procesos de liberación y progreso social.

 

Es importante aclarar, para quienes no pertenecen a la Orden, que los francmasones somos hombres y mujeres de paz, buscadores de la verdad, propiciamos el librepensamiento, respetuosos de las ideas filosóficas o religiosas de nuestros semejantes, entre varios otros temas.

 

Como muy bien dice un trabajo publicado en este portal, la Francmasonería “está fundada en el sentimiento de la fraternidad”, concebida ella, como práctica no circunscrita al círculo estrecho del templo masónico y a las personas más allegadas a los masones, sino como una práctica universal, que una a todos los hombres, no importando credos o rangos sociales.

 

Agregamos, por nuestra parte, que rechazamos la violencia terrorista, de cualquier sector que venga, que lamentablemente lleva a la intolerancia social, como ocurre en estos tiempos.

 

Nuestras páginas están abiertas a todas las opiniones masónicas, las que compartimos sin secreto alguno para quienes no son miembros de esta organización mundial.

 

Invitamos a los que no comparten nuestros puntos de vista nos envíen sus argumentaciones y les solicitamos a aquellos que intentan regularmente  “hackear”el portal, nos entreguen sus propuestas y acepten la tolerancia como base de una vida normal, sin fanatismos ni dogmas irracionales.

 

Nuevamente, recordamos con fraternidad y agradecimiento al grupo de QQ:. HH:. que consideraron en su oportunidad echar a andar este proyecto ya que pocas publicaciones  hablan abierta y verazmente de la Orden Masónica, ya sea por su carácter reservado o secreto o por las múltiples leyendas e historias que se han tejido en torno a ella.

 

En estos tiempos se está viviendo una época revolucionaria con los nuevos medios de comunicación y tecnología, realidades que antes nos eran desconocidas. Frente a esta demanda, luego de una profunda investigación de los sitios web dedicados a estos temas -principalmente masónicos- se detectó, desde nuestro punto de vista,  que la oferta de material específico no era óptima. Se decidió así emprender  la construcción de un Portal que proveyera de aquello que requieran los HH:. y no masones en cuanto a información sobre nuestros ideales, principios y trabajos.

 

Se consideró también que la misión de “francmason.com” era acercarse a los usuarios con los más interesantes temas que la masonería contemporánea está tratando. Poner en consideración  las noticias, los productos y servicios con contenido masónico que ellos requieren. Estar siempre atentos a las sugerencias y necesidades de nuestros amigos respondiendo rápida y efectivamente.

Finalmente un saludo agradecido para los cinco fundadores del Portal: Gabriel, Luis, Antonio, Ignacio, los que se encuentran en plena actividad masónica; y al QH:. Santiago Quevedo Reyes (E:. E:. O:. E:.).

Los Editores.

Presentación del libro “Mujeres con Mandil”

La Gran Logia Femenina de Chile ha reeditado, en versión corregida y aumentada, el libro Mujeres con Mandil. Una historia femenina de la Masonería en Chile 1959 – 2003.

 

El pasado día viernes 18 mayo se realizó la ceremonia de presentación de esta obra, con gran afluencia de público.  Al evento asistieron, entre otros invitados, la presidenta de la Cámara de Diputados Maya Fernández Allende; el presidente de la Corte Suprema Haroldo Brito y el Gran Maestro electo de la Gran Logia de Chile Sebastián Jans.

 

Presentaron el libro la actual Serenísima Gran Maestra de la GLFCh, Carmen Mardones Hauser; la Gran Maestra de la GLFCh en el año 2003 (fecha de la primera edición) Miriam Silva Mera, y la Senadora de la República Ximena Órdenes Neira.

 

La reedición de esta publicación busca satisfacer dos objetivos.  Primero, confeccionar un registro exhaustivo de la historia de la institución, resaltado de manera emotiva las vicisitudes de su trayectoria y el aporte de las mujeres masonas que hicieron posible su actual y fructífera existencia.

 

En segundo lugar, es que al dar a conocer la pureza de sus doctrinas la Gran Logia Femenina de Chile busca visibilizar su compromiso con temas de candente vigencia tanto para la institución como para nuestra sociedad: la defensa de la libertad de pensamiento, el resguardo de la educación laica, la promoción de una visión humanista en la construcción de una ciudadanía que ejerza una fraternidad activa como compensación del materialismo e individualismo en que se ha sumido nuestro país.

Se trata de aprender de la historia para forjar el futuro: noble y relevante desafío de la GLFCh en la tarea de contribuir con una mirada masónica netamente femenina al debate de las ideas que tanto necesitamos en nuestro medio, así como a la acción fraternal que hacia la sociedad nace de los talleres masónicos femeninos.

La primera edición de este libro data del año 2003, fecha en que se cumplieron veinte años de vida de la GLFCh.  Esta segunda edición surge justamente en el momento en que esta institución de mujeres librepensadoras y de espíritu laicista cumple 35 años de valiosa y beneficiosa existencia.

Portal Iniciativa Laicista: 21 Mayo 2018

300 años de masonería en España

 “relegación del hecho religioso a la esfera puramente privada”

Suele suponerse que el acta de bautismo de la masonería fue extendida en 1717, pero la verdad es que esta es falsa: sabemos de la existencia de masones en el siglo anterior por varias vías, pero bastaría con que citáramos la conocida querella entre los hermanos de York y los de Londres durante el siglo XVII, que se extenderá a lo largo de un siglo. Sin embargo, los masones insistirán en que sus orígenes no hay que remontarlos más atrás de 1717 ¿Por qué?

 

Para Menéndez-Manjón y Manuel Guerra, lo más probable es que tratasen de ocultar nada menos que sus orígenes católicos: la masonería había empezado como una organización al servicio de los Estuardo. Y ahora, a comienzos del siglo XVIII, con Jorge I en el trono, los partidarios del príncipe protestante deseaban ocultar su anterior naturaleza y posicionarse como partidarios del rey alemán. Pero, de hecho, el primer iniciado en la masonería de quien tenemos constancia es sir Robert Moray, oficial de la Guardia Escocesa de Luis XIII, y enviado a Inglaterra por el cardenal Richelieu con la esperanza de que obtuviese una alianza contra España. En ese designio fracasó, pero en cambio nos consta que fue admitido en una logia de Newcastle mediado el siglo XVII.

Otros muchos autores retrotraen el nacimiento de la orden a épocas muy anteriores: la edad media, el antiguo Egipto, Babilonia…especulaciones algunas de ellas sin mucha base, pero que sirven para oscurecer sus orígenes. Pues si bien resulta indudable que existieron gremios de constructores que formaron cierto tipo de sociedades más o menos cerradas –y que atesoraban un cierto conocimiento hermético-, establecer un vínculo con lo que más tarde sería la masonería, parece algo arriesgado.

 

Las dos ramas de la masonería

Digamos en primer lugar que, a partir de siglo XVIII, la masonería se divide en dos ramas principales: la masonería regular anglosajona y la masonería regular continental, la primera de origen inglés y la segunda de origen francés. Es innegable que presentan entre ellas notables diferencias en muchos aspectos, comenzando por sus creencias y terminando por su organización.

 

La masonería inglesa afirma a un dios supremo y no se entromete en cuestiones políticas o religiosas. En su raíz no es radicalmente incompatible con el cristianismo, aunque sea de un modo muy vago y en su vertiente protestante. En general, no admiten mujeres, si bien en los últimos años esto ha provocado una fuerte polémica entre sus diversas logias y ha propiciado alguna que otra secesión. Tiende a identificarse con el liberalismo, admitiendo incluso un cierto componente conservador.

 

La segunda, la francesa, es más radical, y afirma la absoluta libertad de conciencia en las cuestiones de creencias religiosas dado que muchos de sus miembros son ateos o agnósticos. Es más específicamente anticristiana. Está, sobre todo, representada por el Gran Oriente de Francia y es una rama de mucha mayor importancia que la anterior. Su posicionamiento político, religioso y filosófico es poco dudoso: se identifica con lo que habitualmente se considera la política progresista, representando muchas veces los sectores más radicales de estas organizaciones.

 

La masonería anglosajona está en la tradición liberal que cristalizó en la revolución norteamericana de 1776, mientras que la masonería francesa lo está en la de las revoluciones liberales continentales.

Ambas comparten un designio de secularizar las sociedades y de imponer una vía laicista al humanismo, aunque con distinta intensidad. Y ambas suelen ser patrimonio de clases y grupos sociales pudientes y bien formados intelectualmente.

 

La masonería, condenada por la Iglesia 

La Iglesia católica ha condenado la masonería, de forma inequívoca, desde sus comienzos: la primera condena de 1738, del papa Clemente XII, se ha venido reiterando a lo largo de los siglos en numerosas ocasiones, la última en el Sínodo Romano de 1960. Los códigos de Derecho Canónico de 1917 y de 1983 recuerdan la condena a pena de excomunión de aquellos que formen parte de la masonería.

 

La masonería es una sociedad secreta -por más que se insista una y otra vez en su carácter “discreto”- más que por su composición y su estructura interna, que también, por el carácter de su actuación en la esfera pública. La masonería ha intentado contrarrestar esa imagen, sobre todo últimamente, mediante las apariciones en medios de comunicación de algunos de sus principales dirigentes: pero la cuestión esencial permanece en cuanto a que muchos de sus miembros ocupan puestos de responsabilidad en órganos de decisión públicos, en los que mantienen su carácter sectario a partir de  vínculos que priorizan la pertenencia a la Institución sobre otras lealtades.

 

Esa es la manera en que la masonería ha influido en la historia. Sin duda, su existencia ha sido decisiva. La Europa de 1717 y la de 2017 es muy diferente, en algunos aspectos hasta el punto de resultar irreconocible la una para la otra. En esa transformación ha jugado un papel decisivo la masonería.

 

La Europa cristiana de comienzos del siglo XVIII se ha transformado en la Europa laica de estos comienzos del tercer milenio. Una Europa en la que el laicismo no es una mera formulación de aconfesionalidad, sino la afirmación del deseo de expulsar a la religión del espacio público.

En ese espacio público es donde la masonería ha lanzado sus redes con más éxito; una de sus ideas clave, la relegación del hecho religioso a la esfera puramente privada, se impone de forma creciente. So capa de neutralidad, el carácter  público de la religión se oculta; de hecho, el proceso de secularización ha sido condición necesaria para la Modernidad. Y en todo ello tiene mucho que ver la masonería.

 

La fundación en España

De acuerdo a A.M. Claret, España fue el primer país continental en el que se estableció una logia. La fundó el duque de Wharton el 17 de abril de 1728 en el hotel “Tres Flores de Lys” de Madrid; pocos meses más tarde erigiría una segunda en Gibraltar, un año antes de levantar otra en París, de la que sería Gran Maestre.

 

La orden funcionaría en ambientes militares españoles con notable libertad, al menos hasta la condena papal de 1738; desde entonces proliferarían las denuncias a la Inquisición. La documentación nos muestra cuáles eran los núcleos en que había arraigado con más fuerza: Barcelona, Cádiz y Madrid. Y también que proliferaban las investigaciones –al parecer bastante fundadas- acerca de su infiltración en la Corte, lo que incluía a altos dignatarios eclesiásticos, en pleno reinado de Fernando VI.

Durante el gobierno de este y el posterior de su medio hermano Carlos III, la masonería supo acercarse al trono, teniendo en el conde de Aranda a uno de sus mejores peones (aunque se ha negado su pertenencia a la orden con el discutible argumento de que no queda rastro archivístico de la misma); la expulsión de los jesuitas en febrero de 1767 sería obra de la masonería, que con razón veía en ellos un formidable oponente, y en cuya persecución figuró, de modo muy destacado, Aranda.

 

Sin embargo, se ha supuesto que los ilustrados españoles de fines del XVIII militaron en la disciplina masónica, lo que está lejos de ser verdad. El regalismo, que ciertamente contrariaba los intereses de la Iglesia, no tenía una conexión necesaria con la orden, aunque sea cierto que algunos de sus representantes fueran masones.

 

La francmasonería continental

La invasión napoleónica de España será causa del establecimiento de las primeras logias de la francmasonería en 1809, bajo el amparo francés. No olvidemos que el de Napoleón fue un régimen genuinamente masónico: la mitad de sus ministros y dos tercios de los altos grados militares pertenecían a la Institución.

Entre otros, nada menos que el general Murat y el propio rey José Bonaparte ostentaban cargos de altura; el monarca, incluso la condición de Gran Maestre del Gran Oriente de Francia en 1804. La Gran Logia Nacional se levantó en la calle Isabel la Católica de Madrid, en el mismo edificio que hasta entonces había ocupado la Inquisición, ahora abolida.

Así que fue la entrada francesa en España la que transformó el panorama. En lo sucesivo, las logias españolas serán tributarias de las francesas y mantendrán una posición de subordinación a los intereses de estas. Pero no serán operativas hasta el regreso de Fernando VII a España, tras su prolongado episodio de abyección ante Bonaparte.

 

Durante la guerra de Independencia, pueden, sin embargo, hallarse masones a ambos lado de la barricada; masones los hay entre los afrancesados y también en la resistencia frente al invasor. Pero el temor a un entendimiento entre masones franceses y españoles – más que justificado – llevó a la Junta Suprema Central a prohibir la Institución.

Desde entonces, la característica de la Orden en España será la de una intensa politización. De sus filas saldrá una constante y resuelta oposición al monarca, quien les retribuirá con la más dura de las condenas. Como es natural, los liberales, empapados en masonería, buscarán la ocasión de rebelarse; en enero de 1820, el coronel Riego impondrá el Trienio Liberal, que romperá las relaciones con la Santa Sede y que terminará radicalizando tanto el régimen que la propia masonería será vista como reaccionaria. Acaso algo sorpresivamente, el ejército que pondrá fin al régimen liberal en España –los Cien Mil Hijos de San Luis- estará constituido por significados masones que sirvieron bajo Napoleón.

La sublevación de Rafael del Riego había tenido un efecto colateral, acaso decisivo; las tropas con las que dio el pronunciamiento, y con las que vagó durante largas semanas por Andalucía, estaba destinadas a ser embarcadas hacia América a fin de combatir el movimiento independentista contra España. La pérdida de los territorios americanos se hizo, entonces, irreversible.

 

En manos de masones 

Aunque Fernando VII se resarcirá durante la que más tarde se llamó la década ominosa, a la muerte del rey se vivirá la edad de oro de la masonería en España, entre 1834 y 1843; es decir, el periodo de las regencias, especialmente la de Espartero. Ese primer gobierno masónico propició la matanza de frailes de 1834, acusando a estos de envenenar las fuentes provocando el cólera entre los madrileños.

Los sucesivos gobiernos durante el reinado de Isabel II fueron de mucha menor inspiración masónica, sobre todo los gobiernos moderados, que se prolongaron durante más de una década ante el temor generalizado a los desórdenes que habían sucedido durante los breves gobiernos progresistas.

Entre tanto, surgía una política aún más radicalizada: el francmasón Nicolás María Rivero organizaba el Partido Demócrata con miembros de organizaciones republicanas y del aún algo ingenuo socialismo pre-marxista. Su importancia básica radica en que de allí salieron figuras como Pi y Margall y Castelar, ambos pertenecientes a la orden y futuros protagonistas de la vida pública española.

Preteridos en la Corte y desacreditados a los ojos de la reina, los progresistas alentaban todo tipo de complots y pronunciamientos, en los que se valían de los militares para cambiar de política. Llegaron a orquestar una organización para promover este tipo de actuaciones: desde el centro, situado en Madrid, dirigía el grupo Gómez Becerra, que contaba con Espartero y Olózaga en Londres, Capaz en Burdeos e Infante en Lisboa. Todos ellos, destacados miembros de la masonería.

 

Un régimen masónico

La caída de Isabel II, orquestada por la Orden, acercará de nuevo a los masones al poder a partir de 1868. Tanto Prim como Amadeo de Saboya lo serán, aunque ninguno de los dos tendrá suerte. La Gloriosa inaugurará una desventurada época de inestabilidad en la que los problemas existentes se agudizarán y pocos, si es que alguno, tendrá solución.

El gobierno provisional producido por la revolución fue una aventura masónica en la que la figura principal fue el general Prim quien, bajo una retórica de acentos radicales, escondía unos propósitos algo más conservadores. En realidad, el nuevo régimen puso todo su empeño en que el aspecto revolucionario no sobrepasara el ámbito político e implicase cambios de tipo socioeconómico.

El Sexenio “revolucionario” –hoy historiográficamente devenido en “democrático”- representa el momento álgido de la masonería: la culminación de dicho proceso conducirá a la proclamación de la república, con sus cuatro presidentes miembros de la Orden. Durante los años que precedieron a dicho régimen –los del gobierno provisional y los de Amadeo de Saboya-, los acontecimientos de índole masónica se sucedieron: derribo de iglesias sin la más mínima consideración a su valor artístico, e incluso la constitución de un peculiar “grupo espiritista” en el mismísimo Congreso de los Diputados.

Desde el exterior observaban asombrados el deterioro que tenía lugar en el reñidero peninsular. Tras el peculiar episodio de la monarquía de Amadeo (1871-73), los tres presidentes primeros de la república llevaron a España a un callejón sin salida; hubo que nombrar a Castelar, también masón, presidente para detener el proceso de acelerada descomposición política. Castelar, declarado patriota y político algo más resuelto que sus predecesores, empuñó las riendas de la república con decisión, pero sus predecesores en la presidencia conspiraron para expulsarle del poder, lo que consiguieron. Temiendo un retorno a la anterior situación, el 3 de enero de 1874 Pavía entró en el Congreso al mando de un contingente de guardias civiles y soldados, poniendo fin a aquella peligrosa farsa (“un largo e infructuoso periodo de aventuras”, admiten los boletines internos de la Institución).

Pero el Sexenio dejó la herencia de un anticlericalismo que se convirtió en una obsesión enfermiza para la izquierda burguesa española.

 

La restauración borbónica

La Orden apoyaría la Restauración, como recogen sus documentos, pero no apostaría todas sus cartas a ella. Así, mientras Sagasta se convertía en el socio de Cánovas, Ruiz Zorrilla creaba el Partido Republicano Progresista, que rechazaba explícitamente la vía parlamentaria y apelaba al ejército para tomar el poder. En los siguientes años organizaría diversos planes insurreccionales y apoyaría la sublevación de 1886, lo que le valdría la condena a muerte (aunque sería indultado por María Cristina).

De modo que la Restauración fue en gran parte rehén de la masonería; el Partido Liberal se convirtió en su vehículo de poder y supo mantener el enorme ascendente social que había conseguido: en 1882, según Ferrer Benimelli, 130 senadores y altos funcionarios, más de mil jueces, casi mil cien oficiales y generales del ejército y un sinfín de profesionales liberales y propietarios pertenecían a la masonería. Y, al mismo tiempo, entre los opositores al sistema alfonsino abundaban también los masones.

Y es que esa fue una de las características de la masonería durante la Restauración: la división entre las logias, que se enfrentaron interminablemente y que obró con más eficacia para limitar la influencia de la Institución que la represión policial. Esta estuvo perfectamente ausente durante la vigencia del sistema canovista, consciente el poder de que era imprescindible el concurso de las logias, columna del partido de Sagasta.

 

Uno de los más destacados masones de los años de la Restauración, fue Ferrer y Guardia, de quien se dijo que anduvo entremezclado en el atentado contra Alfonso XIII con motivo de su boda, y también, al parecer, en un intento anterior contra este en París. No faltaba quien le acusaba, por entonces, de haber “inspirado” el asesinato de Cánovas, en 1897. La especie corría no solo por entre sus adversarios, sino por las mismas filas anarquistas. Los antecedentes no le favorecían: había participado en el golpe de Villacampa inspirado por Ruiz Zorrilla, lo que le llevó al exilio.

 

Sería fusilado por habérsele encontrado responsabilidad en el estallido de la Semana Trágica de Barcelona en 1909. La ejecución de su sentencia de muerte desataría una campaña internacional contra el presidente de gobierno que la firmó, Antonio Maura, pese a que la responsabilidad de Ferrer –aunque quizá se exagerase por parte de los acusadores- era innegable.

Como asegura Menéndez-Manjón, 1909 inauguró un periodo en el que se produjo un cambio sensible en la masonería. La Orden se vio inundada de pequeño burgueses –que ya habían dado cierto tono a la organización- y por ateneístas que comenzaba a inclinarse de forma indisimulada por la opción golpista y por las tendencias revolucionarias.

 

Los años inmediatamente anteriores a la dictadura de Primo de Rivera, determinaron el papel que la masonería desempeñaría en la gran crisis nacional de 1931-1939. Un papel protagonista hasta el punto de que la segunda república sería, con toda justicia, considerado como el régimen de la masonería por excelencia.

APORTE de: LAICISMO.ORG · FUENTE: GACETA