Laicismo y Masonería

“…La verdadera riqueza de las sociedades reside en su saber. La energía de los talentos es incomparablemente superior a la fuerza de la materia y de todas sus posibles transformaciones. La llamada sociedad del conocimiento o del aprendizaje es un tipo de sociedad que no compite tanto por los recursos materiales como por las destrezas que tienen que ver con el saber en un sentido muy amplio."

INTRODUCCIÓN

Recibo como un gran honor la invitación a participar con ustedes en un ciclo sobre el laicismo. Viejo tema de la masonería, de las distintas administraciones de la Gran Logia Equinoccial del Ecuador y del Supremo Consejo Grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Dos de los productos más destacados son la Declaración de Quito del 2006 (específica sobre laicismo) y las dos ediciones de “Laicismo Vivo”, con un sugerente subtítulo: “De feligrés a ciudadano”.

Conviene ahora analizarlo desde la visión de los talleres que, como éste, tienen una tradición de voluntad de cambio, -vienen de una logia madre que compartimos: la Voltaire N° 7-  y además predican con la acción.

Lleno de alusiones al laicismo es hermoso y bien realizado trabajo, el que da lugar al libro: “Los nuevos linderos”, subtitulado “Pensamientos masónicos contemporáneos”.

El libro, concebido para perpetuar el pensamiento del QH:. Efraín Sigüenza Guzmán ha sido logrado a los pocos días de haber levantado columnas bajo la inspiración de aquél que en las Cortes de Cádiz fue llamado, no sin cierto eurocentrismo, el Mirabeau americano: el QH:. José Mejía Lequerica  quien en el recinto de ese momento de unión hispano – americana, en el pleno del recinto de las Cortes, se permitió expresar:”(… ) Jamás ha llovido reyes el cielo”, cuando otros sectores, tan poderosos como la Iglesia Católica, sostenían el origen divino de los monarcas.

Valiente, ejemplar, el QH:. Mejía. Valga aquí reseñar que el célebre revolucionario y masón francés Mirabeau sostenía poco antes: “El deber, el interés y el honor ordenan resistir a las órdenes arbitrarias del monarca y arrancarle el poder con cuyo abuso puede destruir la libertad si no existen recursos para salvarla (…) y agregaba: El rey es un asalariado y el que paga tiene el derecho de despedir al que es pagado”.

CÓMO ENTENDER EL LAICISMO

Volviendo al tema que nos convoca, ¿cómo entiende la vinculación con el laicismo la masonería de hoy? Miremos en la declaración de principios de la Respetable Logia Simbólica José Mejía N° 60, el abordaje de los temas que nos competen.

En el considerando 3 se establece: “Nuestra concepción de la Masonería, en tanto institución especulativa, se fundamenta en la finalidad del perfeccionamiento individual y social, en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, en los principios de búsqueda de la verdad, la tolerancia, el laicismo, la práctica de la solidaridad y la no discriminación de la mujer, ni de la diversidad humana, en ningún ámbito del desarrollo social.”

Y en el considerando 6 reitera: “La Masonería de nuestra Resp:.Log:.Simb:. José Mejía Lequerica  N° 60, busca abrir sus puertas a seres humanos libres y de buenas costumbres. Independiente de su condición económica y social, cultural, género, opción política y/o religiosa, capacidades especiales y cualquier forma de diversidad de los seres humanos. En consecuencia, admite librepensadores, agnósticos, ateos y practicantes no dogmáticos de religiosidades no supeditados a imposiciones de jerarquías religiosas, siempre que se caractericen por una constante búsqueda de la verdad y la práctica del laicismo, en consecuencia”.

Por lo arriba expuesto, guarda plena coherencia que a continuación se declare que: 1.- “El pensamiento que nos guía está basado en un profundo humanismo laico”. Y luego en 4.-“Mantendremos una posición laica inclaudicable por el reconocimiento del principio de la separación de la Filosofía y de la Teología (separación del Estado de la Iglesia), para fortalecer la libertad de conciencia religiosa y la prohibición absoluta de los clérigos de todas las religiones a inmiscuirse en asuntos políticos.” Prosiguiendo en el 5.-“Defenderemos el laicismo entendido como la lucha por la libertad de pensamiento, de investigación científica, libre de dogmas de cualquier naturaleza, como base de toda verdad demostrable que facilite el intercambio de los conocimientos y de las prácticas entre los seres humanos, para el bien propio y de la humanidad. Pero además, asumimos el laicismo como la radicalización de la democracia en el terreno socio-político. ”Finalmente en el 9.-“Aceptamos  y seguimos todos los Principios de la Institución que contribuyen a la construcción del Templo Social, que albergue una sociedad justa, fraterna , equitativa y solidaria, en la que la repartición de la riqueza y el conocimiento se correspondan con la concepción humanista que marca el destino de la humanidad.”

Sobre el propósito final habría que destacar que hace falta un largo trecho y mucho trabajo, de parte nuestra y otros conglomerados progresistas de la sociedad, para que se logre instituir aquel noble enunciado de que “la repartición de la riqueza y el conocimiento se correspondan con la concepción humanista que marca el destino de la humanidad”. Al respecto, Daniel Innerarity, filósofo español, Premio Príncipe de Asturias, sostiene en una de sus múltiples obras: “La democracia del conocimiento. Por una sociedad inteligente” (2011),  que de todos los bienes sociales el conocimiento es el peor distribuido, más mal repartido que la riqueza y que sería una gran contribución avanzar en la redistribución del conocimiento. Tarea en que la Orden tiene un precioso rol a desarrollar. Agregando un pensamiento que nos debería hacer reflexionar sobre nuestros métodos de formación: “Una sociedad del conocimiento y la innovación desplaza los anteriores ideales de formación -ser perfecto, estar bien informado, o ser crítico- hacía una nueva competencia que solemos llamar creatividad, y que podría entenderse como la capacidad de modificar nuestras expectativas cuando la realidad las desmiente en lugar de insistir en decirle a la realidad lo que está debería ser”.

En la misma línea, no me privo de añadir otro párrafo del libro arriba citado que me resulto trascendente, tomado del Capítulo: Sobre el concepto de innovación social.

“…La verdadera riqueza de las sociedades reside en su saber. La energía de los talentos es incomparablemente superior a la fuerza de la materia y de todas sus posibles transformaciones. La llamada sociedad del conocimiento o del aprendizaje es un tipo de sociedad que no compite tanto por los recursos materiales como por las destrezas que tienen que ver con el saber en un sentido muy amplio. La innovación consiste, de entrada, en la capacidad de distanciarse de las propias rutinas, de lo sabido, de los estereotipos, y tener la capacidad de no contentarse con lo adquirido. El mayor enemigo de la innovación es lo bien que nos haya podido ir hasta ahora. Por eso la innovación exige, de entrada, una cultura del riesgo, la responsabilidad y el aprendizaje. Esta es la clave del dinamismo social y del protagonismo que pueden ejercer las sociedades. La innovación que resulta de esta disposición de aprender es un imperativo general, un valor que afecta tanto a la organización empresarial como al modelo de convivencia que hemos de diseñar (las cursivas son mías) tanto a las formas de expresión en el mundo de la cultura como a las políticas públicas”.

Perdonen lo  extenso del párrafo. Sintetizando destaco: No habrá redistribución del conocimiento si no  cambiamos nuestra manera de intentarlo. Y si no conseguimos hacerlo tampoco habrá redistribución de la riqueza.

Todo ello sin negar que comparto plenamente el criterio de varios QQHH:. cuando sostienen que: “La tiranía, hoy por hoy, se expresa en la aún enorme inequidad, en los altos e inhumanos porcentajes de pobreza en que se hallan sumidos nuestros países y que contrastan con la concentración de la riqueza en pocas manos”. Entiendo con ellos que las desigualdades son la mayor tiranía de nuestro tiempo y por superarla debemos de realizar nuestros mejores esfuerzos.

UNAS CUANTAS DEFINICIONES

A todo esto, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de laicismo? Miremos sin prejuicios una definición de diccionario, el de Oxford en el presente caso: Laicismo es una corriente ideológica que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y especialmente la del Estado, de toda influencia religiosa o eclesiástica.

Y la información añade respondiendo a la interesante pregunta: ¿Qué es el laicismo en la Ilustración? El laicismo es un movimiento ilustrado que defiende la autonomía de cada persona e impulsa su derecho a ser educado libremente sin adoctrinamiento dogmático.

Conviene destacar que el diccionario de la RAE lo define como: Independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa. (Es decir, lo mismo.)

Y el diccionario panhispánico del español jurídico establece: Doctrina o corriente ideológica que promueve una completa independencia del Estado respecto de cualquier instancia religiosa. A continuación añade: Implica la exclusión del factor religioso del ámbito público, relegándolo a la esfera estrictamente privada de la conciencia individual.

Con estas definiciones por delante ¿cabe expresar que el Ecuador es un Estado laico? La constitución de Montecristi sostiene que sí, en el art. 1 pero, en el preámbulo de la misma Carta Magna se invoca “el nombre de Dios y reconociendo nuestras diversas formas de religiosidad y espiritualidad”.

Qué bueno eso sí que se diferencie religiosidad de espiritualidad.

En cualquier caso, en el Ecuador de nuestros días se conoce perfectamente la constante intromisión de lo religioso como marco para el debate de temas trascendentes; esto es: hay intromisión de lo religioso en la sociedad y en el estado, ni se diga en cada persona. El tratamiento del tema aborto es paradigmático. El ex presidente Correa aludió a su fe religiosa como argumento para no permitir la posibilidad del aborto terapéutico, imponiendo sus creencias sobre la vida de las madres ecuatorianas.

Para abundar en las ambigüedades entre la teoría y la práctica de nuestro texto constitucional, conviene refrescar incongruencias en el Capítulo sexto: Derechos de libertad, en su numeral 11: El derecho a guardar reserva sobre sus convicciones. Nadie podrá sr obligado a declarar sobre las mismas. En ningún caso se podrá exigir o utilizar sin autorización del titular o de sus legítimos representantes, la información personal o de terceros sobre sus creencias religiosas, filiación o pensamiento político ni –escuchen bien- ni sobre datos referentes a su salud y vida sexual, salvo por necesidades de atención médica.

Piensen en lo que plantea el proyecto de nuevo Código Orgánico de Salud y las prohibiciones y obligaciones a que se pretende someter a los médicos. Incluyendo el riesgo de perder su libertad si no dan información sobre casos de aborto espontáneo o no.

Sin duda, el sectarismo religioso es tanto o más dañino que el sectarismo político.

La masonería también tiene que trabajar tratando de erradicar todo tipo de enfermedades infantiles.

¿QUÉ HACER, POR DÓNDE EMPEZAR?

La mejor manera de defender el laicismo desde la Masonería es construyendo ciudadanos. Hombres libres y de buenas costumbres se nos ha llamado. No puede serlo quien no conozca los grandes sufrimientos a que ha sido sometida la humanidad en razón de los fanatismos de diversa índole, especialmente los vinculados a la práctica religiosa impulsada y fomentada por autoridades religiosas de diversa jerarquía.

Cabe acotar que hago el pensamiento de Santayana cuando define: fanático es aquél que redobla el esfuerzo habiendo olvidado el fin.

Por tanto, se daría un retroceso imperdonable si Instituciones como la Masonería Universal permiten que el Laicismo deje de seguir contribuyendo a la paz de las naciones, las sociedades, las familias o las personas. Pese a las contribuciones de ciudadanos integrales como Mejía, Mirabeau y tantos otros a lo largo del devenir histórico, bravas jornadas de hombres como nuestro hermano Eloy Alfaro se han requerido para lograr imponerlo como mecanismo de armonía nacional. Por supuesto, no desaparecen quienes sigan soñando en instalar teocracias. En el mundo son muy visibles los que todavía así piensan. Igualmente visibles las tensiones causadas, muchas de las cuales han derivado en sangrientas  guerras civiles.

Cabe entender a la ciudadanía más allá de los valores cívicos y urbanos que generalmente la definen. Un párrafo tomado de un libro titulado precisamente Ciudadanía, publicado por una consultora española, (Llorente y Cuenca) ayuda a entender a qué me refiero.

“Recuperar la dimensión humana de la ciudad y con ello, reafirmar la identidad de los que la habitan. Tema de gran calado que, como todo lo importante, empieza por lo pequeño, lo cercano. Porque mejorar la ciudad y los barrios, pasa por recuperar la influencia de sus habitantes en las decisiones que van a afectar al entorno inmediato en el que desarrollan sus vidas. Es, por tanto, el primer paso para la regeneración de ese antiguo invento, tan importante como deteriorado que se llama democracia ciudadana. De ahí que sea fundamental supeditar la formación de la ciudad a los auténticos intereses generales y no al simple crecimiento, exento de desarrollo, con la ocupación indiscriminada de zonas a criterio de quien quiera promover su urbanización.”

Mejor todavía va a resultar compartir… “la idea de ciudadanía que puso en circulación Thomas H. Marshall a mediados del siglo pasado y que, en teoría sigue vigente; un ciudadano sólo lo es si es triplemente ciudadano: poseedor de los derechos civiles, políticos y sociales. Dadas las muy amplias excepciones que soportan esos derechos en el segundo decenio del siglo XXI se puede concluir que la idea de ciudadanía sigue siendo revolucionaria, acota Joaquín Estefanía, autor del libro de donde extraigo la cita anterior y cuya lectura recomiendo: “Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía. (1968-2018)” y la que a continuación sigue: “El sociólogo (alude a Marshall) atribuye a los siglos XVIII, XIX y XX cada una de las conquistas de las ciudadanías. En el siglo XVIII se logra la ciudadanía civil; es el tiempo de la revolución  francesa y la americana. Un siglo después, en el XIX, las contiendas se centran en los derechos políticos; poco a poco se van extendiendo los grupos que pueden elegir o ser elegidos representantes públicos. Por fin, en el siglo XX, se conquistan los derechos sociales y económicos; con el Estado de Bienestar se suman las libertades individuales y la participación democrática.”

De acuerdo, así ocurrió pero, en Europa. Por estas tierras nuestras,  la ciudadanía civil puede admitirse para un porcentaje ínfimo de la población; la ciudadanía política está en ciernes y la ciudadanía social es una de la que disfrutan muy pocos.

¿Cómo generar las ciudadanías incompletas y las que no existen, las ciudadanías sociales especialmente? Recomiendo leer a al jurista español Gerardo Pissarello, de manera particular su ensayo: “Los derechos sociales y sus garantías. Elementos para una reconstrucción”. En dicho trabajo hace un metódico recorrido desde la percepción dominante de los derechos sociales, la percepción histórica, la filosófico-normativa, la percepción teórica y la dogmática. En su capítulo final desarrolla: Los derechos sociales y sus garantías: por una reconstrucción democrática, participativa y multinivel.

Cito uno de sus párrafos conclusivos: “Ya Walter Benjamín denuncio el gran fraude que toda concepción mecanicista de la historia representa, en realidad, para los excluidos de sus beneficios. En opinión de Benjamín, si la idea del progreso había desempeñado una función crítica en los inicios de la Ilustración, tras el ascenso de la burguesía lo que se extendió fue la idea de su realización automática, lo cual, al cabo, era una forma muy eficaz de despolitizarla y de incitar a los grupos en mayor situación de vulnerabilidad a la inacción.”

Cuando leemos la Historia de la Masonería Universal, partiendo de la masonería primitiva en los textos del QH Hugo Noboa Cruz hasta el siglo XX, es notable observar como poco a poco la masonería fue perdiendo su voz y su voluntad de cambiarse a sí misma, tal cual los necesarios “aggiornamientos” cumplidos por la Iglesia Católica, que antes también cultivó nuestra augusta institución. Hasta los rituales han recibido modificaciones, hasta los Antiguos Linderos. Ahora algunos QQHH los consideran como textos sagrados.

Mientras tanto,  en el espacio dejado – la naturaleza aborrece el vacío – fueron resurgiendo las pretensiones reaccionarias.

El ya citado Joaquín Estefanía señala en su antes mencionado libro que:” El último medio siglo (1968- 2018) ha sido testigo  de una generación que amaneció a la madurez con la alegría revolucionaria de mayo del 68 y que se está jubilando en pleno vigor de una revolución conservadora y de los populismos de extrema derecha que amenazan con llevarse por delante muchas de las conquistas civilizatorias de este tiempo.

Tal cual expresó  el poeta que nació un día en que Dios estaba enfermo: Hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Mi palabra.

Guayaquil, 15 de setiembre del 2020

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