La Gran Logia Unida de Inglaterra y otros importantes Orientes se encuentran celebrando los 301 años de la masonería moderna

La historia nos relata que el 24 de junio de1717, los hermanos miembros de las cuatro Logias que trabajaban en Londres, reunidos en la cervecería “Goose and Gridiron” decidieron formar la Gran Logia. También, por mayoría de manos levantadas eligieron Gran Maestro a Anthony Sayer.

 

Se agrega, que la mayoría de los concurrentes eran “caballeros” y que había algunos nobles. Entre los presentes destacaron un escocés,  James Anderson y el francés Jean Théophile Desaguliers.

Infinidad de libros circulan con todos los antecedentes de este hecho histórico, también controvertidos documentos sobre la materia, los que seguiremos publicando en nuestro portal.

 

Es importante destacar una publicación de prensa, fechada en Londres en febrero de 2015, señalando que: “Su Alteza Real el Duque de Kent, Gran Maestro de la Gran Logia Unida de Inglaterra, fue elegido para  otro mandato al frente de esa Gran Logia, en la Asamblea General Trimestral de la Gran Logia, que se celebró en su sede central conocida con el nombre de Freemasons’ Hall. Este cargo lo ha desempeñado desde 1967”

 

“El Duque de Kent (Edward George Nicholas Paul Patrick), (1935), es miembro de la familia real británica y nieto de George V. Se ha desempeñado con el título de duque de Kent desde 1942. Realiza deberes reales en nombre de su prima hermana, la reina Isabel II. Se desempeñó como Representante Especial para el Comercio Internacional e Inversión del Reino Unido. Preside la Asociación de Scouts, el Instituto Real de Servicios Unidos, la Royal Institution de Gran Bretaña y el All England Lawn Tennis y Croquet Club.Además, es mariscal de campo del ejército del Reino Unido”.

“La Gran Logia Unida de Inglaterra, según sus propias informaciones, mantiene como miembros activos y cotizantes, más de 250.000 hermanos, en Logias con aproximadamente 40 miembros por Taller.Es el referente internacional de la masonería que se conoce como “regular”. La característica fundamental para tener esa denominación es que no se admite la presencia de mujeres, es fundamental para sus miembros la creencia en un ser  supremo, en la inmortalidad del alma y, en todas sus reuniones, debe estar presente la Biblia, señalado como el libro de la ley sagrada”.

 

 

Fuente histórica:

JASPER RIDLEY

“LOS MASONES, la sociedad secreta más poderosa de la tierra”

Javier Vergara Editor  /Buenos Aires 1999.

 

Archivo del Portal Fracmason.com

 

 

 

MANUELA SÁENZ, GENERALA DE AMÉRICA

Durante la última etapa de su vida fue visitada en el puerto peruano de Paita por ilustres francmasones, entre ellos: Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar y Giuseppe Garibaldi el “héroe en dos continentes”. En 1856, contrajo difteria, enfermedad que acabó con su vida; su cadáver fue incinerado a fin de evitar contagio en la población; también quemaron sus pertenencias, entre ellas parte de la correspondencia de Bolívar que ella guardaba celosamente.

Manuela Sáenz reveló coraje, lealtad, amor y coherencia en cada uno de los actos de su vida. Fue heroína antes de conocer a Bolívar. Entregada por entero a la causa de la independencia al punto que el general José de San Martín – uno de los creadores de las Logias Lautarinas – , luego de haber tomado Lima con sus milicianos y proclamado la independencia el 28 de julio de 1821, concedió a Manuela el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú, consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción reza: “Al patriotismo de las más sensibles”.

Manuela nació en Quito, Ecuador, el 27 de diciembre de 1797 y falleció en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1856. Hija de Simón Sáenz Vergara, español, y María Joaquina Aizpuru, ecuatoriana, su infancia transcurrió en Quito. Manuela y su madre adhirieron a la gesta emancipadora, pero su padre permaneció fiel a la corona española. Por apoyar el proceso de independencia americana, Manuelita fue internada en varios conventos.

Mujer culta, amante de la música, sabía latín, griego y escribía con admirable estilo. En 1817 contrajo matrimonio con James Thorne, próspero comerciante inglés, mucho mayor que ella. Se trasladaron a vivir a Lima entre 1819 y 1820; allí ella se dedicó por entero a la causa de la independencia. Perfectamente infeliz, vivió separada de él, condenada por la imposibilidad del divorcio. No tuvo hijos.


Más tarde, amiga, amante y compañera de Simón Bolívar, fue denigrada, calumniada, y obligada al exilio. Logró sobreponerse a la muerte de Bolívar. Lo perdió todo, pero preservó hasta más allá de su muerte los archivos, documentos militares y cartas de su amado. Pasó sus últimos años en silla de ruedas. Víctima de la difteria, murió en la pobreza y su cuerpo fue lanzado a la fosa común. En agosto de 1988 fue localizado el lugar donde se encontraban sus restos.

Combatiente en la batalla de Pichincha a su regreso del Perú, recibió el grado de teniente de Húsares del Ejército Libertador. Expuso también su vida en la batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, participación que le valió su ascenso a coronela del Ejército Grancolombiano. Reemplazó sus elegantes vestidos, prefirió siempre el uniforme de húsar -pero no se quitó nunca sus aros de coral-: pelliza militar, pantalones rojos, botas de campaña con espolines de oro, cucarda y plumaje tricolores; a su cintura, un par de pistolas turcas amartilladas.


El 22 de mayo de 2007, al conmemorarse la batalla de Pichincha, el presidente de Ecuador le concedió el grado de Generala de Honor de la República de Ecuador.

Con motivo del 199 aniversario de la firma del Acta de Independencia de Venezuela, se le concedió póstumamente el ascenso a Generala de División del Ejército Nacional Bolivariano de Venezuela, por su participación y actuación en la gesta independentista.

El 23 de noviembre de 2012, en Paita, autoridades civiles y militares y los gobiernos de Venezuela y Ecuador le rindieron homenaje al cumplirse 155 años su fallecimiento.

En su exilio de Paita, Manuela prosigue con su costumbre de llevar un diario y en él se dirige a su amado contando escueta su situación: “Qué contraste, Simón: de ser reina de la Magdalena, a esta vida de privaciones. De Caballeresa del Sol, a matrona y confitera. De soldado húsar, a suplicante. De coronel del ejército, a encomendera”.

Bolívar la espera hasta el final de su vida, le escribe cartas que ella no recibe: El hielo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que se está expirando. Yo no puedo estar sin ti. No puedo privarme voluntariamente de mi Manuela no tengo tanta fuerza como tú para no verte. Apenas basta una inmensa distancia. Te veo, aunque lejos de ti. Ven…ven…ven…luego”.


Ella piensa en él y escribe en su Diario de Paita: “Nunca supo la maledicencia, la mentira, la venganza, la traición, el arte mefistofélico, que quedando yo viva, perdurarían sus memorias. La memoria de estos dos seres que logramos unir nuestras vidas en lo más apoteósico de nuestros desvelos. ¡El Amor! Y juntos nos burlamos de los concilios de nuestros enemigos. Estos, desunidos, demoraron en reunir su venganza y su jauría para ver el fin de sus víctimas. Y cómo nos alejamos del alcance de sus intenciones. Para él, Santander. Para mí, Rocafuerte. Son unos (…) Un amigo muy querido me preguntó qué había sido yo para El Libertador: ¿una amiga? Lo fui como la que más, con veneración, con mi vida misma. ¿Una amante? Él lo merecía y yo lo deseaba y con más ardor, ansiedad y descaro que cualquier mujer que adore un hombre como él. ¿Una compañera? Yo estaba más cerca de él, apoyando sus ideas y decisiones y desvelos, más, mucho más que oficiales y sus raudos lanceros (…) Yo le increpaba su desatino en considerar el ‘valor’ de algunos que se encontraban muy lejos de su amistad. ¿Eran compañeros? Sí, obligados por el miedo a las cortes marciales, al fusilamiento; aunque Simón nunca se empeñó en que esto se diera. Prodigaba indultos a diestra y siniestra. Nunca le fueron reconocidos, ni agradecimientos hubo. Sólo había traiciones, desengaños, atentados (…) ¿Qué fueron sus últimos días? Él era un hombre solitario, lleno de pasiones, de ardor, de orgullo, de sensibilidad. Le faltó tranquilidad. La buscaba en mí siempre, porque sabía de la fuerza de mis deseos y de mi amor para él”.

Manuela cuenta con sencillez sus acciones de combatiente: “Como oficial del ejército colombiano también me distinguí. Era preciso. Y si no, entonces, ¿qué tendría ese ejército? Un guiñapo de hombres, malolientes, vencidos por la fatiga, el sudor del tabardillo con su fiebre infernal, los pies destrozados. Ya sin ganas de victoria.
Yo le di a ese ejército lo que necesitó: ¡valor a toda prueba! y Simón, igual. El hacía más por superarme. Yo no parecía una mujer. Era una loca por la Libertad, que era su doctrina. Iba armada hasta los dientes, entre choques de bayonetas, salpicaduras de sangre, gritos feroces de arremetidas, gritos con denuestos de los heridos y moribundos; silbidos de balas. Estruendo de cañones. Me maldecían pero me cuidaban, sólo el verme entre el fragor de una batalla les enervaba la sangre. Y triunfábamos. ‘Mi capitana -me dijo un indio-, por usted se salvó la patria’. Lo miré y vi un hombre con la camisa deshecha, ensangrentada. Lo que debieron ser sus pantalones le llegaban hasta las rodillas sucias. Sus pies tenían el grueso callo de esos hombres que ni siquiera pudieron usar alpargatas. Pero era un hombre feliz, porque era libre. Ya no sería un esclavo.
Difícil me sería significar el porqué me jugué la vida unas diez veces. ¿Por la patria libre? ¿Por Simón? ¿Por la gloria? ¿Por mí misma? Por todo y por darle al Libertador más valor del que yo misma tenía. El vivía en otro siglo fuera del suyo. Sí, él no era del diez y nueve. Sí, él no hizo otra cosa que dar; vivía en otro mundo muy fuera del suyo. No hizo nada, nada para él.
Recibí el grado de Húsar, y me dediqué por entero a ese trabajo laborioso de archivar, cuidar y glosar lo más grande escrito por S.E.; incluso salvaguardar nuestras cartas personales.
¡Había allí en Lima tanto desafuero! Pero combatimos lo indeseable. Bajo mi consejo, intuición y celo; se aumentaron las fiestas, la vida social mía. Se acrecentaron las reuniones, para saber descubrir a los enemigos del gobierno. Como espía, de tanto en tanto caía una buena información, la que inmediatamente le daba conocimiento de ella a S.E.
Se me nombró compañera del Libertador. Sí, compañera de luchas; metida en asuntos militares y presidenciales. Era necesaria, muy a pesar de los que lo asistían para su trabajo de él: una buena cantidad de ayudantes, generales, secretarios y auxiliares, de los que no necesitó nunca, pues era tercamente un solitario hombre introvertido, cuando su soledad lo aprisionaba.
Parecía que Simón lo supiera todo. Pero no era así, sus conocimientos necesitaron siempre de mi apoyo; el que era conocer los ambages de ideas de los naturales de estos lados del Sur. Insistentemente le pedí que fuera implacable, más cuando se tratara del bien de la república. Que no diera pie atrás en cada una de sus decisiones. Cosa por la que me admiraba y respetaba.
Juntos movilizamos pueblos enteros a favor de la revolución, de la Patria. Mujeres cosiendo uniformes, otras tiñendo lienzos o paños para confeccionarlos, y lonas para morrales. A los niños los arengaba y les pedíamos trajeran hierros viejos, hojalatas, para fundir y hacer escopetas o cañones; clavos, herraduras, etc. Bueno, yo era toda una comisaria de guerra que no descansó nunca hasta ver el final de todo”.

En agosto de 1988, fue localizado el lugar donde se encontraban los restos de Manuela Sáenz en el cementerio de aquella población. La identificación fue posible porque se encontró la réplica de la insignia inseparable que la identificaba como la compañera del Libertador.

Pablo Neruda visitó el lugar de su destierro y escribió el impresionante poema “La insepulta de Paita”, elegía dedicada a la memoria de Manuela, en Cantos Ceremoniales, 1962.

 

Virginia Vidal  (1932 – 2016)

Escritora y periodista chilena.

Fuente: Revista Punto Final, edición Nº 778

 

GUISEPPE VERDI: MÚSICO, POLÍTICO Y MASÓN

En 1978, cuando la Gran Logia Nacional de Francia  organizó la primera de las actuales reuniones anuales internacionales, los patrocinadores pensaron que sería apropiado recibir el ingreso con ceremonia del Gran Maestro con música compuesta especialmente para la ocasión.

Al buscar el tema más apropiado los QQ:. HH:. de la Columna de la Armonía resolvieron basar su trabajo en el ritmo del código morse para la “palabra” del primer grado. Cuando se armonizó ese ritmo, se dieron cuenta que se debía abandonar la idea, porque un siglo antes el destacado músico Giuseppe Verdi había hecho exactamente lo mismo, pues estas son las primeras notas musicales de la “marcha a las glorias de Egipto”, más conocidas como la “marcha triunfal” de la ópera Aida”.

 

– … / – – – /  …. / . – / – – . .

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B    O    H   A    Z

I    T    A  L   I    A          V

 

Todavía está en discusión si esta “V” final es: la firma de Verdi… significa Victoria… o es homenaje al  Rey  Vittorio II.

Datos biográficos.

Giuseppe Fortunino Francesco Verdi Uttini nació en Roncole  (llamada actualmente Roncole Verdi), hace 204 años, un 10 de octubre. La localidad era entonces parte del ducado de Parma (que a su vez formaba parte de Francia). Allí recibió sus primeras lecciones de música. Continúa sus estudios en la cercana ciudad de Busseto.

Se puede decir que sus primeros éxitos musicales están relacionados con la situación política que se vivía en Italiaen esos tiempos. Aparte de su calidad artística, sus óperas servían además para exaltar el carácter nacionalista del pueblo italiano. Quizás el “Va pensiero” (canto de los esclavos de la ópera Nabucco) es uno de los coros más conocidos de Italia.

Por su parte el destacado cantante Luciano Pavarotti, junto a varios intelectuales italianos, lo propusieron hace un tiempo para que fuera el himno oficial de Italia.

Sus creaciones más populares, de sus 28 óperas, para quienes no conocemos mucho de música pero sí de hermosas melodías: RigolettoLa Traviata e Il Trovatore.

En sus últimos años, Verdi compuso algunas obras no operáticas. A pesar de no ser religioso, obras litúrgicas tales como la: misa de Réquiem y el Te Deum.

La Unidad Italiana.

La unificación de Italia fue el proceso histórico que a lo largo del siglo XIX llevó a la unión de los diversos estados en que estaba dividida la península itálica. Se debe entender en el contexto cultural del  Romanticismo y la aplicación de la ideología nacionalista, que pretendían la identificación de Nación y Estado.

El proceso de la unificación se ubica a comienzos del siglo XIX. La península itálica estaba compuesta por varios estados (Lombardía, bajo el dominio austríaco; los Estados Pontificios; el reino de Piamonte; el reino de las Dos Sicilias, entre otros), lo que respondía más a una concepción feudal del territorio que a un proyecto de estado liberal. Después de varios intentos de unificación entre 1830 y 1848, que fueron aplastados por el gobierno austríaco, la hábil política del Conde de Cavour, ministro del reino de Piamonte, logró interesar al emperador francés Napoleón III en la unificación territorial de la península, que consistía en expulsar a los austríacos del norte y crear una confederación italiana. A pesar de la derrota del imperio austríaco, el acuerdo no se cumplió por temor de Napoleón a la desaprobación de los católicos franceses.

En la segunda fase se logró la unión del sur cuando Giuseppe Garibaldi, inconforme con el tratado entre Cavour y Napoleón, se dirigió a Sicilia con los “camisas rojas”, conquistándola y negándose a entregarla a los piamonteses. Desde allí ocupó Calabria y conquistó Nápoles. En 1860 las tropas piamontesas llegaron a la frontera napolitana. Garibaldi, que buscaba la total unidad italiana, entregó los territorios conquistados a Víctor Manuel.

Mediante plebiscitos: Nápoles, Sicilia y los Estados Pontificios se anexaron al reino de Piamonte y al futuro rey de Italia, Víctor Manuel II.

El papel conspirativo de la masonería y de los intereses de las distintas potencias europeas (concretamente Inglaterra, fuerte antagonista conFrancia) también se ha señalado como causa de lo que se llamó “IL RISORGIMENTO dell`ITALIA”.

En cualquier caso, el proceso fue encausado finalmente por la casa de Saboya, reinante en el Piamonte, en perjuicio de otras intervenciones republicanas de los notables francmasones Mazziniy Garibaldia lo largo de complicadas vicisitudes ligadas al equilibrio europeo (intervenciones de Francia y Austria), que culminaron con la incorporación del último reducto de los dogmáticos Estados Pontificios en 1870.

 

Verdi en la Política.

Verdi participó también con éxito en la política italiana. Entre varios eventos relacionados con la unidad italiana, cuando Roma fue liberada, constituida como unidad y temporalmente como República, fue utilizada la música de su ópera (1849) La Batalla de Legnano, como símbolo de la nueva situación.

 

Con anterioridad (1842), en el estreno de la ópera Nabucodonosor (más conocida como Nabucco)  y al término del coro “Va Pensiero”, en que se escuchó poéticamente:

 

…    ¡Vuela, pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas

donde exhala su suave fragancia  el dulce aire de la tierra natal!

¡Oh, mi patria, tan bella y perdida! ¡Oh recuerdo tan querido y fatal! …

 

el público comprendió el mensaje libertario ante la opresión extranjera e irrumpió en aplausos y reiterados ¡Viva Verdi!…¡Viva Italia!

En la lucha contra el invasor austriaco las paredes del país se llenaron de un inocente acrónimo: V.E.R.D.I., grafiti que pasaba inadvertido a los estúpidos policías de entonces pero cuyo significado político significaba: Vittorio Emanuele Re D´Italia.

Cuando en 1860 el país alcanzó la independencia de los extranjeros, Verdi ocupó un  primer plano político junto a los masones de la época, especialmente de Camilo Benso conde deCavour, principal artífice de este logro. Verdi accedió a formar parte del nuevo Parlamento donde ocupó el cargo de Senador.

En este movimiento señalado como “izquierda liberal” por los historiadores, debemos destacar los nombres de otros miembros de la francmasonería: Césare Balbo, Massimo Taparelli y Cristiano Rattazzi.

En política interna Cavour fue el artífice del orden monárquico constitucional, aceptando el liberalismo en el aspecto político y  económico, pero en realidad todas sus reformas estaban dictadas por su deseo de impedir cualquier tipo de insurrección democrática o republicana. Por ello el apoyo total al Rey de Italia, Vittorio Emanuele II.

Cavour aceptaba los principios de la democracia, pero insistía que el régimen político fuese dominado por una élite, precisamente estas ideas fueron motivo de sus más agrias discrepancias con el general patriota Garibaldi, quien preconizaba una “democracia que incluyera al proletariado y a los campesinos”.

Partidario acérrimo de la afirmación del político y periodista inglés  Charles Montalembert, «Iglesia libre en Estado libre»,Cavour se preocupó de redimensionar el poder de la Iglesia Católica en Italia, llevándola al exclusivo campo de sus feligreses, al mismo tiempo mantuvo una lucha tenaz contra los jesuitas, que detentaban el monopolio en las tareas educativas.

Cuando se unieron los ejércitos piamonteses y los “camisas rojas” y éstos tomaban Nápoles, Garibaldi entregó a Vittorio Emanuele II la autoridad política sobre el sur de Italia, con lo que se llegó a una reunificación parcial de la península. Tras la derrota de los últimos bastiones borbónicos en el sur, el 17 de marzo de 1861fue proclamado Rey de Italia en Turín, logrando Cavour cumplir su más preciado proyecto político.

También Verdi compartió estas luchas junto a Giuseppe Mazzini.

En 1831 Mazzini viaja a la Toscana, donde se convierte en miembro de los Carbonarios, una asociación secreta con fines políticos. Su actividad revolucionaria pronto le causó problemas con la justicia. El 31 de octubre de ese año fue arrestado en Génova y encarcelado. Durante su tiempo en prisión desarrolla los principios de un nuevo movimiento patriótico cuyo objetivo era reemplazar el fracaso de los Carbonarios. Aunque es liberado a comienzos de 1831, elige el exilio en vez de permanecer recluido en la pequeña morada en la cual la policía le obliga a vivir y viaja a Ginebra.

Luego enMarsella organiza una nueva sociedad política llamada “La Joven Italia”, sociedad secreta formada para promover la unificación de Italia. Mazzini creía que un levantamiento popular permitiría crear una Italia unificada y desencadenaría un movimiento revolucionario por toda Europa. El principio básico de la Sociedad era la unión de los diversos Estados y Reinos de la península, como único medio para lograrlo era que Italia debía ser “una  República unitaria, independiente y libre”.

Hacia 1833 la “Joven Italia” tenía cerca de 60.000 adherentes, con ramas en varias ciudades. Ese año Mazzini lanzó su primer intento de insurrección, el cual cubre desde la isla de Cerdeña,  Alessandria, Turín y Génova. Sin embargo, el gobierno de Saboya descubrió el complot antes de que comenzara y numerosos revolucionarios fueron arrestados. La represión fue brutal: 12 participantes fueron ejecutados. Mazzini fue juzgado en ausencia y sentenciado a muerte.

A pesar de este fracaso, Mazzini organizó otro levantamiento al año siguiente. Un grupo de exiliados debían entrar en el Piamonte desde Suiza y diseminar la revolución desde ese sitio, mientras que Garibaldi, que recientemente se había unido a la Giovine Italia, haría lo mismo en Génova. Sin embargo, este nuevo intento fue sofocado por las tropas del Piamonte.

En de mayo de 1834 Mazzini fue arrestado y exiliado a Suiza. Luego se dirigió a París, donde fue nuevamente detenido. Fue liberado al prometer que se trasladaría a Inglaterra. Mazzini, junto con unos pocos amigos italianos, se mudaron a Londres en enero de 1837, ese mismo año comenzó a publicar el “Apostolado Popular”. Sigue con su actividad revolucionaria, finalmente regresa a Italia en 1872 y mure al poco tiempoen condiciones de suma pobreza.

Día del Librepensamiento.

Durante una reunión mundial de librepensadores y laicistas, evento realizado en Mar del Plata, noviembre de 2012, se resolvió celebrar los días 20 de setiembre de cada año, el “Día del Librepensamiento”,como homenaje a los hombres y mujeres que combaten por la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos y los pueblos. Entregándoles luces para salir de la oscuridad que significan: los dogmas de las religiones, las mentiras de los poderosos, las supercherías propias de la ignorancia y los errores de la política antidemocrática  muchas veces con tendencias fascistas.

 

Dicha fecha conmemora el Día de la Unidad Italiana y en forma simultánea el Día de la Libertad de Pensamiento en recordación de esa gesta peninsular.

 

En la oportunidad se recordó que el 20 de setiembre de 1870, las fuerzas de Víctor Manuel II, Cavour y Garibaldi entraron en Roma para sellar la unidad italiana, quesignificó la caída definitiva del poder temporal del papado, de su ficticio “derecho divino”; y representó un gran triunfo para las fuerzas democráticas, republicanas y secularizantes del mundo.

Cabe recordar también que Giuseppe Garibaldi, había luchado antes a favor de la República contra las fuerzas imperiales en Brasil y luego había colaborado con las fuerzas liberales que defendieron la sitiada capital del Uruguay entre 1843 y 1851, durante la “Guerra Grande”.

 

Es importante anotar que Giuseppe Garibaldi formó parte de la masonería de Nápoles inicialmente, luego se vinculó con Logias del Brasil en Río Grande do Sul y en la ciudad de Montevideo. Definitivamente de regreso a su país fue elegido Gran Maestre del Gran Oriente de Italia en 1867 y Gran Comendador del Supremo Grado 33°.

VERDI y la MASONERIA.

Durante el dominio napoleónico, se formó en Italia un grupo secreto de resistencia: los Carbonarios. Era una sociedad con características masónicas, liderada por el general francés Joaquín Murat. Su objetivo, como el de laOrden en general, era combatir la intolerancia religiosa, el absolutismo y defender los ideales liberales. También lucharon contra las tropas francesas porque estas estaban realizando, además, el “delito de incautación del patrimonio histórico, arqueológico y artístico de Italia”.

En 1830, como decíamos anteriormente, Giuseppe Mazzini se incorporó a los carbonarios. Luego fue encarcelado por incitar a la rebelión al pueblo junto a otros revolucionarios. Posteriormente, pasó a la acción y fundó la  “Joven Italia”.Su lema era:  Derechos de los hombres, progreso, igualdad jurídica y fraternidad. La sociedad organizó células por toda la península. Muchos masones, señalan los historiadores, pertenecieron a la organización.

Por lo anterior, varios historiadores, presumieron que Verdi pertenecía a la masonería italiana, debido a todos sus contactos, acciones, dichos y otras referencias históricas.

Lo más interesante. Me permito copiar párrafos finales de la investigación realizada por el historiador y masón John Ketley, miembro de la Logia Phoenix Nº 30 de la Gran Logia Nacional de Francia, documento que también fue publicado en diversas revistas masónicas de América, que en una de sus partes dice:

“ … Verdi, sólo después de mucha persuasión emprende la ópera AIDA, para presentarla en El Cairo en 1871… Fue dedicada, sin duda, para una Italia unida… Es apropiado entender que la obra fue un tributo a su amado país al cual había hecho tanto junto a la francmasonería y destacados masones como Víctor Manuel, Garibaldi, Mazzini y otros miembros…”

Uno de sus biógrafos, George Martin, titula un capítulo sobre la vida de Verdi, ¿El Réquiem de un Agnóstico?

Este comenta: “Verdi era un músico anticlerical, pero desde “I lombardi” y hasta “Otello” encontramos plegarias en sus óperas. Su Réquiem es el de un agnóstico, en cuanto no propone una resolución católica, luterana o hindú, propias de los temores que provocan las necesidades filosóficas del hombre, pues sugiere la búsqueda de la verdad o primer causa del Universo”.

 

Verdi y sus mujeres.

Margarita Barezzi fue su primera esposa quién falleció cuando Verdi tenía 27 años. Dos años antes habían fallecidos sus hijos Icilio y Virginia. Tuvo un segundo matrimonio con la soprano Giuseppina Strepponi, con quién por un tiempo fueron “pareja”, esto último muy comentado picarescamente en Milán.

Sus biógrafos resaltan que en los asuntos de “amoríos” no se le conocieron aventuras, pero si puedo decir que amó intensamente a muchas mujeres ampliamente conocidas, nombro algunas: Aiday Amnerisen la ópera Aida; Desdémonaen Otello; la Princesade Éboliy Elisabetta di Valoisen Don Carlo;Gildaen Rigoletto; Azucenay Leonoraen Il Trovadore; y, sin duda, Violettaen la Traviata que necesitó una soprano “absoluta”, como lo fue la Strepponi.

Los especialistas han dicho que para cantar esta ópera se necesitan tres sopranos: en el primer acto una lírico-ligera, luego una lírico spinto en el segundo y, una soprano dramática para el acto final.

Verdi contó con Giuseppina Strepponi, hoy  y por siempre en una sencilla tumba en la ciudad de Milán, junto al recuerdo de todos los que les admiramos.

 

Posibles conclusiones.

 

Sin considerar lo señalado al inicio de este trabajo.

No se conocen documentos escritos que señalen si Verdi fue iniciado en la Orden, pero hay múltiples indicaciones históricas de que si lo era. Lo certifica su importante acción por la unidad italiana, que indudablemente fue una lucha masónica. Está plenamente comprobado que sus líderes, tanto Mazzini como Garibaldi que llegaron a ser Grandes Maestros del Gran Oriente de Italia, fueron sus amigos.

Está comprobado que Cavour fue iniciado en Francia y la pertenencia en la Orden de Mazoni y del poeta Giovanni Camillo Maffei, otros de sus amigos.

Si Verdi no hubiera sido masón, sería el único en los diversos grupos políticos, musicales y “sociales revolucionarios” que frecuentaba permanentemente.

También fueron masones Francesco María Piave y Arrigo Boito, ambos escribieron los libretos de la mayoría de sus óperas.

Durante su vida Verdi se comportó como un verdadero masón, en lo que se refiere a sus bienes. Fue muy generoso con las viudas del libretista Piave y del escritor Salvatore Cammarano, entre otros fallecidos. Aportó importantes cifras para “La Comuna de París de 1871” a través del H:. Camille Du Locle. Fundó el ya mencionado hogar para músicos desamparados. Todas sus actuaciones personales y económicas las manejó con mucha discreción. Fue un permanente censor del Papa y de la Iglesia Católica, a la cual consideraba “completamente equívoca”. Todo esto ha sido ratificado por sus biógrafos.

Sin duda, todos los masones lo podemos reconocer como tal.

 

Su paso al O:. E:.

Giuseppe Verdi pasó a D:. E:. O:. E:. el 27 de enero de 1901, en Milán, debido a un derrame cerebral. Durante su agonía las calles de Milán, cercanas a su residencia, fueron cubiertas de paja para que los carruajes no le molestaran con sus ruidos.

Verdi dispuso que su funeral debiera ser sin ostentación de ninguna clase. Efectivamente fue enterrado en forma privada. Posteriormente sus restos fueron trasladados a la Casa di Riposo per Musicisti, (la Casa Verdi) y resultó inevitable que una multitud hiciera calle al paso del cortejo y un canto de un millar de personas, entre otros el coro del teatro de la Scala de Milán, le despidieran con su “Va pensiero sull´ati dórate”, bajo la dirección de Arturo Toscanni.

 

Terminamos este trabajo con una referencia simbólica, bella y original al señalar el dolor por la partida al O:. E:. de nuestro QH:., presentada en la película “Novecento”,del director Bernardo Bertolucci. Tras un primer episodio que se desarrolla en abril de 1945, en una región italiana, luego de la caída del fascismo, donde transcurre toda la historia del film, la acción retrocede al comienzo del siglo XX…, y como si se tratara de una aparición, surge un jorobado parecido al personaje principal de la ópera Rigoletto (de fondo la música de la obertura de esta ópera), este anuncia a voces:

 

¡ Giuseppe Verdi ha muerto !…

¡ Giuseppe Verdi ha muerto ! …

¡ Giuseppe Verdi ha muerto ! …

al parecer como que se lamentara el propio personaje operístico, conmovido por la muerte de su creador, al inicio del siglo.

Los caminos que hoy recorre Verdi junto a Giuseppina… nos son desconocidos.

Hoy rindo un homenaje fraternal.

Bibliografía:

L’intensa vita di un genio. Á. Casso.

Verdi e l’unificazione italiana. A. Conde.

Enciclopedia “Gioielli di musica”.

Rivista  del G. O. d´Italia – Massoneria Oggi

Vari documenti del WEB e fascicoli internazionali.

 

APORTE desde Italia:

Pietro T. Gallo

2018

(Traducción libre de los Editores)

LOS ESTAUTOS DE SCHAW (1598)

En Edimburgo, el vigésimo octavo día de diciembre del año de Dios 1598.

Estatutos y ordenanzas que deben observar todos los maestros masones de este reino, establecidas por William Schaw, Maestro de Obras de Su Majestad (el Rey Jacobo VI) y Vigilante General de dicho oficio, con el consentimiento de los maestros abajo firmantes.

Primeramente, observarán y guardarán por sus predecesores de memoria todas las ordenanzas precedentemente establecidas concernientes a los privilegios de su oficio, y en particular serán sinceros los unos con los otros y vivirán juntos en la caridad habiéndose convertido, por juramento, en hermanos y compañeros de oficio.

Obedecerán a sus Vigilantes, diáconos y maestros en todo lo concerniente a su oficio.

Serán honestos, fieles y diligentes en su labor, y se dirigirán con rectitud a los maestros o propietarios de las obras que emprendan, tanto si son pagados a destajo, o alojados y alimentados o pagados por semanas.

Nadie emprenderá una obra, grande o pequeña, que no sea capaz de ejecutar con competencia, bajo pena de una multa de cuarenta libras o del cuarto del valor de dicha obra, sin perjuicio de las indemnizaciones y compensaciones a pagar a los propietarios de la obra según la estimación y el juicio del Vigilante General, o en su ausencia, según la estimación de los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde dicha obra esté en construcción.

Ningún maestro tomará para sí la obra de otro maestro después de que éste lo haya convenido con el propietario de la obra, ya sea por contrato, acuerdo con arras o acuerdo verbal, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Ningún maestro retomará una obra en la cual otros maestros hayan trabajado anteriormente hasta que sus predecesores hayan recibido el salario del trabajo cumplido, bajo pena de la misma multa.

En cada una de las logias en que se distribuyen los masones se escogerá y elegirá cada año un vigilante que estará a cargo de la misma, ello por sufragio de los maestros de dichas logias y con el consentimiento de su Vigilante General si se halla presente. Si no es así, se le informará de que un vigilante ha sido elegido por un año, a fin de que pueda enviar sus directrices al vigilante elegido.

Ningún maestro tomará más de tres aprendices a lo largo de su vida si no es con el consentimiento especial de todos los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde vive el aprendiz que él quiere tomar de más

Ningún maestro tomará ni se atribuirá un aprendiz por menos de siete años, y tampoco será permitido hacer de este aprendiz un hermano y compañero del oficio hasta que haya ejercido otros siete años tras el fin de su aprendizaje salvo dispensa especial concedida por los vigilantes, diáconos y maestros reunidos para juzgarlo, y que se haya probado suficientemente el valor, cualificación y habilidad de aquél que desea ser hecho compañero del oficio; ello, bajo pena de una multa de cuarenta libras a percibir de aquél que haya sido hecho compañero del oficio contrariamente a esta ordenanza, sin perjuicio de las penas que se le puedan aplicar por la logia a la cual pertenezca.

No se permitirá a ningún maestro vender su aprendiz a otro maestro, ni liberarse por dinero con respecto al aprendiz de los años de aprendizaje que aquél le debe, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Ningún maestro recibirá aprendices sin informar al vigilante de la logia a la cual pertenece, a fin de que el nombre de dicho aprendiz y el día de su recepción puedan ser debidamente registrados.

Ningún aprendiz será entrado sin que sea respetada la misma regla, a saber, que su entrada sea registrada.

Ningún maestro o compañero del oficio será recibido o admitido si no es en presencia de seis maestros y de dos aprendices entrados, siendo el vigilante de la logia uno de los seis; el día de la recepción, dicho compañero del oficio o maestro será debidamente registrado y su nombre y marca serán inscritos en el libro juntamente con los nombres de los seis que lo han admitido y los de los aprendices entrados; igualmente, se inscribirá el nombre de los instructores que se deban elegir para cada recipiendario. Todo ello, con la condición de que ningún hombre será admitido sin que se le haya examinado y se haya probado suficientemente su habilidad y valor en el oficio al que se consagra.

Ningún maestro trabajará en una obra de masonería bajo la autoridad o dirección de otro hombre de oficio que haya tomado a su cargo una obra de masonería.

Ningún maestro o compañero de oficio acogerá un cowan * para trabajar con él, ni enviará a ninguno de sus ayudantes a trabajar con los cowan, bajo pena de una multa de veinte libras cada vez que alguien contravenga esta regla.

No se permitirá a un aprendiz entrado emprender una tarea u obra para un propietario por un valor superior a diez libras, bajo pena de la misma multa precedente, a saber, veinte libras; y después de haber ejecutado esta tarea, no empezará otra sin el permiso de los maestros o del vigilante del lugar.

Si estalla alguna disputa, querella o disensión entre los maestros, los ayudantes o los aprendices entrados, que las partes en presencia comuniquen la causa de su querella a los vigilantes y a los diáconos de su logia en un plazo de veinticuatro horas, bajo pena de una multa de diez libras, a fin de que puedan reconciliarse y ponerse de acuerdo y de que su diferendo pueda ser allanado por dichos vigilantes, diáconos y maestros; y si sucede que una de las partes se empeña y se obstina, serán excluidos de los privilegios de su logia respectiva y no les será permitido volver a trabajar en ella hasta que reconozcan su error ante los vigilantes, diáconos o maestros como se ha dicho.

Todos los maestros emprendedores de obras velarán para que los andamiajes y las pasarelas estén sólidamente instalados y dispuestos, a fin de que ninguna persona empleada en dichas obras se lastime como consecuencia de su negligencia o su incuria, bajo pena de ser privados del derecho de trabajar como maestros responsables de obra y de ser condenados por el resto de sus días a trabajar bajo las órdenes de otro maestro principal que tenga obras a su cargo.

Ningún maestro acogerá ni empleará al aprendiz o al ayudante que haya escapado del servicio de otro maestro; en el caso que lo haya acogido por ignorancia, no lo conservará con él cuando sea informado de la situación, bajo pena de una multa de cuarenta libras.

Todas las personas pertenecientes al oficio de masón se reunirán en un tiempo y en un lugar debidamente anunciado, bajo pena de una multa de diez libras (en caso de ausencia).

Todos los maestros que hayan sido convocados a una asamblea o reunión prestarán el juramento solemne de no ocultar ni disimular las faltas o infracciones que hayan podido cometer los unos respecto a los otros, así como las faltas o infracciones que tales hombres (de oficio) tengan conocimiento de haber podido cometer hacia los propietarios de las obras que tienen a su cargo; ello, bajo pena de una multa de diez libras a pagar por aquéllos que hayan disimulado tales faltas.

Se ordena que todas las multas previstas anteriormente sean aplicadas sobre los delincuentes y contraventores de las ordenanzas por los vigilantes, diáconos y maestros de las logias a las cuales pertenezcan los culpables, y que el producto sea distribuido “ad píos usus” según la conciencia y parecer de dichas personas. Y con el fin que estas ordenanzas sean ejecutadas y observadas tal como han estado establecidas, todos los maestros reunidos en el día indicado precedentemente se comprometen y obligan a obedecerlas fielmente. Es por ello que el Vigilante General les ha requerido firmar el presente manuscrito de su propia mano, a fin de que una copia auténtica sea enviada a cada logia particular de este reino.

William Schaw, Maestro de Obras

 

(Publicado por Philippe Langlet: Textes fondateurs de la frac-maçonnnerie – París 2006.)
(Traducción: Mireia Valls.)

Nota *
La palabra cowan, seguramente de origen escocés, designaba antiguamente a los albañiles que no estaban iniciados en el arte masónico ni conocían los secretos del oficio. Según los textos eran aquellos que no estaban cualificados para recibir la palabra del masón, aquellos que “construían muros con piedras no desbastadas y sin cal”

Las Logias Masónicas en la memoria histórica

Hace un buen tiempo me he preguntando del por qué no tenemos una mayor visibilidad de las logias masónicas en Cuba.

La conmemoración de un aniversario del nacimiento del General Antonio Maceo constituyó motivo para que la Logia: “Los Maceo Nº 24”, de Guantánamo, me invitara a impartir una conferencia acerca de la familia Maceo-Grajales. Fue al intentar  obtener una nueva lectura sobre esta familia paradigmática cuando se me puso de relieve la trascendencia de la masonería en la historia de Cuba.

 

Mucho se ha escrito y hablado sobre el papel del Partido Revolucionario Cubano en la forja de la Revolución del 95, pero casi se desconoce el rol desempeñado por las logias como fragua de la Guerra Grande y que estas fueron hervidero ideológico donde se formaron hombres que con sus ideas, su accionar y con su vida construyeron el altar más alto y sagrado de la patria cubana.

 

Las grandes causas son hijas de las grandes ideas y para que estas alcancen el triunfo requieren ser accionadas, impulsadas,  por un resorte capaz de penetrar los pensamientos más nobles en aras de los objetivos más revolucionarios. Este resorte que constituyeron las logias masónicas en Cuba se ha estado moviendo a todo lo largo de nuestra historia, casi en silencio, sin mayores resonancias y diría que casi sin reconocimiento.

 

Cuando en el título de este trabajo rubrico que las dos figuras más relevantes de la historia de Cuba eran masones en realidad debí decir las tres, porque el tercero, no por no haber nacido en nuestra isla ha dejado de ser cubano. Él, como el Che se ganó su ciudadanía con las armas en las manos.

 

Justamente leyendo sobre la vida del generalísimo Máximo Gómez confirmo la trascendencia de la institución referida. Como las simientes en su labranza, germina la conjura contra España, se extiende y consolida a la sombra de la masonería, cuyas puertas abre a este dominicano que personifica la probidad y la entereza.

 

Nucleados en pequeños grupos diseminados en Santiago de Cuba, Manzanillo, Camagüey, Las Villas y otras demarcaciones se congregaron en las logias masónicas, a las que identifican con el radicalismo político, no justamente porque promuevan conspiraciones, sino debido a que su doctrina las hace incompatibles con los regímenes coloniales.

 

Como individuos convencidos de sus ideales, los masones sienten el deber de luchar por el mejoramiento humano, social y nacional.  Es el pensamiento forjado en el interior de la isla y de la diáspora cubana, es lo que también habría de incidir en la transmutación sufrida por Gómez, cuyo nombre aparece en la membresía de la Logia de Jiguaní. Está incluido en un listado de las principales figuras independentistas que con el aval de pruebas documentales o testimonios fehacientes demuestran su filiación a la masonería: Carlos Manuel de Céspedes, Bartolomé Masó, Manuel de Jesús Calvar, Francisco Javier  de Céspedes y Tomás Estrada Palma, en Manzanillo. Francisco Vicente Aguilera, Pedro Figueredo y Francisco Maceo Osorio, en Bayamo. Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcava, en Las Tunas. Donato Mármol y Máximo Gómez, en Jiguaní.  Ignacio Agramonte, Salvador Cisneros Betancourt, Bernabé y Enrique José Varona, de Camagüey, entre otros que alcanzan relieve nacional”. (1)

 

Estos “hombres del 68” como los llamara Máximo Gómez  pertenecieron al cuerpo masónico integrado por más de veinte logias conocido como Gran Oriente de Cuba y las Antillas GOCA creado por el médico cubano Vicente Antonio de Castro y Bermúdez.

 

El historiador imprescindible, Eduardo Torres-Cuevas señala: “para muchos historiadores, y otros que no lo son, estas logias masónicas fueron un simple instrumento para conspirar contra España. No obstante, la lectura de las liturgias de esta institución permite comprender que su papel resulto aún mucho más importante. Fue el trasmisor desde 1862, de un proyecto democrático, laico, republicano e independentista que encauzó, unió y permitió  darle dimensión a las preocupaciones de la juventud de su época. Fue un río subterráneo que corrió, aparentemente invisible, cuando navegaba en la superficie social del reformismo político. En su curso perforó las bases  ideológicas  que determinarían el desarrollo de la vía revolucionaria independentista y trasformadora”. (2)

En ese río de aguas independentistas y trasformadoras no podía dejar de navegar un joven santiaguero nombrado Antonio Maceo y Grajales, así como tampoco su hermano José. Se afirma que ya a la edad de 18 años, su padrino José Asencio de Asensio le explica las características de la masonería y lo presenta en la nueva institución, ingresando en ella en el año 1864.

 

Allí fue donde encontraron su formación ideológica, una ideología que implicaba no solo la independencia, sino la República que se construiría posteriormente, de ahí aquel pensamiento de Maceo haciendo referencia a lo que vendría después y el concepto de justicia e igualdad.

 

Al decir de Eduardo Torres Cueva, la liturgia del GOCA, eran esencialmente sociopolíticas y no solo filantrópico-fraternales. Su objetivo fundamental radicaba, según su propia definición, en unir y formar hombres capaces de dar respuestas a los grandes problemas sociales y espirituales del país; hombres capaces de pensar y sentir desde lo humano y por lo humano. Su lema era: ciencia, conciencia, virtud.

 

Aida Rodríguez Sarabia a quien cita Torres Cueva en su libro al referirse a la militancia del joven Maceo señala: “Se inicia en la logia, ¡cuántas ideas poblaron su mente! ¡Cuántas emociones desconocidas  lo electrizaban! Allí, en aquel templo masónico, se pintaba al desnudo la verdad  doliente de Cuba (…) al día siguiente en las horas de descanso, entre faena y faena, a sus padres, a sus hermanos, a sus familiares, a sus  partidarios, a los mozos de labranza, a todos les hacía saber a través de su emoción y de su capacidad el valor que había dado a cada predica oída la  noche anterior. Explicaba cómo era posible la libertad y cómo había que saber unirse para triunfar. Antonio traía en cada mensaje de la logia un nuevo motivo que hacia crecer aceleradamente un sentido inmenso e irreductible de libertad. Debe tenerse en cuenta que Antonio discutía con su  hermanos y sus padres estas ideas”.

 

No resultaría ocioso atribuir la afición de Antonio Maceo por la lectura a la influencia recibida en la logia donde militaba. Su inclinación por los libros de historias y de novelas como las de Alejandro Dumas, Los Miserables de Víctor Hugo, las biografías  como la de Bolívar o de Toussaint Louverture así lo confirman.

 

Lo mismo podría señalarse por sus hábitos de pulcritud, y caballerosidad entre otros. Su firma estaba integrada por los tres puntos de triangulo masónico del Gran Oriente de Cuba y las Antillas.

¿Y qué decir de Martí? ¿Cuánto se ha dicho de la doctrina del apóstol? ¿Podría un joven de su temperamento y tempranas inquietudes permanecer ajeno a semejante reservorio de ideas y virtudes? Por esas coincidencias de la historia se afirma que él, al igual que el joven Antonio, fue iniciado en la masonería a los 18 años de edad, que también como al Titán, hubo de presentarlo su más cercano mentor, en este caso el maestro  José María de Mendive.

 

Hay que apuntar que en la primera década del siglo XIX, etapa convulsa y decisoria en la formación de la nación cubana, cuando el racismo se enseñorea en el régimen colonial y esclavista de la sociedad habanera ya la masonería hace sentir sus ecos revolucionarios. “El 16 de octubre de 1810, aparecen los documentos de la causa formada, por intento de sublevación y francmasonería, contra Román de la Luz, Joaquín Infante y Luis Francisco Bassave.

 

En ese contexto, se gesta la conspiración de mayor alcance nacional que involucró a miles de negros y mulatos, que estalló el 15 de marzo de 1812 en que, de acuerdo con lo expuesto por José Luciano Franco,  […]  dictó la primera declaración de independencia de Cuba y mandó a  clavarla en la puerta del palacio del capitán general”. (3)

 

¿Merece o no honrar a la organización sociopolítica de mayor duración en la historia de Cuba?

 

Por: Heriberto Feraudy Espino

(Aporte del IPH:. Jorge Domínguez 33º – Camagüey)

 

 

Notas:

(1) Minerva Isa y Eunice Lluberes: Máximo Gómez HIJO DEL DESTINO. Santo Domingo, República Dominicana, 2009.

(2) Eduardo Torres-Cuevas: Las ideas que sostienen el arma, La Habana, 2012.

(3) “Esa fue la conspiración de José Antonio Aponte”. Boletín del Archivo Nacional, 2012.

 

MOZART

El 27 de enero de 1756 nace en Salzburgo, Austria, Wolfgang Amadeus Mozart, de quién tanto se ha escrito, siendo estas breves pinceladas síntesis de autorizados antecedentes, entre las más de trece mil obras, libros, monografías y trabajos de investigación que se han escrito sobre la materia.

El 5 de diciembre de 1791, entre dolores inaguantables y sus dedos deformes, con sólo 35 años, muere Mozart… y comienzan las malvadas leyendas, generalmente conocidas, como la que dice que: “a comienzos de 1792, su esposa Constanza busca en el cementerio de San Marcos la tumba de su esposo, el sepulturero haciendo memoria comentó: debe ser aquel muerto que llegó cuando llovía a cántaros, alguien dijo que había sido un músico muy bueno… sí, tiene que ser él, que llegó completamente solo, solo no, un perro vagabundo llegó hasta el lugar del entierro, se quedó un rato parado y luego se marchó”.

Insolentes mayores afirman que Mozart fue envenenado por el músico Salieri. Y se invirtieron grandes capitales en la película “Amadeus”, que la sociedad de consumo y la estupidez humana obligó a plagarla de mentiras para hacerla “taquillera”. Los habitantes de Legnano, tierra natal de Salieri, iniciaron una demanda por calumnias en contra de los productores de la película.

Regresando a la realidad, en la página 364 del tomo I de la obra “Los Grandes Compositores”, edición Salvat, publicación aceptada como seria, dice:

“… También en torno al funeral y al entierro se ha tejido una leyenda que es totalmente falsa, el cadáver no fue conducido “desamparado de todos y sólo acompañado de un perro”, a los funerales asistieron muchos músicos y amigos, hasta la puerta de la ciudad, según la costumbre y conforme a esta misma costumbre tampoco asistió su esposa Constanza. La tarde del 6 de diciembre de 1791 fue apacible y soleada en Viena. No fue enterrado en una fosa común, pero no teniendo una sepultura propia, previamente adquirida, el sepulturero no recordó, luego, el lugar exacto del entierro”.

De conformidad con los estudios científicos realizados se ha determinado que la muerte de nuestro querido hermano Mozart se produjo por causas naturales y se ha descartado que haya sido asesinado.

Mozart y la masonería.

Las primeras noticias biográficas sobre Mozart las debemos a George Nicolaus Nissen, quien en 1878 publicó una vida del compositor. Nissen se casó en segundas nupcias con la viuda Constanza, recopiló toda la nutrida correspondencia de Mozart, pero no obtuvo el material masónico pues la familia lo había destruido.

Sus biografías masónicas son de hace poco tiempo y sus resultados son sorprendentes. Sus biógrafos dicen que el querido hermano Mozart provenía de una familia estrechamente ligada a la masonería: se ha podido llegar hasta el tatarabuelo, David Mozart (1620-1685), albañil y maestro de obras en Augusta, miembro de una Logia “operativa”, y su abuelo Johann fue preboste de la Corporación de los Constructores de Augusta.

Son muchas e importantes las obras musicales de Mozart basadas en textos masónicos y sus relaciones con la masonería antes de su ingreso a ella, según los expertos.

Su iniciación se produce en 1784, apenas siete años antes de su muerte, en la Logia “La Beneficencia”, cuyo Venerable Maestro era el respetado hermano Otto von Gemmingen-Hornberg, taller que había sido fundado un año antes, el 11 de febrero de 1783. Era una Logia pequeña, razón por la cual sus miembros preferían trabajar en el Templo de la Logia “La Verdadera Concordia” o en el de la Madre Logia de ambas: “La Esperanza Coronada”.

A pesar de la Bula Papal de 1738 condenando a la masonería y con la opinión en contra de María Teresa y su hijo José II, las logias austriacas trabajaban en esa época con gran entusiasmo y se habían convertido en un lugar de encuentro de élites internacionales de la cultura y la política.

Por ejemplo, la Logia “La Verdadera Concordia” contaba en 1785, cuando Mozart comenzó a frecuentarla, con unos doscientos hermanos, siendo su Venerable Maestro el respetado hermano Ignaz von Born.

Por insistencia de Mozart, el 6 de abril de 1785 se inicia su padre Leopoldo.

Todos estos acontecimientos hacen que Mozart dedique gran parte de su tiempo a las composiciones de música masónica, muy abundantes, como conocemos hoy.

Con motivo de su ascenso a Maestro, el 22 de abril de 1785, junto con su padre, quién debía regresar a Salzburgo y a quien no volvería a ver jamás, compone sus obras masónicas más significativas: la cantata Die Maurerfreude (La alegría masónica) K. 471 y la Maurerische Travermusik (Música fúnebre masónica) K. 477.

La información al respecto es abundante, pues sólo con las actas de estas Logias habría para escribir innumerables páginas.

La actividad y el cariño de los hermanos para Mozart se comprueban con esta Circular de dicha época, enviada a los diversos talleres austriacos:

“Con el objeto de ayudar a dos hermanos extranjeros, que se han quedado sin dinero, las Logias “Las Tres Águilas” y “La Palmera” organizan un concierto el miércoles próximo, 20 de octubre, a las seis y media de la tarde, en el Hotel de las Logias, en que el hermano Mozart se dejara oír. Se ruega fraternalmente a las Logias hermanas hacer circular esta información entre sus miembros y pedirles acudan en el mayor número posible a este concierto, a cuya entrada se ruega depositar a favor de los hermanos extranjeros una contribución dejada a su discreción”.

Firmaban esta circular los Venerables Maestros Puthon y Loybel y en una posdata el Secretario Kette, añadía: “El hermano Mozart divertirá a los concurrentes con sus improvisaciones tan apreciadas”.

Pero esta fraterna felicidad termina el 11 de diciembre de 1785, cuando el Emperador ordena intervenir las logias por la policía. Se ordenó el funcionamiento de una sola logia por ciudad, capital de región. Luego se pidió el listado de sus miembros, días de reuniones y temas a tratar, “siempre con la indicación de la hora”.

Con esto se produce un obvio decaimiento en la masonería y temor en muchos hermanos, pero Mozart continua con gran actividad.

El 30 de septiembre de 1791 se estrena su ópera “La Flauta Mágica”” y el 15 de noviembre entrega a su Logia el “lied” para la clausura de la Logia: “Enlacemos nuestras manos” el que luego se transformará en un himno nacional. Y este es el adiós de Mozart que hace cantar a sus hermanos, les habla de amor, trabajo y del futuro, para terminar con la palabra “luz”.

 

En la emocionante Tenida Fúnebre por Mozart, el querido hermano Friedrich Hensler se expresó así:

“Permitidme venerables y dignísimos hermanos abordar un tema tristísimo para todos nosotros y que al presente nos afecta, el Gran Arquitecto del Universo ha querido arrancar de nuestra fraterna cadena a uno de los eslabones más queridos y beneméritos, ¿quién no conocía?, ¿quién no estimaba?, ¿quién no amaba? a nuestro digno y querido hermano Mozart. Hace muy pocas semanas estaba todavía entre nosotros celebrando con sus mágicas notas la consagración de nuestro Templo”.

“Fue un celoso miembro de nuestra Orden, amor para los hermanos, tolerancia, bondad, beneficencia, verdadero e íntimo sentimiento de alegría cuando podía ayudar con sus dotes a sus hermanos”.

“Las cenizas de nuestro hermano, para nosotros siempre querido, descansan en paz. Su precoz muerte sea, para nosotros, el más enérgico estímulo a la virtud. Que nuestro recuerdo se una a él en los lugares ultra terrenos donde la plena luz de la eterna fuente de Jehová se manifiesta a todos los verdaderos masones”.

Posteriores publicaciones de prensa se han hecho eco de rumores falsos y han dicho que Mozart habría fallecido a causa de un Ritual llevado a cabo por la Masonería o que murió envenenado por su rival y enemigo, Antonio Salieri, ayudado por su mujer Isidora, y que ambos habrían sido instrumento de la Masonería.

Sin embargo, en el adiós a Mozart estuvieron sus hermanos príncipes, barones, oficiales superiores, altos funcionarios públicos, diplomáticos, escritores, músicos, banqueros, comerciantes e intelectuales. Sin duda en esa “cadena fúnebre” estuvieron el príncipe Carl Lichnowsky, el maestro Beethoven, el escritor Ignaz de Luca, el distinguido músico Haydn, el cronista Johann Pezzl, el crítico Gaspar Riesbeck, el filósofo Goethe… y muchos otros distinguidos hermanos, quienes, al decir de la prensa calumniosa, lo asesinaron por revelar los secretos masónicos en la ópera La Flauta Mágica.

Nos preguntamos, siguiendo la lógica de la calumnia: ¿y por qué no asesinaron al hermano Schikaneder o al Gran Maestro von Born, responsables del libreto, y condenaron a quien solo compuso la música? Estas afirmaciones malintencionadas desconocen el carácter eminentemente ético de la masonería.

La Película “Amadeus”

Con gran éxito de público y premios, el cine presentó una película relacionada con la vida de Mozart, lamentablemente alejada de la realidad histórica, lo que obliga hacer algunas aclaraciones para que quienes la hayan visto o la vean a futuro no queden con una falsa imagen de este genio, quedando la defensa de Antonio Salieri para otros que conozcan mejor su vida.

Por comentarios de hombres importantes de su época y por las innumerables cartas que de él tenemos, se puede establecer que Mozart fue un joven atormentado, con gran sentido del honor, tremendamente responsable, enemigo de todo lo que afectara su salud y con un humor normal. El maestro Haydn lo señaló como: “trágico, profundo y acongojado”.

No hay antecedentes serios para calificarlo como frívolo, irresponsable, mujeriego o de apariencia estúpida, como se muestra en la película.

Los estudiosos nunca han sospechado de Antonio Salieri como responsable de la muerte de Mozart. Las rivalidades de los músicos en las Cortes eran normales. Recordemos, además, que los habitantes de Legnano, ciudad natal de Salieri, demandaron a los productores de la película por el infundado desprestigio de su coterráneo.

Puntualmente:

No son efectivos los preliminares al estreno de “Las Bodas de Fígaro”. Es más, basta conocer el libreto de la ópera para darnos cuenta de lo anterior.

De total inexactitud e ignorancia resulta la relación entre el Comendador y el padre de Mozart. No debemos olvidar que dicho argumento corresponde a la obra de Tirso de Molina llamada “El Burlador de Sevilla”, libreto que fue escrito antes de la muerte de Leopoldo, el padre. Recordemos además que esta obra fue estrenada en Praga.

Entre la fecha del estreno de La Flauta Mágica y la muerte de Mozart transcurrieron dos meses y cinco días. Y, en lo que respecta a esta obra, nunca nadie, y menos sus autores, la han considerado como un vodevil, muy por el contrario.

No es efectivo que Mozart fuera reemplazado por un desmayo el día del estreno de “La Flauta Mágica”, ni que Salieri lo llevara a su casa, ni menos que muriera al día siguiente.

Hasta 1964 no se sabía quién le solicitó el Réquiem a Mozart, sólo se conocía que el mensajero no era vienés, pues actuó a rostro descubierto. A esta fecha se conoce el nombre del solicitante.

Fuente: Academia Francmasónica Ecuatoriana

300 años de masonería en España

 “relegación del hecho religioso a la esfera puramente privada”

Suele suponerse que el acta de bautismo de la masonería fue extendida en 1717, pero la verdad es que esta es falsa: sabemos de la existencia de masones en el siglo anterior por varias vías, pero bastaría con que citáramos la conocida querella entre los hermanos de York y los de Londres durante el siglo XVII, que se extenderá a lo largo de un siglo. Sin embargo, los masones insistirán en que sus orígenes no hay que remontarlos más atrás de 1717 ¿Por qué?

 

Para Menéndez-Manjón y Manuel Guerra, lo más probable es que tratasen de ocultar nada menos que sus orígenes católicos: la masonería había empezado como una organización al servicio de los Estuardo. Y ahora, a comienzos del siglo XVIII, con Jorge I en el trono, los partidarios del príncipe protestante deseaban ocultar su anterior naturaleza y posicionarse como partidarios del rey alemán. Pero, de hecho, el primer iniciado en la masonería de quien tenemos constancia es sir Robert Moray, oficial de la Guardia Escocesa de Luis XIII, y enviado a Inglaterra por el cardenal Richelieu con la esperanza de que obtuviese una alianza contra España. En ese designio fracasó, pero en cambio nos consta que fue admitido en una logia de Newcastle mediado el siglo XVII.

Otros muchos autores retrotraen el nacimiento de la orden a épocas muy anteriores: la edad media, el antiguo Egipto, Babilonia…especulaciones algunas de ellas sin mucha base, pero que sirven para oscurecer sus orígenes. Pues si bien resulta indudable que existieron gremios de constructores que formaron cierto tipo de sociedades más o menos cerradas –y que atesoraban un cierto conocimiento hermético-, establecer un vínculo con lo que más tarde sería la masonería, parece algo arriesgado.

 

Las dos ramas de la masonería

Digamos en primer lugar que, a partir de siglo XVIII, la masonería se divide en dos ramas principales: la masonería regular anglosajona y la masonería regular continental, la primera de origen inglés y la segunda de origen francés. Es innegable que presentan entre ellas notables diferencias en muchos aspectos, comenzando por sus creencias y terminando por su organización.

 

La masonería inglesa afirma a un dios supremo y no se entromete en cuestiones políticas o religiosas. En su raíz no es radicalmente incompatible con el cristianismo, aunque sea de un modo muy vago y en su vertiente protestante. En general, no admiten mujeres, si bien en los últimos años esto ha provocado una fuerte polémica entre sus diversas logias y ha propiciado alguna que otra secesión. Tiende a identificarse con el liberalismo, admitiendo incluso un cierto componente conservador.

 

La segunda, la francesa, es más radical, y afirma la absoluta libertad de conciencia en las cuestiones de creencias religiosas dado que muchos de sus miembros son ateos o agnósticos. Es más específicamente anticristiana. Está, sobre todo, representada por el Gran Oriente de Francia y es una rama de mucha mayor importancia que la anterior. Su posicionamiento político, religioso y filosófico es poco dudoso: se identifica con lo que habitualmente se considera la política progresista, representando muchas veces los sectores más radicales de estas organizaciones.

 

La masonería anglosajona está en la tradición liberal que cristalizó en la revolución norteamericana de 1776, mientras que la masonería francesa lo está en la de las revoluciones liberales continentales.

Ambas comparten un designio de secularizar las sociedades y de imponer una vía laicista al humanismo, aunque con distinta intensidad. Y ambas suelen ser patrimonio de clases y grupos sociales pudientes y bien formados intelectualmente.

 

La masonería, condenada por la Iglesia 

La Iglesia católica ha condenado la masonería, de forma inequívoca, desde sus comienzos: la primera condena de 1738, del papa Clemente XII, se ha venido reiterando a lo largo de los siglos en numerosas ocasiones, la última en el Sínodo Romano de 1960. Los códigos de Derecho Canónico de 1917 y de 1983 recuerdan la condena a pena de excomunión de aquellos que formen parte de la masonería.

 

La masonería es una sociedad secreta -por más que se insista una y otra vez en su carácter “discreto”- más que por su composición y su estructura interna, que también, por el carácter de su actuación en la esfera pública. La masonería ha intentado contrarrestar esa imagen, sobre todo últimamente, mediante las apariciones en medios de comunicación de algunos de sus principales dirigentes: pero la cuestión esencial permanece en cuanto a que muchos de sus miembros ocupan puestos de responsabilidad en órganos de decisión públicos, en los que mantienen su carácter sectario a partir de  vínculos que priorizan la pertenencia a la Institución sobre otras lealtades.

 

Esa es la manera en que la masonería ha influido en la historia. Sin duda, su existencia ha sido decisiva. La Europa de 1717 y la de 2017 es muy diferente, en algunos aspectos hasta el punto de resultar irreconocible la una para la otra. En esa transformación ha jugado un papel decisivo la masonería.

 

La Europa cristiana de comienzos del siglo XVIII se ha transformado en la Europa laica de estos comienzos del tercer milenio. Una Europa en la que el laicismo no es una mera formulación de aconfesionalidad, sino la afirmación del deseo de expulsar a la religión del espacio público.

En ese espacio público es donde la masonería ha lanzado sus redes con más éxito; una de sus ideas clave, la relegación del hecho religioso a la esfera puramente privada, se impone de forma creciente. So capa de neutralidad, el carácter  público de la religión se oculta; de hecho, el proceso de secularización ha sido condición necesaria para la Modernidad. Y en todo ello tiene mucho que ver la masonería.

 

La fundación en España

De acuerdo a A.M. Claret, España fue el primer país continental en el que se estableció una logia. La fundó el duque de Wharton el 17 de abril de 1728 en el hotel “Tres Flores de Lys” de Madrid; pocos meses más tarde erigiría una segunda en Gibraltar, un año antes de levantar otra en París, de la que sería Gran Maestre.

 

La orden funcionaría en ambientes militares españoles con notable libertad, al menos hasta la condena papal de 1738; desde entonces proliferarían las denuncias a la Inquisición. La documentación nos muestra cuáles eran los núcleos en que había arraigado con más fuerza: Barcelona, Cádiz y Madrid. Y también que proliferaban las investigaciones –al parecer bastante fundadas- acerca de su infiltración en la Corte, lo que incluía a altos dignatarios eclesiásticos, en pleno reinado de Fernando VI.

Durante el gobierno de este y el posterior de su medio hermano Carlos III, la masonería supo acercarse al trono, teniendo en el conde de Aranda a uno de sus mejores peones (aunque se ha negado su pertenencia a la orden con el discutible argumento de que no queda rastro archivístico de la misma); la expulsión de los jesuitas en febrero de 1767 sería obra de la masonería, que con razón veía en ellos un formidable oponente, y en cuya persecución figuró, de modo muy destacado, Aranda.

 

Sin embargo, se ha supuesto que los ilustrados españoles de fines del XVIII militaron en la disciplina masónica, lo que está lejos de ser verdad. El regalismo, que ciertamente contrariaba los intereses de la Iglesia, no tenía una conexión necesaria con la orden, aunque sea cierto que algunos de sus representantes fueran masones.

 

La francmasonería continental

La invasión napoleónica de España será causa del establecimiento de las primeras logias de la francmasonería en 1809, bajo el amparo francés. No olvidemos que el de Napoleón fue un régimen genuinamente masónico: la mitad de sus ministros y dos tercios de los altos grados militares pertenecían a la Institución.

Entre otros, nada menos que el general Murat y el propio rey José Bonaparte ostentaban cargos de altura; el monarca, incluso la condición de Gran Maestre del Gran Oriente de Francia en 1804. La Gran Logia Nacional se levantó en la calle Isabel la Católica de Madrid, en el mismo edificio que hasta entonces había ocupado la Inquisición, ahora abolida.

Así que fue la entrada francesa en España la que transformó el panorama. En lo sucesivo, las logias españolas serán tributarias de las francesas y mantendrán una posición de subordinación a los intereses de estas. Pero no serán operativas hasta el regreso de Fernando VII a España, tras su prolongado episodio de abyección ante Bonaparte.

 

Durante la guerra de Independencia, pueden, sin embargo, hallarse masones a ambos lado de la barricada; masones los hay entre los afrancesados y también en la resistencia frente al invasor. Pero el temor a un entendimiento entre masones franceses y españoles – más que justificado – llevó a la Junta Suprema Central a prohibir la Institución.

Desde entonces, la característica de la Orden en España será la de una intensa politización. De sus filas saldrá una constante y resuelta oposición al monarca, quien les retribuirá con la más dura de las condenas. Como es natural, los liberales, empapados en masonería, buscarán la ocasión de rebelarse; en enero de 1820, el coronel Riego impondrá el Trienio Liberal, que romperá las relaciones con la Santa Sede y que terminará radicalizando tanto el régimen que la propia masonería será vista como reaccionaria. Acaso algo sorpresivamente, el ejército que pondrá fin al régimen liberal en España –los Cien Mil Hijos de San Luis- estará constituido por significados masones que sirvieron bajo Napoleón.

La sublevación de Rafael del Riego había tenido un efecto colateral, acaso decisivo; las tropas con las que dio el pronunciamiento, y con las que vagó durante largas semanas por Andalucía, estaba destinadas a ser embarcadas hacia América a fin de combatir el movimiento independentista contra España. La pérdida de los territorios americanos se hizo, entonces, irreversible.

 

En manos de masones 

Aunque Fernando VII se resarcirá durante la que más tarde se llamó la década ominosa, a la muerte del rey se vivirá la edad de oro de la masonería en España, entre 1834 y 1843; es decir, el periodo de las regencias, especialmente la de Espartero. Ese primer gobierno masónico propició la matanza de frailes de 1834, acusando a estos de envenenar las fuentes provocando el cólera entre los madrileños.

Los sucesivos gobiernos durante el reinado de Isabel II fueron de mucha menor inspiración masónica, sobre todo los gobiernos moderados, que se prolongaron durante más de una década ante el temor generalizado a los desórdenes que habían sucedido durante los breves gobiernos progresistas.

Entre tanto, surgía una política aún más radicalizada: el francmasón Nicolás María Rivero organizaba el Partido Demócrata con miembros de organizaciones republicanas y del aún algo ingenuo socialismo pre-marxista. Su importancia básica radica en que de allí salieron figuras como Pi y Margall y Castelar, ambos pertenecientes a la orden y futuros protagonistas de la vida pública española.

Preteridos en la Corte y desacreditados a los ojos de la reina, los progresistas alentaban todo tipo de complots y pronunciamientos, en los que se valían de los militares para cambiar de política. Llegaron a orquestar una organización para promover este tipo de actuaciones: desde el centro, situado en Madrid, dirigía el grupo Gómez Becerra, que contaba con Espartero y Olózaga en Londres, Capaz en Burdeos e Infante en Lisboa. Todos ellos, destacados miembros de la masonería.

 

Un régimen masónico

La caída de Isabel II, orquestada por la Orden, acercará de nuevo a los masones al poder a partir de 1868. Tanto Prim como Amadeo de Saboya lo serán, aunque ninguno de los dos tendrá suerte. La Gloriosa inaugurará una desventurada época de inestabilidad en la que los problemas existentes se agudizarán y pocos, si es que alguno, tendrá solución.

El gobierno provisional producido por la revolución fue una aventura masónica en la que la figura principal fue el general Prim quien, bajo una retórica de acentos radicales, escondía unos propósitos algo más conservadores. En realidad, el nuevo régimen puso todo su empeño en que el aspecto revolucionario no sobrepasara el ámbito político e implicase cambios de tipo socioeconómico.

El Sexenio “revolucionario” –hoy historiográficamente devenido en “democrático”- representa el momento álgido de la masonería: la culminación de dicho proceso conducirá a la proclamación de la república, con sus cuatro presidentes miembros de la Orden. Durante los años que precedieron a dicho régimen –los del gobierno provisional y los de Amadeo de Saboya-, los acontecimientos de índole masónica se sucedieron: derribo de iglesias sin la más mínima consideración a su valor artístico, e incluso la constitución de un peculiar “grupo espiritista” en el mismísimo Congreso de los Diputados.

Desde el exterior observaban asombrados el deterioro que tenía lugar en el reñidero peninsular. Tras el peculiar episodio de la monarquía de Amadeo (1871-73), los tres presidentes primeros de la república llevaron a España a un callejón sin salida; hubo que nombrar a Castelar, también masón, presidente para detener el proceso de acelerada descomposición política. Castelar, declarado patriota y político algo más resuelto que sus predecesores, empuñó las riendas de la república con decisión, pero sus predecesores en la presidencia conspiraron para expulsarle del poder, lo que consiguieron. Temiendo un retorno a la anterior situación, el 3 de enero de 1874 Pavía entró en el Congreso al mando de un contingente de guardias civiles y soldados, poniendo fin a aquella peligrosa farsa (“un largo e infructuoso periodo de aventuras”, admiten los boletines internos de la Institución).

Pero el Sexenio dejó la herencia de un anticlericalismo que se convirtió en una obsesión enfermiza para la izquierda burguesa española.

 

La restauración borbónica

La Orden apoyaría la Restauración, como recogen sus documentos, pero no apostaría todas sus cartas a ella. Así, mientras Sagasta se convertía en el socio de Cánovas, Ruiz Zorrilla creaba el Partido Republicano Progresista, que rechazaba explícitamente la vía parlamentaria y apelaba al ejército para tomar el poder. En los siguientes años organizaría diversos planes insurreccionales y apoyaría la sublevación de 1886, lo que le valdría la condena a muerte (aunque sería indultado por María Cristina).

De modo que la Restauración fue en gran parte rehén de la masonería; el Partido Liberal se convirtió en su vehículo de poder y supo mantener el enorme ascendente social que había conseguido: en 1882, según Ferrer Benimelli, 130 senadores y altos funcionarios, más de mil jueces, casi mil cien oficiales y generales del ejército y un sinfín de profesionales liberales y propietarios pertenecían a la masonería. Y, al mismo tiempo, entre los opositores al sistema alfonsino abundaban también los masones.

Y es que esa fue una de las características de la masonería durante la Restauración: la división entre las logias, que se enfrentaron interminablemente y que obró con más eficacia para limitar la influencia de la Institución que la represión policial. Esta estuvo perfectamente ausente durante la vigencia del sistema canovista, consciente el poder de que era imprescindible el concurso de las logias, columna del partido de Sagasta.

 

Uno de los más destacados masones de los años de la Restauración, fue Ferrer y Guardia, de quien se dijo que anduvo entremezclado en el atentado contra Alfonso XIII con motivo de su boda, y también, al parecer, en un intento anterior contra este en París. No faltaba quien le acusaba, por entonces, de haber “inspirado” el asesinato de Cánovas, en 1897. La especie corría no solo por entre sus adversarios, sino por las mismas filas anarquistas. Los antecedentes no le favorecían: había participado en el golpe de Villacampa inspirado por Ruiz Zorrilla, lo que le llevó al exilio.

 

Sería fusilado por habérsele encontrado responsabilidad en el estallido de la Semana Trágica de Barcelona en 1909. La ejecución de su sentencia de muerte desataría una campaña internacional contra el presidente de gobierno que la firmó, Antonio Maura, pese a que la responsabilidad de Ferrer –aunque quizá se exagerase por parte de los acusadores- era innegable.

Como asegura Menéndez-Manjón, 1909 inauguró un periodo en el que se produjo un cambio sensible en la masonería. La Orden se vio inundada de pequeño burgueses –que ya habían dado cierto tono a la organización- y por ateneístas que comenzaba a inclinarse de forma indisimulada por la opción golpista y por las tendencias revolucionarias.

 

Los años inmediatamente anteriores a la dictadura de Primo de Rivera, determinaron el papel que la masonería desempeñaría en la gran crisis nacional de 1931-1939. Un papel protagonista hasta el punto de que la segunda república sería, con toda justicia, considerado como el régimen de la masonería por excelencia.

APORTE de: LAICISMO.ORG · FUENTE: GACETA

 

ESPAÑA: historias que no debemos olvidar.

Trescientos masones andaluces fueron fusilados tras el golpe de Franco
La represión franquista se ensañó con ellos aplicando todos los medios posibles para castigarlos: muerte, cárcel, depuración profesional e incautación de bienes y multas millonarias.


SEVILLA.- Trescientos masones andaluces fueron asesinados por los golpistas en las primeras semanas que siguieron al alzamiento militar contra la Segunda República del 18 de julio de 1936. Muchos de ellos eran diputados, alcaldes, concejales y dirigentes sindicales, ya que la masonería tuvo tradicionalmente más arraigo en Andalucía que en ninguna otra parte de España. Así lo pone de manifiesto un profundo estudio elaborado por investigadores de varias universidades andaluzas, publicado por la Universidad de Sevilla, en dos tomos con 1.200 páginas bajo el título Los masones andaluces de la República, la guerra y el exilio.

Influenciado por la Iglesia, el franquismo volcó sobre la masonería toda su inquina y aplicó contra sus miembros una interminable represión que comenzó con su eliminación física a través de los asesinatos extrajudiciales masivos que se produjeron allí donde el golpe militar se impuso desde el principio, como ocurrió en Andalucía occidental. Pero, tras la Guerra Civil e instaurada ya la dictadura, el nuevo régimen no tuvo piedad con los masones, y persiguió a quienes no pudieron huir al exilio estableciendo incluso un tribunal especial específicamente centrado en represaliar a la masonería y el comunismo, que funcionó sin parar desde 1940 hasta 1964.

La masonería en Andalucía tuvo una fuerza especial desde siempre, como revela la importante publicación de la Hispalense, cuyo contenido ofrece también una especie de diccionario biográfico de la A a la Z de los casi 6.000 masones andaluces que aparecen adscritos a 160 logias entre los años 1898 y 1936. Sin embargo, el gran arraigo andaluz de la masonería venía de atrás, ya que en las tres décadas comprendidas desde 1868 hasta 1898 el número de masones registrados en 431 organismos distintos fue de 9.904 en total. Leandro Álvarez Rey, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla y coordinador del trabajo, apoya este dato sobre la importancia de la masonería en la vertebración social con la comparación a finales del siglo XIX entre las 27 agrupaciones socialistas y las doscientas logias existentes y repartidas por toda Andalucía.

El momento más esplendoroso de la masonería en Andalucía se vive en los años 20 del siglo pasado, durante la dictadura de Primo de Rivera, siendo en 1926 cuando el científico Demófilo de Buen, presidente federal del Gran Oriente Español, traslada su domicilio a Sevilla reforzando así la posición andaluza como referente de toda la masonería española, con un 40% de sus miembros viviendo en la región. “Las logias -según Álvarez Rey- eran espacios de sociabilidad laica y republicana, donde se celebraban bautizos y funerales laicos, así como veladas culturales como si se trataran de ateneos populares, en un ambiente de progreso, liberalismo y tolerancia”.

Sin embargo y pese a lo que pudiera esperarse, la llegada de la República no supuso un fortalecimiento de la masonería, sino su debilitamiento, sencillamente porque muchos de sus miembros pasaron a ocupar cargos representativos y de responsabilidad y dejaron de asistir a las reuniones de las logias. Buen ejemplo de ello fue el socialista granadino Fernando de los Ríos, diputado y ministro en varias legislaturas, que había alcanzado antes el alto grado 33 como masón. También fue masón Blas Infante, padre de la patria andaluza, que fue fusilado al principio con otros altos dirigentes políticos a las afueras de Sevilla.

Expolio y multas para la familia tras los asesinatos

“La masonería fue siempre para la Iglesia española una fuerte competencia y un peligro que podía mermar su influencia social con su mensaje filantrópico y solidario de hacer el bien por el bien, frente a la caridad pensando en obtener beneficios en ultratumba”, afirma Fernando Martínez, también coordinador de la obra y catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Almería, quien pone como ejemplo el curioso caso del llamado “médico de los pobres” José Litrán, al que las autoridades eclesiásticas almerienses se negaron a dar cristiana y digna sepultura por ser masón a finales del siglo XIX. Por si no fuera poco el desprecio religioso sobre aquel galeno, el franquismo – en su obsesiva persecución contra el contubernio judeo masónico- llegó a declarar en rebeldía a Litrán a través de los tribunales especiales de Responsabilidades Políticas y contra la Masonería y el Comunismo, pese a que el hombre había fallecidocuarenta años antes.

De todas formas, no era nada extraño que dichos tribunales, llevados por un voraz y ejemplarizante afán confiscatorio y recaudatorio, encausaran a destacados masones años después de que hubieran sido fusilados durante las primeras semanas tras el golpe. Lo explica bien el profesor Martínez: “A los masones los culpan de todos los males de España y por eso les llegan todos los tipos de represión (física con fusilamiento o cárcel, depuración profesional y económica con incautación de bienes). Incluso habiendo sido fusilados, sus familias son castigadas con incautaciones y multas ruinosas, por decisión de los tribunales especiales que trasladan a las familias las responsabilidades políticas del difunto. Barbaridad jurídica”.

Una de las tareas prioritarias de la represión conforme ciudades y pueblos fueron cayendo en manos de los golpistas fue la búsqueda implacable de los masones, especialmente los políticos, como un centenar de diputados de la Segunda República, así como los alcaldes de las principales ciudades y casi 400 concejales y numerosos dirigentes de partidos y sindicatos.

También hubo mujeres masonas en Andalucía, se destaca la logia ‘Isis’.

El oscuro origen de algunas fortunas del franquismo

“Cuando asaltaron la casa de Diego Martínez Barrio -que ocupó las tres altas magistraturas del Estado: presidente de la República, jefe de Gobierno y presidente de las Cortes- levantaron el suelo esperando encontrar cadáveres de víctimas de supuestos rituales satánicos y sólo encontraron archivos y fotos que sirvieron para identificar, localizar y cazar a los miembros de las logias”. El historiador almeriense Fernando Martínez asegura que la presión social contra los masones se volvió insoportable y pone como ejemplos el listado que publicó el diario sevillano conservador La Unión de 74 masones o la lista ad hoc que confeccionó un presbítero cordobés.

La condena mínima por ser masón era de 12 años y un día de cárcel y los masones detenidos fueron presionados, con el fin de no verla incrementada, para que se retractaran, para que abjurasen de su pertenencia a la masonería y delatasen a sus compañeros. Pero también vieron sus bienes incautados y sufrieron multas millonarias. Martínez Barrio, con su huida al exilio, perdió su casa, que también era sede de la logia y de su partido, y su imprenta. El historiador sevillano Leandro Álvarez Rey comenta como especialmente significativo el caso del espectacular templo de la logia de La Línea de la Concepción, que fue incautado, subastado y finalmente adjudicado al jefe local de la Falange y alcalde, que se lo quedó. “Fue un auténtico expolio. Con hechos como este se puede explicar el origen de muchas fortunas que se hicieron durante el franquismo”. “Perdieron sus bienes, pero no la dignidad -añade Álvarez Rey- porque en los juicios sóloseñalaron a los que habían muerto o se habían exiliado, lo que no convenció a los tribunales, que reforzaron las condenas”.

Los masones son uno de los colectivos más olvidados como víctimas del franquismo. Otras organizaciones políticas y sindicales han podido recuperar su patrimonio y sus miembros han sido objeto de público reconocimiento. Pero no los masones. Sólo el Parlamento catalán ha aprobado una declaración de reconocimiento considerándolos “honorables”. Fernando Martínez espera que esta obra editorial producida por investigadores universitarios andaluces sirva “para rendirles un tributo de dignidad y honorabilidad”.

Grupo de la logia ‘Germinal 96’ de San Roque (Cádiz). Los que aparecen señalados con una equis en la cara habían sido fusilados. Las fotos y el texto original se puede encontrar en:

http://www.publico.es/espana/trescientos-masones-andaluces-fusilados-golpe.html

 

Escrito por Rafael Guerrero

Aporte de Ricardo Herrera

LA REVOLUCION FRANCESA

Introducción

 

Sin que los estudiosos de la Sociología, la Antropología social, la economía vislumbren aún el modelo que habrá de reemplazar a esta ignominia llamada capitalismo, y luego del fracaso del ensayo socialista, colapsado apenas tras 70 años de vigencia, creemos que la utopía masónica de Libertad, Igualdad y Fraternidad sigue siendo el faro luminoso que guía el camino hacia la liberación del ser humano de las cadenas de las explotación y de la enajenación. Y lo es en la medida en que aún perviven la opresión, la injusticia y el odio.

 

Interesante afirmación, tomada de Bakunin, cuando él dice que: libertad e igualdad deben ir de la mano pues de lo contrario la primera se convierte en una mentira”.

 

Ycon un interrogante: ¿Será posible que la razón humana prevalezca, a fin de que los cambios necesarios transcurran en relativa paz, o habrán de ser procesos inevitablemente cruentos?  Tienen la palabra todos los habitantes del planeta, en primer lugar los trabajadores manuales e intelectuales  creadores de riqueza y bienestar, pero también aquéllos que hoy por hoy desoyen el clamor por la vida.

 

  

Algunas reflexiones previas.

 

Circulan en la Red unos hermosos correos, la mayoría de ellos con reflexiones profundas de prohombres de la Historia antigua y contemporánea, que invitan a la conquista de la paz del espíritu, a la armonía con el entorno, a la autoestima,  a la comunicación con Dios.  Casi todos esos mensajes incorporan, como de pasada, una invitación a vivir el presente, “porque el pasado, pasó y el futuro es una incógnita”.   En medio, pues, de la inocencia que parecen traducir, los mensajes de marras nos piden que olvidemos las cosas –buenas o malas- del pasado y que abandonemos los proyectos hacia el futuro, en una variante -¿cosas de la axiología post moderna?- de un hedonismo sui géneris, irresponsable, en el fondo ahistórico.   O, de tener –como puede legítimamente presumirse- una intención manipuladora de la conciencia, un propósito perverso.

 

 

Como contrapartida, nosotros apelamos al pensamiento activo, comprometido y militante, de quienes, a contrapelo de esa corriente irresponsable y que simula inocencia,  invitan a volver los ojos a los hechos del pasado, sin escamotear incluso las minucias, a través de las cuales, según Carlo Ginzburg, el famoso aunque poco conocido formulador de su teoría histórica de “el paradigma indiciario”, es posible descubrir la verdadera Historia.  Bolívar Echeverría, nuestro filósofo prematuramente desaparecido,  en su magistral ensayo “Los Indicios de la Historia”, dice: “El historiador que es capaz de citar el pasado y de cumplir la cita con él, el historiador materialista, que se resiste a la complicidad a la que le invita el discurso de los dominadores, pasa su mano sobre la piel impecable de la narración histórica que ofrece ese discurso, pero lo hace necesariamente a contrapelo.  Al hacerlo encuentra sin falta, bajo esa superficie reluciente, un buen número de cicatrices e incluso algunos muñones escondidos: indicios de que  todo aquello que aparece en él como un documento o una prueba de cultura debe ser también, al mismo tiempo, un documento o una prueba de barbarie”.   Y es desde este punto de vista desde el cual creemos que ha de recordarse y comprenderse uno de los acontecimientos más importantes de la Historia humana, la Revolución Francesa.

Carlos Marx –cuyo nombre creemos que hay como decirlo ya sin bajar la voz luego de que es posible borrar el estigma que pretendieron endosarle los “pensadores” del neoliberalismo aún vigente- expresa en su “18 Brumario”:

 

 “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.   Y éste, también, es un elemento importante a considerarse, cuando, tras la grandeza de los acontecimientos que trastornaron Europa y América, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tras el enunciado de los principios, pero sobre todo, tras el ejercicio práctico de esos enunciados: el Laicismo, los Derechos Humanos –para mencionar quizá lo más importante de la Revolución Francesa-, y que fundaron con ello las repúblicas democráticas en los dos hemisferios, hoy,  las postrimerías del Siglo XX y los inicios del XXI, contemplan su invocación para convertirlos en su caricatura o, desde el cinismo del poder, para reducirlos a cenizas.  La Historia pues, ha de contarse, no para el contentamiento de la versación o para la justificación del pasado, pero sobre todo de la ignominia del presente, sino para el análisis, el descubrimiento de los entretelones, los empeños por desentrañar la verdad, a menudo ocultada por el poder, y para buscar los caminos hacia la conquista de una sociedad justa y libre.

 

 

La Revolución Francesa.  Causas.

 

Aunque la violencia revolucionaria de 1789 y años siguientes fue en pos del cumplimiento del tríptico de Libertad, Igualdad y Fraternidad; aunque la movilización y participación activa y protagónica de los sans culottes, de los artesanos y campesinos, de los intelectuales forjadores de la Ilustración y la Enciclopedia se cobijaban, todos, con la bandera libertaria y emancipadora, y creían ciertamente en la utopía, la causa profunda de la transformación radicó en la decadencia del Ancien Regime, en la corrupción de la aristocracia, en la declinación fatal del feudalismo, y aliada de todas ellas, la Iglesia Romana; pero sobre todo en la insurgencia de una clase vigorosa, la burguesía, y en la demanda de una nueva estructura social, de un nuevo Estado, de una nueva Constitución y unas nuevas leyes, que  expresaran  a través de ellas, la nueva correlación de fuerzas y garantizaran su desarrollo, el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas.  Fue, precisamente, en pos de lograrlo que se revivieron los Estados Generales, aquellos que permanecían en hibernación desde 1614 por obra y gracia del absolutismo.  Pero sobre todo,  con su puesta en vigor –y dado el avance de las fuerzas populares-  por la hegemonía del Tercer Estado, aquél que representaba al pueblo: a los sans culottes y por supuesto a los sectores más avanzados de la naciente burguesía, Tercer Estado que relegó a un papel virtualmente decorativo a los otros dos, los que representaban en la Asamblea a la monarquía y la nobleza, y cuyo principal papel, el del Tercer Estado, fue la supresión de los privilegios de la nobleza y el clero,

 

El Capitalismo, que había sentado ya sus reales en Inglaterra y los Países Bajos y que se tornaba vigoroso en la propia Francia, requería de unas nuevas superestructuras, sobre todo en el campo de la ciencia, la tecnología y, correspondientemente, en la educación.  Todo ello comportaba un combate duro a la superstición, al dogma y al sometimiento espiritual ejercido desde la jerarquía de la Iglesia.   Los grandes pensadores de la Ilustración, cuyo sustento ideológico se basó en los postulados de sus antecesores de los siglos XVI y XVII –aquellos del Renacimiento, lo mismo que del racionalismo y el empirismo de Bacon, de Locke y del Propio Descartes, al igual que en los logros científicos de Galileo o de Newton- pusieron énfasis en el recurso de la razón como fundamento epistemológico y ético para una nueva era de la Humanidad.  Fueron ellos Voltaire, Diderot, D’Alembert, Montesquieu y Buffon, cuyo cuerpo ideológico se plasmó en la Enciclopedia y condujo al otorgamiento del título de Siglo de las Luces al siglo XVIII.

 

 

Claro está que aunque el ejercicio del poder, tras el triunfo y la consolidación de la burguesía tomaron como fundamento a la Razón, lo hicieron aún desde el absolutismo, desde un virtual ejercicio dictatorial, vale decir desde la imposición por la fuerza, lo cual se explica, obviamente, dada la naturaleza revolucionaria del proceso, sin lo cual habría sido inevitable su fracaso y la reversión al pasado.

 

Pero el empeño de los enciclopedistas era, aun con la limitaciones que la práctica histórica a menudo impone, la educación del pueblo llano, como una respuesta dialéctica a lo que fue el espíritu del Antiguo Régimen, cuyo interés había sido mantenerlo en la ignorancia, ajeno a la reflexión, lejano de los logros científicos, todo ello sustentado, por lo demás, en el dogma religioso indiscutible, en la obediencia a la jerarquía de la iglesia,  en la resignación a una vida de privaciones y miseria, en la aceptación de un orden social al que se le atribuía una decisión divina, y una promesa de vida en un incierto Más Allá.  Era, pues, la educación, impartida desde el Estado, la que podía elevar la conciencia del pueblo, como el mejor vehículo que permitiera la consolidación del Estado liberal, del Estado burgués.  Todo lo cual demandaba su secularización, la absoluta independencia de éste respecto de la Iglesia, secularización que se manifestaría con fuerza en el sistema educativo.  Otorgándose el derecho legítimo a creer y practicar cualquier religión, se declara que ello debe ser privativo de la conciencia individual y no impartido por las escuelas estatales.

 

La violencia revolucionaria

 

A despecho de las críticas que aun hoy se escuchan en contra de la naturaleza violenta de la Revolución Francesa, particularmente a la llamada Era del Terror, y sin querer convertirnos en apologistas de la violencia, es preciso destacar que la resistencia del Antiguo Régimen al cambio, -como ocurre siempre con las clases que se niegan a morir- resistencia ejercida desde la monarquía, desde la nobleza y el alto clero, tornaba inevitable su uso, que incluyó la supresión física de los monarcas, símbolos, por lo demás, de la opresión al pueblo, de la corrupción, la decadencia y su descomposición como clase hasta entonces prevaleciente.  (Vale recordar, en un paréntesis, que esas prácticas violentas del poder que instauraba al Nuevo Régimen se ejercieron, también, en medio de las disputas y divergencias más o menos profundas entre los propios protagonistas, lo que costó, en pocos años, el paso por la guillotina de alrededor de 40.000 personas, entre ellas la cabeza del propio líder radical, Robespierre, llamado el “incorruptible”).

 

No pretendemos aceptar como un dogma, ni tan solo como ley de la historia, el enunciado marxista que califica a la violencia como partera de la Historia, pero es pertinente encontrar las razones que la explican.  Su condena, cuando los desheredados reclaman los derechos, surge, por lo demás y con mucha fuerza, desde los detentadores del poder, quienes hacen uso de ella precisamente para negar los derechos de los dominados.  (La violencia, creemos, en esta especie de digresión, podrá erradicarse como práctica social, sólo cuando prevalezca la razón, pero sobre todo, cuando se convierta en realidad tangible el derecho a la vida digna de cada uno de los seres humanos).

 

 

Logros de la Revolución Francesa

 

Destacamos, en primer lugar, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa, el 26 de agosto de 1789. Vale resaltar que, pese a sus limitaciones –pues excluye a la mujer y a los esclavos-, será el fundamento para la elaboración de las constituciones de las repúblicas o las monarquías constitucionales de los siglos XIX y XX en la mayoría de países europeos y americanos, la propia Constitución de la República Francesa incluida, y punto de partida para la Declaración de los Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.  En su contenido, se alude a la libertad, señalando que todos los hombres nacen libres e iguales en derechos, y que los límites sólo pueden ser señalados por la ley; garantiza la libertad de opinión, de prensa y de conciencia. Garantiza, por supuesto, la propiedad privada –elemento básico de la legalidad burguesa-

Luego, el Laicismo.  Entendido éste, en principio como la separación de la Iglesia y el Estado, es punto de partida para dar al traste con el poder político de aquélla –aunque la Restauración en diversos momentos y espacios le devuelve, entre manipulaciones legales y eufemismos, espacios importantes del poder perdido- La vigencia del Laicismo –como queda dicho renglones atrás- tiene su más importante expresión en la educación, cuando el Estado asume la responsabilidad de impartirla sin la ingerencia de la religión, desechando el dogma y basada en la ciencia y la razón.  Y adquiere nuevas dimensiones cuando, como señala Guillermo Fuchslocher:

 

“el laicismo asume nuevos contenidos y se convierte en complemento indispensable que facilita el ejercicio efectivo de las libertades de pensamiento y de conciencia, mediante su institucionalización, tanto a través de normas jurídicas que lo asumen como componente esencial de los Estados democráticos, sobre todo para el ejercicio gubernamental y la educación pública, y a través de normas que proscriben u omiten los posicionamientos ideológicos o religiosos oficiales, por contrarios a las libertades de pensamiento y de conciencia y a la esencia pluralista de la democracia”.

 

Por último, y al referirnos a la organización del Estado, la naciente República deposita la soberanía en el pueblo, al disponer la elección de los gobiernos con el voto popular. Y poner las bases para el establecimiento de lo que luego sería la división de las funciones del Estado en Ejecutiva, Legislativa y Judicial, partiendo de las formulaciones teóricas de Hamilton, Locke y los franceses Rousseau y Montesquieu. ¿Qué garantiza ello?  Previene que una rama del poder se convierta en suprema, divide el trabajo, impide la concentración de poderes, particularmente en la Función Ejecutiva, cuyo desempeño ha de ceñirse a las leyes que elabora el Congreso y está obligada a respetar la independencia de los tribunales de justicia. En una palabra, garantiza la vigencia de la democracia, con todas las limitaciones que ella exhibe, en el contexto del funcionamiento capitalista.

 

La Revolución Francesa inaugura una nueva era en la Historia de la Humanidad: la era de las repúblicas independientes, autónomas y soberanas.  Legado de la Revolución Francesa son las repúblicas y aun las monarquías constitucionales de Europa hasta nuestros días, con los interregnos nefastos del nazismo alemán, el fascismo italiano y el franquismo español, afortunadamente superados –aunque se vislumbre en estos mismos días el peligro de su resurgimiento-  Lo es, también, la existencia de las naciones latinoamericanas, cuyo esfuerzo por poner en vigencia el liberalismo de inspiración en la Revolución Francesa arranca desde los albores de la Independencia, aunque muchas de ellas, la nuestra incluida, difícil y dolorosamente han pugnado por hacerlo, mientras fuerzas retardatarias de dentro y fuera se esforzaron, y se esfuerzan, por mantener su condición de banana republics.

 

 

El pecado original de la Revolución Francesa. 

 

Nos referimos al enunciado atribuido a Voltaire de que el nuevo gobierno debe ser “para el pueblo pero sin el pueblo”.   Es pecado original porque esa política se aplicó al pie de la letra en las prácticas del gobierno revolucionario.  La movilización y participación popular en la toma de la Bastilla hacia el 14 de julio de 1789 y más acontecimientos precedentes y ulteriores no fue otra cosa que el debut de unas políticas consecuentes con aquel enunciado, y que tendrían continuidad y vigencia hasta nuestra contemporaneidad. No otra cosa es la llamada Democracia representativa, según la cual la participación del pueblo llano en la administración y decisiones de la cosa pública se reducía, y se reduce, a depositar la papeleta de votación en las urnas, tras lo cual, sus representantes o mandatarios dizque ejecutan la voluntad de aquél.   Se aplica pues el enunciado: “gobernar para el pueblo pero sin el pueblo”.

 

Retrata este hecho la verdadera naturaleza del liberalismo dieciochesco, de la burguesía como clase dominante, lo cual desvirtúa en los hechos la puesta en práctica del tríptico de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que se convierte, de algún modo, en un enunciado retórico desde quienes ejercen el poder, aunque seguirá inspirando el espíritu de los seres humanos como una utopía factible de convertirse en realidad.

 

En rigor, y pese a los logros espirituales que dignifican de algún modo la condición humana, la verdadera libertad que interesa a la burguesía y la propicia, una vez dueña del poder político, es la libertad de comercio, la libertad para la movilidad de las mercancías que produce y posteriormente de los capitales, la libertad para ingresar, sin trabas, en los mercados internacionales. La libertad, en fin, para la acumulación.  Libertades cuya puesta en práctica podía conducir, como en efecto condujo,  a la negación de las otras, las legítimas, las que responden a los intereses del pueblo: la de conciencia, la de pensamiento, la de expresión, la de asociación, y la más importante, aquella que garantiza el derecho a la vida. Negación de tales libertades de que ha sido testigo la Historia, como lo atestigua, entre otros acontecimientos trágicos, la violenta represión a los trabajadores de Chicago ese lejano Primero de Mayo, en el país, paradigma del liberalismo, los EE. UU. de Norteamérica.

 

Pero no sólo eso.  Sino que a renglón seguido de tan profundos cambios de la epopeya revolucionaria de 1789, de los avances en la elaboración de la Constitución de la República, hacia 1795, el absolutismo, el despotismo y la segregación se reinstalan en la patria nueva, al tomar las riendas del poder el general Napoleón Bonaparte.  Más allá de la verificación cierta de que él consolida los logros de la Revolución en la propia Francia y de que sus guerras de conquista difunden los principios de la Revolución por todo el continente europeo, no es menos cierto que en una paradoja medio inexplicable, se lo hace desde el ejercicio imperial, forma de la monarquía que la propia Revolución derrocó.  Antes aún del advenimiento napoleónico, el propio Robespierre, la cabeza implacable del proceso, el incorruptible radical, se opuso a la liberación de los esclavos negros en Haití.  Y luego de que, de todos modos, ésta se diera por la perseverancia del pueblo negro en conquistar su libertad y construir su propio destino, y por la solidaridad de los sans culottes de la metrópoli, Napoleón dispuso la reconquista, la misma que contempló incluso la cacería, a sangre y fuego, de los cimarrones para devolverles a su condición de esclavos.  (En literatura, se relata este trágico acontecimiento en la monumental novela de Alejo Caerpentier, el Siglo de las Luces).  Así pues, la libertad y la igualdad proclamadas en la Declaración de Derechos del Hombre y el ciudadano tenían vigencia en la metrópoli imperial. No en la colonia a la que se le negaba su independencia y soberanía.  Una vez más, se cumplía la afirmación de Marx en su ensayo político, el 18 Brumario, según la cual los personajes y hechos de la Historia de Francia aparecían dos veces: la primera con la epopeya de la lucha libertaria del pueblo haitiano y la liberación de los esclavos, consecuencia de los vientos revolucionarios venidos de la metrópoli, la segunda, cuando la libertad se sepultaba en la pequeña isla del Caribe, esta vez como farsa.

 

Lo que conduce a concluir, una vez más y adicionalmente, que los períodos históricos no pueden encasillarse en compartimientos estancos, sino que tienen flujos y reflujos y que los autores y protagonistas  de los reflujos, aun en detrimento de los principios de una axiología revolucionaria, no trepidan en traicionarlos si ello ha de servir a los intereses de la clase explotadora.  Y estos hechos son, de algún modo, las cicatrices y los muñones a que alude el filósofo Echeverría, que deben desnudarse, junto con muchos más, prolongaciones de aquellos en nuestra contemporaneidad de la centuria naciente.

 

Decadencia de los principios de la Revolución Francesa.

 

El contenido de los principios, claro está, no sufre decadencia alguna.  Decae la actitud de los seres humanos frente a ellos.  Decae la consecuencia con ellos, decadencia que se manifiesta en la perversión que se hace de su naturaleza intrínseca.  Y ello ocurre, al referirnos a la Revolución Francesa, liberal por antonomasia, debido a la condición natural de la clase que la llevó a cabo, que la lideró, que la universalizó: la burguesía.  La Historia que se escribe –sin menoscabo del esfuerzo de los investigadores serios, éticamente responsables-  deforma la realidad, a fin de legitimar a las instituciones creadas, por espurias o deformadas que éstas puedan haber devenido; a los protagonistas, por corruptos y estultos que se muestren; a las circunstancias, por dramáticas, trágicas o perversas que sean.  Remitiéndose al pensamiento del filósofo alemán Walter Benjamin, Bolívar Echeverría afirma que “la autoconciencia de la historia, la dinámica de la historia reflexionando sobre sí misma, mira en el progreso de los tiempos un viento huracanado, devastador, que amontona ruinas a su paso. Es el viento que sopla desde el cielo de  los poderosos y que les asegura el triunfo”.  Esta profunda reflexión, dicha en forma poética, expresa, ni más ni menos, que la Historia se escribe para justificar la realidad vigente, desde los intereses de la clase dominante, aunque para ello tenga que borrar los hechos ocurridos, los indicios reveladores (Lo hicieron durante el estalinismo, al borrar de la Historia rusa el nombre de uno de los más importantes protagonistas de la Revolución Bolchevique, León Trotsky).  Hablamos, obviamente, de la Historia oficial.  Pues la de los historiadores materialistas, a que alude Echeverría, es la de los insobornables, como el caso del magnífico pensador Eduardo Galeano, poeta historiador que jamás calla por miedo o complicidad con el poder, para referirnos tan sólo a uno de los muchos que afortunadamente florecen en todas las latitudes del planeta.

 

La burguesía, tras haberse comportado con la consecuencia, aun heroica, que le demandaba la circunstancia histórica, en la Revolución, una vez dueña del poder, cambia su rumbo, trastoca los valores, traiciona los principios, privilegia sus intereses crematísticos.  Y pasa a avasallar incluso los derechos del hombre y el ciudadano que ella mismo proclamó en las postrimerías dieciochescas, cuando explota hasta la ignominia al proletariado industrial y, en el avanzado siglo XX legitima formas esclavistas del trabajo, revierte las conquistas laborales alcanzadas tras luchas cruentas y sacrificadas, en esa grotesca estructura que monta, vía globalización económica, desde una seudo ideología a la que califica de neoliberalismo.

 

Y es este sistema –el llamado neoliberalismo- precisamente la expresión acabada de la degeneración del liberalismo, cuando las potencias que lo proclaman, las empresas transnacionales que lo defienden y financian, aupadas por los diseños económicos del tristemente célebre Premio Nobel de Economía, Milton Friedmann y su equipo de Chicago boys, no sólo que inspiran desde la teoría sino que participan activa y personalmente en la instauración y consolidación de los regímenes más violentos y brutales, en los que funciona a plenitud el terror de Estado, en ese mecanismo siniestro que la magnífica investigadora canadiense Naomi Klein denomina la Doctrina del Shock.

 

Es el  mismo neoliberalismo que pretende imponer, desde los Estados Unidos y ahora desde la Unión Europea, vía acuerdos económicos asimétricos, llamados Tratados de Libre Comercio o Acuerdos de Asociación, la hegemonía del capital transnacional a los pueblos de la periferia, aunque ello signifique la destrucción de sus pequeñas economías y la pérdida real de su soberanía.  Y en otros casos, imponga, efectivamente, vía la guerra de conquista, ese modelo y esa hegemonía con el único propósito de saquear las riquezas naturales de los países, como lo viene llevando a cabo con las atormentadas patrias iraquí y afgana.

 

La decadencia, en fin, de la sociedad estructurada por el liberalismo, que construyó la Revolución Francesa, se manifiesta en el deterioro implacable de la institucionalidad en el país de Washington y Lincoln, cuando a finales del año 2000 se monta la farsa más grotesca en el proceso electoral de ese país, para burlar la voluntad popular que otorgaba el triunfo al candidato demócrata Al Gore y lleva a cabo el más burdo golpe de Estado, a fin de encaramar en el poder al peor de los presidentes de los EE. UU. de Norteamérica, desde la fundación de la Unión, el señor George Walker Bush, instrumento él de los sectores empresariales más retardatarios, voraces y guerreristas. Por primera vez, creemos, se consuma un fraude electoral en el país paradigma del respeto a las instituciones (Léase, para más amplia información referida a ese fraude, Estúpidos hombres Blancos, denuncia valiente e implacable del periodista norteamericano Michel Moore).  Y hablemos nuevamente del Laicismo.  No creo que exista un país en el mundo occidental que más haya pervertido su esencia, que Norteamérica.  Y aunque la mente incontaminada de sus mejores hombres y mujeres persevera en demandar una educación basada en la razón y la ciencia, los empeños por acabar con la educación laica obtienen triunfos, aunque parciales, que incluyen la estigmatización de la Teoría de la Evolución de Darwin, para reemplazarla por la mitología bíblica de la Creación.  Referido a lo cual, citando a Guillermo Fuchslocher:

 

 

Cuando la burguesía deja de ser revolucionaria no duda en sacrificar las libertades políticas si éstas entran en conflicto con las libertades económicas y en eliminar el liberalismoideológico (el laicismo) cuando se dan cuenta que el control de las conciencias que brindan las religiones es uno de sus mejores aliados”.

 

Y qué decir de la libertad de expresión, tan cara otrora al pueblo norteamericano.  Convertida hoy, más o menos desde el macartismo, en una verdadera caricatura, no es otra cosa que la máscara con que el gran capital manipula la conciencia del pueblo norteamericano, pero también de amplios sectores de la población mundial, al ocultar la información, tergiversar los hechos, confundir, aceptar y difundir la mentira fraguada desde el poder para justificar las guerras de agresión y de conquista, y acallar las voces de la dignidad ¿Por qué nos referimos a Norteamérica, si lo que nos convoca es la recordación de la Revolución Francesa?  Primero, porque la Independencia Norteamericana le precedió a aquélla y le aportó con muchos de sus principios democráticos para su realización.  Y segundo, porque el país que con más empeño y denuedo desarrolló las instituciones liberales y los principios de la democracia, han sido los EE. UU. A diferencia de Francia, cuyos reflujos se expresaron en el Imperio Napoleónico, la presencia aunque relativamente corta de Luis XVIII y, por supuesto, la reinstalación de la monarquía con Napoleón III, Norteamérica jamás, desde la Independencia de Inglaterra, instauró monarquía alguna en su propio territorio.

 

Sin desmedro, por supuesto, de que, desde su nacimiento mostrara su vocación imperial, vía la teoría seudo mesiánica del Destino Manifiesto.  A lo que hemos de añadir que aquel suceso histórico de la reversión libertadora de Haití en el lejano siglo XIX cobra actualidad cuando el neoimperialismo subyuga a los pueblos del  llamado Tercer Mundo, sometiéndolos a una condición neocolonial, mientras, claro está, procura mantener el bienestar incluso de su proletariado en la metrópoli.

 

Perspectiva:

Cuando en entrevista periodística le preguntaron al líder chino Mao Tse Tung, sobre su opinión respecto de la Revolución Francesa, él respondió que era demasiado corto el tiempo transcurrido para poder evaluarla. Seguramente al conductor de la Gran Marcha le asiste la razón, puesto que los períodos históricos, la forma de organización que adoptan las sociedades tienen duraciones mucho más prolongadas.

 

Pensamos, no obstante, que son bastante claros los signos de la decadencia de un modelo, aunque sólo hayan transcurrido escasos dos siglos de su permanencia en la Historia humana, si nos hemos de remitir a la transformación de 1789 como el punto de partida.  En todo caso, si aun se cuentan los tiempos desde el momento en que los artesanos pierden sus instrumentos de trabajo para tornarse asalariados, es decir desde que se inaugura el modo de producción capitalista, no hablamos de más de 4 o 5 siglos, .  Porque, ¿Cuántos siglos vivieron las sociedades esclavista y feudal? ¿Se deberá esperar tiempos similares para que el capitalismo y su modelo político, económico y administrativo de corte liberal cedan el paso a otras estructuras más justas, más humanas?

 

Reiteramos: los signos de los tiempos son signos de descomposición. Pero su contrapartida son las manifestaciones de inconformidad de los grandes conglomerados humanos, sobre todo desde que el capitalismo no trepida en destruir la vida en el planeta, con tal de acumular riqueza. Y, por lo demás, los cambios de la estructura social bien pueden darse al ritmo vertiginoso de la celeridad con que la ciencia y la tecnología avanzan, un ritmo de algún modo alucinante. Recuérdese que Marx –apelamos una vez más a su pensamiento- afirmó que lo que llevará a la transformación radical de la estructura social y la abolición de las clases sociales, será la ciencia y la tecnología.  Es posible aventurar que el desarrollo vertiginoso de éstas resulta incompatible con el modo de producción capitalista.

 

Recordemos, finalmente, que los intentos por alcanzar la verdadera liberación de las fuerzas productivas, en un desarrollo de los principios de la Revolución Francesa, pero ahora orientados a la justicia social, se dieron ya. Fue la Comuna de París, que antes de que transcurrieran cien años desde la Toma de La Bastilla, intentó alcanzar el poder para los trabajadores asalariados.  Su previsible derrota –Marx lo señaló, sin embargo de lo cual la justificó y respaldó como un intento libertario legítimo- obedeció a la desventaja enorme en la correlación de fuerzas, frente al propio poder burgués, su virtual alianza con la nobleza y la monarquía hace poco derrotada y al apoyo de Bismark, el Kaiser alemán temeroso de que la chispa de la Comuna incendiara toda Europa.

 

  ( Autor: Jaime Muñoz Mantilla M:. M:. Conferencia pronunciada en Tenida Blanca de conjunto de las RR:. LL:.  “Eugenio Espejo” y “Voltaire” de Quito, en el Aula Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, con motivo de recordar el 14 de julio de 1789 y el 2 de agosto de 1810.)

 

 

La Constitución Civil del Clero en la Revolución Francesa

 

La cuestión religiosa en la Revolución Francesa tuvo dos claras dimensiones, una ideológica y otra socioeconómica, estrechamente unidas. La Ilustración siempre había abogado por una profunda reforma de la Iglesia para evitar su poder en la cultura, la educación y las mentalidades, y para ponerla al servicio del Estado, aspecto con el que coincidía, en parte, con la tradicional política de la Corona francesa (galicanismo).

Pero esa reforma tenía que ver, además, con la nacionalización de los bienes del clero, algo más novedoso y vinculado ya claramente con los revolucionarios. A cambio, el Estado debería sostener a la Iglesia. La nacionalización de los bienes debía conducir a la venta de los mismos para aliviar la profunda crisis financiera del Estado, heredada del Antiguo Régimen. Esas ventas, por lo demás, afianzarían el poder de la burguesía, con evidente hambre de tierra. Esta dimensión económica y social, puesta en marcha en la Asamblea Constituyente, fue seguida en el resto de los países católicos cuando emprendieron sus respectivas Revoluciones liberales, como en muchos Estados italianos o en España con las desamortizaciones. Los revolucionarios también decretaron la abolición del diezmo.

El 13 de febrero de 1790, la Asamblea aprobó el Decreto de supresión del clero regular y la necesidad de reorganizar el clero secular. El 12 de julio de ese mismo año se aprobó la Constitución Civil del Clero, por la que los eclesiásticos se convertían en funcionarios del Estado francés, al quedar encuadrados en una administración parecida a la civil, suprimiendo los votos solemnes que prestaban. Cada departamento tendría un obispo. Por encima se crearon diez metrópolis eclesiásticas como sedes para los arzobispos. Todos los sacerdotes, obispos y arzobispos serían elegidos como se hacía con los funcionarios y debían prestar un juramento de fidelidad a la Nación, la Ley y el Rey. El clero francés quedaba desligado de la obediencia al Papa. Es evidente que Roma reaccionó con contundencia. Pío VI condenó la Constitución Civil. Desde ese momento el clero francés se dividió en dos. Por un lado, estarían los que aceptaron el cambio o juramentados y, por otro, los conocidos como refractarios, fieles al Papa, además de abrazar la causa contrarrevolucionaria. El problema religioso francés adquirió un componente internacional evidente. El divorcio entre Francia y Roma se solucionó en parte con Napoleón con el Concordato de 1801

 

(Escrito por el historiador: Eduardo Montagut.    Fuente: Europa Laica. 2015)