EL SIGLO XVIII Y EL ADVENIMIENTO DE LA MASONERIA MODERNA

INTRODUCCION Según el calendario gregoriano, que es la medición del tiempo que nos rige, el siglo XVIII comprende los años 1701 a 1800 era vulgar, en expresión masónica. En el transcurso de la historia occidental ha sido llamado el Siglo de las Luces, en mención a que durante este período surgió y se desarrolló el movimiento intelectual llamado la Ilustraciónque comprendió la sumatoria del conocimiento alcanzado por el ser humano en las artes, la filosofía, la ciencia, la política, la economía y el derecho.   A través de los años, se ha constatado que lo ocurrido en esa época es...

INTRODUCCION

Según el calendario gregoriano, que es la medición del tiempo que nos rige, el siglo XVIII comprende los años 1701 a 1800 era vulgar, en expresión masónica. En el transcurso de la historia occidental ha sido llamado el Siglo de las Luces, en mención a que durante este período surgió y se desarrolló el movimiento intelectual llamado la Ilustraciónque comprendió la sumatoria del conocimiento alcanzado por el ser humano en las artes, la filosofía, la ciencia, la política, la economía y el derecho.

 

A través de los años, se ha constatado que lo ocurrido en esa época es fundamental para comprender el mundo actual pues un sinfín de acontecimientos científicos, políticos, sociales, económicos, culturales e intelectuales tienen su génesis allí.

 

De hecho, partió con la máquina de vapor y culminó con la Revolución Francesa, la Independencia de los Estados Unidos y las luchas independentistas de América Latina, por mencionar sólo algunos referentes. Entre estos acontecimientos ocurrió la más notable evolución de las artes, las ciencias y las libertades del individuo, jamás vivida en la historia de la Humanidad. En la Ilustración confluyeron las más avanzadas ideas, proyectos y postulados que emanaban de las inteligencias aún soterradas por el dominio brutal de la ignorancia y el dogmatismo heredado de la Edad Media, y que habían empezado a emerger y crecer durante el Renacimiento.

 

Tras el caos político, social y militar vivido en el siglo XVII, se imponen las condiciones para que surja este movimiento cuya principal característica es la reafirmación del poder de la Razón humana, contrapuesta a la fe, los dogmas y la superstición. Las estructuras sociales basadas en el vasallaje y en el feudalismo colapsan, arrastradas especialmente por las consecuencias de un término que irrumpe para designar energías de cambio: Revolución. Desde Inglaterra, en el alba del siglo, se expande indetenible la Revolución Industrial y sus consecuencias.

 

¿Y qué ocurría con la masonería en este bullente mar de olas intelectuales del siglo XVIII? Pues no era precisamente un grupo de individuos que observara a distancia, con escepticismo o indiferencia. Tampoco era un simple grupo. Eran protagonistas, impulsores y creadores. Obviamente no todos los que participaban eran masones, pero es dable concluír que a la inversa, todos los masones eran partícipes, responsables y activos difusores de los cambios. La afirmación nada tiene de audaz si analizamos la cantidad de masones presentes en la consignación histórica de cada evento vinculado. Por sobre todo, el sentido ideológico más profundo que se logró imponer son los principios y valores de la masonería universal, con el lema de la Revolución Francesa como paradigma : Libertad, Igualdad y Fraternidad.

 

Si bien está documentado que la Masonería existía varios cientos de años antes del siglo XVIII acotada a los antiguos gremios de constructores, albañiles o “masones”, es en ese tiempo que se ubica el nacimiento formal, el establecimiento de la institucionalidad que perdura hasta nuestros días.

 

No es de extrañar que esta formalización ocurriera en Inglaterra, al lado de las Altas Tierras de Escocia, Highlands, donde recibieron refugio los Templarios quienes a lo largo de los siglos se vincularon a la economía local y, en especial, al gremio de los constructores.

 

En toda Europa, las nuevas condiciones, los avances mencionados, van produciendo también al interior de la Masonería un proceso que se impone lentamente desde el siglo XVI y que sería el detonante para el llamado Advenimiento de la Masonería Moderna. En las Logias otrora cerradas a quien no perteneciese al gremio de los constructores, se iban incorporando miembros que ejercían otras actividades.

 

Según los historiadores, así comenzó un cambio en la Masonería inicialmente imposible de prever en sus consecuencias, pero que a la postre la salva de la desaparición: se va estructurando una nueva Masonería, que llevó a que a lo largo de los  siglos XVII y XVIII los pensadores se refugiaran en las Logias protegiendose de los embates del orden establecido y el pensamiento único.

 

Así, el 24 de junio de 1717, en la festividad de San Juan Bautista, en la Alehouse Goose and Gridiron o Taberna Ganso y Parrilla, de Londres, se reunen las cuatro Logias londinenses que dan vida oficial a la primera Gran Logia, y ponen fecha de nacimiento a la Masonería Moderna o Masonería Especulativa, dejando el pasado para la Masonería Operativa.

 

Esta institución pasaría, en 1721, a tomar el nombre de Gran Logia de Inglaterra que mantiene hasta hoy. A pesar de haber sido un enorme impulso para la extensión de la Masonería, derivando de ella incluso la propia Gran Logia de Francia, su existencia no ha estado vacía de conflictos, en lo inmediato con la Orden Escocesa y a través de los tiempos por su exacerbado y anacrónico rechazo al derecho de las mujeres a ser iniciadas.

 

 

La Masonería Operativa

 

            Las primeras Logias agrupaban en su seno exclusivamente a quienes laboraban en el gremio de la construcción, una actividad de alta evaluación y códigos estrictamente protegidos del conocimiento fuera de este ámbito. Albañiles, picapedreros, arquitectos eran en extremo celosos con el secreto profesional, a la vez que con su formación intelectual y su interés por las ciencias y la filosofía. “Son los maestros conocedores de la Geometría, por ende son sabios”, se decía. Durante la Edad Media, recorrían de feudo en feudo contratados especialmente por la realeza, el clero y la nobleza para construír castillos y catedrales, muchos aún en pie. Se instalaban en pequeñas construcciones, que llamaban Loggia y que levantaban cerca de la obra. Cuando llegaba la noche, practicaban rituales y recibían ceremonialmente a los jóvenes que aspiraban a ingresar al gremio.

 

Los masones operativos utilizaban los instrumentos de construcción para el uso normal a que estaban destinados, pero daban a cada uno una interpretación simbólica de carácter esotérica, moral, ética y espiritual. Muy jerárquicos, tenían una organización gradual y manejaban conocimientos científicos y tecnológicos que guardaban en el mayor secreto, protegidos por claves y métodos de reconocimiento igualmente secretos.

 

Dado que los ritos en si son sistemas de enseñanza y aprendizaje, los Grados son estadios de conocimiento en los cuales progresivamente se va incrementando el saber. Al pasar de Operativos a Especulativos la masonería mantuvo el Ritual, respetando el significado de cada elemento pero reemplazandolos símbologicamente.

 

No todos los gremios de masones operativos eran iguales, ya que el país en que vivían influía fuertemente en sus características particulares y diferenciadoras. Esto hizo que, desde la propia Edad Media, se fuese gestando un desarrollo diferente, lo que posteriormente serían los distintos ritos y costumbres masónicas en la Masonería moderna.

 

Los antiguos masones practicaban la fraternidad y sus reuniones eran de reserva absoluta. En ellas ejercían la libertad de pensamiento y de expresión, derechos no muy bien respetados ni aceptados como tales en varias épocas.

 

Al surgir el germen de la Masonería Especulativa, siglos XVII y XVIII, señala el connotado masón Iván Herrera Michel, estas Logias fueron refugio de perseguidos por delitos políticos y supuestas o reales conspiraciones derivadas de los movimientos libertarios de la época. “Basta imaginar un poco”, dice Herrera Michel, “lo que implicaría hoy que esa cabañita que llamaban Logia sirviera de refugio, o caleta, para las reuniones de los intelectuales de izquierda, y/o los que quieren que el gobierno en ejercicio se caiga. La policía los busca, los gobernantes los persiguen y gran parte de la sociedad no está de acuerdo con sus ideas y procederes; pero ellos allí, por alguna razón legal estarían a salvo de allanamientos, operativos o otras represiones“.

 

Las Logias brindaban inmunidad a los que buscaban en ellas estar a cubierto, en razón precisamente, a privilegios que los constructores organizados habían acumulado durante siglos en su provechosa relación con las casas reinantes y los jerarcas católicos.

 

En el siglo XVI se inició la decadencia del Gremio. La construcción de catedrales, grandes monumentos y palacios empieza a dejar de ser la aspiración máxima de las clases dominantes, es decir del clero y de la nobleza. Cierta forma incipiente de exigencias populares frente a los abusos en impuestos y diezmos, va bajando los arbitrarios ingresos y produciendo crisis económicas que, al igual que en nuestros días, afectan la construcción.

 

Pero esto es también el signo de una forma distinta de orden social, que necesita de construcciones más pequeñas y de menor costo, ya que la demanda de obras ahora proviene de un grupo emergente: la burguesía.

 

Una Plancha de la Logia española Conde de Aranda, relata en forma precisa el proceso:

 

El paso de la Masonería Medieval o Masonería Operativa, cuyos miembros en número importante se obligaban a ser buenos cristianos, a frecuentar la iglesia y a promover el amor a Dios y al prójimo, a la Masonería Moderna o Masonería Especulativa, puede seguirse a través de una serie de documentos que se encuentran en la famosa Gran Logia de Edimburgo, y sus archivos completos desde 1599. Ellos nos permiten constatar que poco a poco, a lo largo del siglo XVII aparecen en los procesos verbales, al lado de los verdaderos operarios que trabajaban la piedra, otros personajes de los que consta ejercían una profesión totalmente diferente: abogados, mercaderes, cirujanos, etc. Asistían a las reuniones masónicas  a título de Accepted Masons o miembros honorarios, más conocidos con el nombre de Masones Aceptados. Solía tratarse de personajes de la alta sociedad que patrocinaban a los gremios, y les prestaban ayuda.

 

Por otra parte, la aparición de las Academias de Arquitectura -en especial en Italia- quitó razón de ser al sistema gremial de aprendizaje de la construcción, con todo lo que esto llevaba de transmisión ritual de los secretos del oficio. Las hermandades y Logias masónicas fueron paulatinamente quedando en manos de francmasones adoptados.

 

De a poco y de manera natural, los especulativos se fueron imponiendo a los operativos.

 

El período de transición abarca fundamentalmente de 1660 a 1716, época de trastornos sociales, políticos y religiosos en toda Europa, y que habían concentrado en Inglaterra a la mayor parte de los masones operativos europeos a fin de reconstruir la ciudad de Londres, prácticamente destruida a raíz del incendio de 1666. Fue crucial en la enorme influencia que tuvo la Masonería inglesa una institución que creada por masones y que agrupó a los más brillantes intelectos de entonces y ahora, cuya historia sería demasiado extenso abarcar. Se trata de la Royal Society que está íntimamente entrelazada con la historia de la ciencia y de la Masonería en Inglaterra y Escocia desde 1660. Sus orígenes están en una institución conocida como “Invisible College” integrada por unos filósofos Masones y que congregaba entre sus miembros a lo más granado del intelecto inglés, entre ellos al matemático y físico masón Sir Isaac Newton y el caballero Andre de Ramsay que habría de ser en Francia uno de los fundadores del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

 

La Masonería Especulativa

 

El proceso de instauración llega a su fin oficial en 1717, fecha que señala convencionalmente el nacimiento de la francmasonería moderna, cuando cuatro logias de Londres, cuyos miembros eran exclusivamente especulativos o adoptados, fundaron la Gran Logia de Inglaterra y, cuatro años después, en enero de 1723, establecieron la llamada Constitución de Anderson que rige y norma hasta el presente a las Ordenes adscritas a la Gran Logia londinense, como la la Gran Logia masculina de Chile. Este texto, de 93 páginas está influenciado fuertemente por las ideas religiosas del presbítero James Anderson. En los ingleses nació una masiva predisposición, especialmente entre los eruditos, lo que hace que la institución se desarrolle y expanda por el mjundo entero en pocas décadas. Solo en Londres, las Logias alcanzaron a un centenar y derivaron las Ordenes de España y Francia, que luego declaró su autonomía.

 

A partir de entonces se verificó un cambio en la orientación de la hermandad masónica. A partir de aquel período, la masonería se transformó en una institución cuya característica era la consecución de una finalidad ética, moral y valórica, susceptible de propagarse por todos los pueblos civilizados.

 

La Masonería Moderna se instaló haciendo realidad postulados aprobados en 1523, en la Asamblea General de Francmasones realizada en Francia  que emitió una organización básica y acordó principios impresionantemente vigentes hasta el dia de hoy, especialmente la definición de Orden con finalidad filosófica y científica, así como representativa de una nueva orientación ideológica, liberal y progresista.

 

No deja de sorprender que hace casi 500 años, en esta incipiente Masonería Especulativa, se haya aprobado no sólo la forma en que hoy día nos hemos reunido aquí, sino que además se haya establecido como “deberes primordiales de los masones” el pugnar (término original que os aconsejo revisar el significado), entre otros temas :

 

- por el reconocimiento de la separación de la filosofía de la teología;

-  por la libertad de pensamiento y de investigación científica;

-  por el intercambio de los conocimientos y de las prácticas entre los hombres    para el bien propio y de la humanidad;

-  por la libertad de conciencia religiosa;

- por la abolición de los privilegios de las castas de la nobleza y del clero;
- por los derechos de los pueblos de gobernarse libremente, según sus leyes y costumbres.

 

En la Constitución aprobada en esta Asamblea se establecía, entre otros puntos que, como producto del pensamiento filosófico progresista, los conceptos básicos de la Francmasonería son sagrados e inviolables y -remarcaba- no pueden estar en contraposición con los progresos de las Ciencias ni con las ideas avanzadas de épocas posteriores; por lo tanto, los Francmasones no pueden tergiversarlos ni omitirlos, sin perder su calidad de progresistas y de Francmasones. También señala que todo Francmasón electo para un cargo o representación, es responsable ante sus electores y puede ser destituido por ellos en cualquier momento y que entre los Francmasones y sus asociaciones no pueden existir diferencias basadas en la distinción de razas, color o nacionalidad. El último punto es clave para dimensionar la importancia de la participación masónica en los acontecimientos del siglo XVIII ya que indica que “ los principios de Universalidad, Cosmopolitismo, Libertad (no esclavitud), Igualdad (ante las posibilidades) y Fraternidad (como base de relaciones entre los hombres) son las metas de la Francmasonería.

El documento termina con una frase que impacta: “Por el triunfo de la Verdad científicamente demostrable, por el progreso del Género Humano, por la Unión, la Solidaridad y Cooperación entre los Francmasones, y por la fraternidad Universal.

A esta vanguardista Masonería Especulativa, generada en la Logia de Leonardo Da Vinci, de perfil progresista, adogmático y liberal, pertenecerían grandes hombres de la época, muchos de ellos víctimas y perseguidos por la Inquisición como Giordano Bruno, o de la talla de Benvenuto Cellini y del teólogo y científico español Miguel Servet.

 

Aún más, la reforma inglesa de 1651 modificó el artículo 10 de los Principios básicos de la Francmasonería, y añadió pugnar por la implantación de la educación laica en las escuelas, por la abolición de la esclavitud humana; y por la abolición de la monarquía y el establecimiento de la República.

 

Si en el siglo XVI y en el XVII la Masonería hablaba en esos términos, no sólo se comprende la aseveración de Herrera Michel respecto de la función “protectora” de las Logias, sino que lo ocurrido en el siglo XVIII no debería sorprendernos ya que la iluminación llevada por los masones al Siglo de la Luz no fue más que cumplir con el propósito enunciado de aportar al beneficio de la humanidad.

 

El lento proceso de relevo de la operatividad a lo especulativo comporta el trabajo de sintetización simbólica de todos los elementos cotidianos del trabajo operativo. Este fenómeno se da simultánea y paralelamente en toda Europa sin que haya, en principio, ninguna intención de homogeneizar los contenidos.

 

 

La Ilustración

 

Mientras católicos y protestantes ensangrentaban Europa con sus guerras religiosas, los masones trataban de combatir la ignorancia y el fanatismo dogmático mediante la educación y la filantropía, esquivando las persecuciones de la Iglesia y el absolutismo.

 

Como bien sabemos todos nosotros, la Masonería -ni antes ni ahora- interviene institucionalmente, sino a través de sus miembros. Durante más de doscientos años, sus principios fueron consolidando una corriente de pensamiento que se reflejó en la creación y desarrollo del movimiento llamado Ilustración,que tuvo a los masones no solo como integrantes, sino como parte fundamental de sus protagonistas. El propio nombre de Siglo de las Luces, por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón, nos lo corrobora.

 

La Ilustración, primera cultura laica en la historia de Europa, fue un movimiento cultural que se desarrolló en Inglaterra y Francia a mediados del siglo XVII y durante el siglo XVIII, concordante también con las fechas emblemáticas de la Masonería. El eje de sus convicciones se sustentaba en que la Razón Humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construír un mundo mejor.

 

Para la posteridad quedaron sus ideas plasmadas en su Enciclopedia, la monumental obra  que reunió todo el conocimiento científico y humanista alcanzado hasta ese período. En ella se evidencia el escepticismo religioso, la confianza ilimitada en el progreso, el repudio a la tradición de la opresión y el rechazo al orden basado en dios, instaurando un orden basado en el hombre. Su éxito fue extraordinario en toda Europa y América.

 

Jostein Gaarder sintetiza en siete puntos las ideas principales de la Ilustración:

 

  • 1. Rebelión contra las autoridades
  • 2. Racionalismo
  • 3, La idea de «ilustrar»
  • 4. Optimismo cultural
  • 5. Vuelta a la naturaleza
  • 6. Cristianismo humanizado
  • 7. Derechos humanos o derechos naturales del ser humano, como se denominaban entonces.

 

La rebelión contra las autoridades significaba combatir el imperio del rey, de la nobleza y del clero, instaurando gobiernos en los que tuviese participación la voluntad ciudadana. Llamaban drásticamente a eliminar el poder por herencia.

 

            Los filósofos de la Ilustración consideraron como su cometido construir una base también para la moral, la religión y la ética, de acuerdo con la Razón inalterable de las personas.

 

Fundadores de la pedagogía como ciencia, consideraban que era el momento de “ilustrar” a las grandes capas del pueblo, pues ésta -sostenían- era la condición previa para una sociedad mejor ya que, a su juicio, la miseria y la opresión eran consecuencia de la ignorancia y la superstición, y que se debía combatir también educando en especial a los niños. Y, en cuanto se difundieran la razón y los conocimientos, la humanidad haría grandes progresos. Era, para ellos, simplemente cuestión de tiempo que la sinrazón y la ignorancia cedieran ante una humanidad «ilustrada».

 

Respecto de la religión, ella debía estar en corcordancia con la razón humana y jamás poner límites al pensamiento, como son los dogmas. Si bien un importante número de ilustrados eran ateos, la gran mayoría tendía hacia el deísmo, la creencia en un ser superior que habría creado el universo, pero sin intervenir posteriormente.

 

Como era de esperar, los enciclopedistas no se contentaron sólo con la teoría. Lucharon activamente en favor de lo que llamaron “derechos naturales” de los ciudadanos, esos derechos que los seres humanos deben tener simplemente en virtud de haber nacido. Mucho después se pasó a denominarlos “derechos humanos”. Incluían en estas reivindicaciones a los negros y a los delincuentes, remarcando la obligatoriedad de legislar e imponer el respeto a las leyes y a una sociedad de derecho que impusiera el principio de la “inviolabilidad del Individuo”.

 

Combatieron la censura, propugnando la libertad de imprenta porque había que garantizar el derecho de las personas a pensar libremente y expresar sus ideas en todo terreno, especialmente el religioso, la moral y la ética. Lo que hoy cotidianamente recibe el nombre de “temas valóricos”.

 

Este cúmulo de reformas y propuestas en pro de un mundo mejor, con justicia y bienestar construyó la Declaración de los Derechos del Hombrey del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, el 26 de agosto de 1789, uno de los documentos fundamentales de la Revolución Francesa.

 

En la segunda mitad del siglo XVIII, la Masonería francesa deja de ser solo un Club de hombres ilustrados para, impulsados por las ideas de los enciclopedistas, convertirse en caja de resonancia del Siglo de las Luces, participando en las concepciones que dieron pie a la Revolución Francesa, y formaron a un grupo meritorio de jóvenes pertenecientes a la burguesía criolla americana, para que a partir de sus propios talentos y con la ideología libertaria de las Logias continentales europeas, independizaran a casi todo el continente americano. Llegaron, incluso, a fundarse un número importe de Logias en toda América que trajeron al nuevo continente las ideas de la Ilustración y dieron nacimiento a las Ordenes existentes en todo en continente.

 

En este siglo XXI ya no hay duda de que Gran Oriente de Francia nació como un cuerpo poderoso, influenciado por las luces filosóficas y las diversas culturas especulativas. Hoy sabemos que no existió un complot Masónico, como se acusó en diversos períodos, en el origen de la Revolución Francesa, pero reconocemos que muchos Francmasones tuvieron participación en los eventos de ella, y que la influencia de las ideas debatidas en las Logias fue determinante. Estas huellas Masónicas en la Revolución también, es reconocido, se reflejan en los modelos de funcionamiento y en muchos de los signos simbólicos adoptados por las nuevas instituciones. El propio lema, Libertad-Igualdad-Fraternidad, como hemos dicho, el Compás, la Escuadra y el Ojo en las iconografías  de Estados Unidos. Y no olvidemos que La Marsellesa, una canción compuesta por el Masón Rouget de Lisle, se transforma en el himno nacional de Francia.

 

La Masonería Especulativa culminó así el siglo XVIII con su partipación activa y determinante en los trascendentales acontecimientos históricos del fin de esa era. Su impronta está en la Revolución Francesa, en la Independencia de los Estados Unidos y en las acciones libertarias de los movimientos independentistas de Latinoamerica.

CONCLUSIONES

 

El mundo entero admite hoy que la propagación de los principios masónicos durante el siglo XVIII preparó una profunda transformación en todo el mundo, constituyendo las bases sobre las cuales se liberaron muchos pueblos del mundo que alcanzaron la democracia. Estos principios de fraternidad laboraron en la construcción del bienestar humano, con el objeto de que cada uno de sus miembros se convirtiera en constructor, no sólo de su templo interior, sino que también de todo el edificio social.

 

Newton, Bacon, los ilustrados Voltaire, Rousseau y Montesquieu, Benjamin Franklin, Jefferson, Diderot, Condorset, los independentistas Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Emiliano Zapata y Pancho Villa, San Martín y O'Higgins. Y tantos más. El propósito común fue liderar hacia el progreso y la justicia, rompiendo ataduras de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. El marco intelectual para hacer germinar la semilla libertaria.

 

La nueva Masonería ya no tiene como objetivo la construcción de templos materiales sino templos ideales o espirituales, al interior de cada uno. Su mira es el perfeccionamiento individual para aportar al perfeccionamiento de la sociedad en su conjunto y de la humanidad.

 

La Masonería, ya sea Operativa o Especulativa, ha sido fiel a su ethos de organización espiritual, nacida como una sociedad de ayuda mutua, una orgánica para protegerse y proteger, basada en la fuerza de las interrelaciones humanas positivas y benéficas entre sus miembros. Es decir, en la solidaridady en la fraternidad.

 

A veces nos quedamos en sus características de Orden…. Y se nos queda atrás esta identidad que desde su aparición, sin importar en qué siglo haya sido, la sella como un grupo que ve la luz de la hermandad.

 

ETHEL PLISCOFF    M:.M:.

 

 

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