RETORICA, ORATORIA Y LIDERAZGO DEMOCRATICO

ORIGEN, HISTORIA, DEFINICIÓN DE RETÓRICA    La palabra es un elemento propiamente humano y la Retórica es consustancial a la persona humana. No resulta difícil comprender que ella es una de las características del ser humano que más puede favorecer la creación de sólidos vínculos afectivos y facilitar la concreción de actos tremendamente solidarios y positivos. A través de ella podemos aprender y enseñar, pero tiene, a la vez, el potencial de convertirse en un arma mortal.   Por la palabra fanatizada se pueden generar actos de brutal inhumanidad, como los que la historia nos muestra en el pasado y...

ORIGEN, HISTORIA, DEFINICIÓN DE RETÓRICA 

 

La palabra es un elemento propiamente humano y la Retórica es consustancial a la persona humana. No resulta difícil comprender que ella es una de las características del ser humano que más puede favorecer la creación de sólidos vínculos afectivos y facilitar la concreción de actos tremendamente solidarios y positivos. A través de ella podemos aprender y enseñar, pero tiene, a la vez, el potencial de convertirse en un arma mortal.

 

Por la palabra fanatizada se pueden generar actos de brutal inhumanidad, como los que la historia nos muestra en el pasado y las noticias nos entregan en estos días. La palabra puede herir más profundamente que otras armas y las heridas que deja, demoran más tiempo en cicatrizar que las infringidas por otros instrumentos de muerte.

 

Afortunadamente, también ella ha servido para que los creyentes en general, puedan tener acceso a las palabras que, con la divina inspiración, se han escrito en los textos sagrados de diversas religiones, o tomar conocimiento de las grandes creaciones artísticas, científicas, literarias, tecnológicas que la humanidad ha conocido. Una hermosa cita de Horacio, que aparece en la introducción al Diccionario de la RAE nos describe a la palabra de un modo especial:

 

«Al igual que los bosques mudan sus hojas cada año, pues caen las viejas, acaban la vida de las palabras ya gastadas, y con vigor juvenil florecen y cobran fuerza las recién nacidas... Renacerán vocablos muertos y morirán los que ahora están en boga, si así lo quiere el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de la lengua»

 

La enseñanza sistemática de la Retórica parte en el siglo V AC., en Siracusa, en una época en que la palabra tenía un poder mágico especial; el poder de destruir o crear, encantar y entusiasmar, hechizar o engañar. Dado este hecho, no es fácil delimitar en la antigua Grecia, poesía, magia, mito, religión o profecía, pero sí era real que quien adquiría el dominio de la palabra, podía alcanzar sus metas más fácilmente. En los albores del siglo XXI, la fuerza de las imágenes que se trasmiten por TV, Internet y otros medios, han llevado a un debilitamiento de la influencia de las personas que estudian, embellecen y ordenan el lenguaje para trasmitir sus creencias, opiniones o ideas. Es indudable que preparar una cuña de 15 segundos para expresarla con una sonrisa, artificial, ha hecho surgir otros especialistas en marketing político, comercial, etc. La fuerza de la palabra, sin embargo, mantendrá su vigencia en cuanto queramos mantener una cultura propiamente humana, en la que el diálogo de dos vías, escuchar y hablar o hablar y escuchar es esencial. Como afirmaba Plutarco, ese gran ateniense que vivió entre el año 50 y el 125 DC.

 

»Para saber hablar es preciso saber escuchar. La gran debilidad de la imagen está en que sólo requiere receptores, en cambio sí se aprovecha esa técnica para fortalecer el intercambio de puntos de vista, nuevamente se concretará un decisivo progreso en las relaciones humanas. Afortunadamente, «en un principio fue el verbo... y el verbo se hizo carne»

  1. INICIOS.

 

La Retórica se convierte en objeto de estudio cuando el alfabeto y la lengua escrita quedan establecidos, de modo que el acto de hablar, se transforma en audible, visible, analizable y programable. La Retórica, reflexión sobre el hablar, tiene estrechos lazos con la lengua escrita, aunque Ramírez advierte que:

 

»la lengua hablada es el uso directo de una facultad humana y con ello una acción, mientras que la escritura alfabética inventada 700 años antes de Cristo es una tecnología» .3 «La invención de la imprenta, con ser importante, no es fundamental, si se compara con la invención de las letras».

 

Sin lengua escrita, ni la imprenta ni la ciencia habrían surgido, ni mucho menos se habrían divulgado. Por eso califica Walter J. Ong (1982) a la escritura como tecnología y no sólo como técnica. Lo que diferencia a la tecnología de la mera técnica, según Neil Postman (1992) es que la técnica, el mero uso de un instrumento, resuelve problemas determinados y realiza tareas previstas, mientras que la tecnología va más allá de nuestras intenciones, transformando las estructuras que determinan nuestra forma de pensar y de actuar.

 

Una comprensión propia y profunda de la retórica supone el restablecimiento de la lengua hablada como el fundamento a partir del cual también se comprende la lengua escrita. Su principal precursor fue Córax, que se dedicó a enseñar a los ciudadanos a hablar bien, ya que este era el medio adecuado para presentarse ante los Tribunales y reclamar las propiedades que los tiranos les habían expropiado. En estas exposiciones, se utilizaban los argumentos de probabilidad y/o verosimilitud. Tisias, uno de los discípulos más destacados de Córax, fue pionero, al redactar un manual en que se desarrolla esta nueva teoría. Cada discurso se dividía en cuatro partes y, de este modo, la Retórica que enseñaba permitía sistematizar la argumentación y fortalecer así la comunicación persuasiva ante los Tribunales o la asamblea de ciudadanos. Posteriormente, se traslada a Grecia a difundir sus conocimientos.

 

  1. SITUACIÓN DE ATENAS EN EL SIGLO V AC.

 

En guerra del Peloponeso (404 AC.) entre Atenas y Esparta, Atenas fue derrotada y asumieron el control los espartanos. Pericles, el gran líder ático, había muerto víctima de una epidemia de peste que se desencadenó en la ciudad y su muerte acarreó la división entre los atenienses. El año 404 el espartano Lisandro, con el apoyo de los persas, limpió el Egeo de atenienses y entró triunfante con su flota en el vencido puerto del Pireo. Atenas quedó en una completa bancarrota: su ejército, su escuadra, su economía, su hegemonía, todo había sido barrido. Casi una década después, los enemigos de Esparta empezaron a dar señales de vida, formando una enorme coalición. Atenas salió beneficiada, pues los otros estados le pidieron su ayuda y pudo la ciudad reconstruir su antiguo poder y rehacer su prestigio. Pero aunque en política exterior había indiscutible reactivación, internamente no dejaba de sentir los terribles efectos de la guerra, que había sido muy larga y había desgastado las energías de la ciudad: la población disminuida, campos devastados, masas rurales empobrecidas, que se concentran en la ciudad, el comercio y la producción reducidos al mínimo.

 

Como se ve, las trágicas secuelas de las guerras son conocidas desde muy antiguo y, sin embargo, los seres humanos reiteramos cada siglo los mismos errores. En ese tiempo, como en otras realidades del siglo XXI, reinaba el desaliento y se exacerbaba el egoísmo. La gente no pensaba más que en el lucro y en vivir lo mejor posible. Los ricos tendían a desentenderse de las cargas que suponían los tributos al estado, los impuestos, las prestaciones y el servicio militar, inventando toda clase de excusas para librarse de todo lo que les suponía sacrificio personal o económico.

 

¿Les resulta conocida esa descripción o se cree que en estos tiempos las cosas son diferentes?

 

La plebe, por su parte, reducida a la miseria, era la peor tratada por las circunstancias políticas. La diferencia de clases se había acentuado en gran manera y el pueblo bajo sólo pensaba en ir al teatro con la entrada que le pagaba el estado, y en luchar contra los ricos. En estas condiciones un sistema político basado en la democracia, estaba forzosamente condenado al fracaso más rotundo, pues la base de la democracia es la honradez, buena voluntad, responsabilidad individual, conciencia ciudadana y competencia de los individuos, cualidades muy difíciles de tener en situaciones tan precarias para los pobres y tan oportunistas para los ricos. El sentimiento democrático del siglo V A.C. había descendido entre el pueblo ateniense, ya que los poderosos, preocupados sólo por su dinero y sin el menor sentido ciudadano, no acudían ya a las asambleas, que habían sido la escuela principal de política en Atenas, por lo que hubo que remunerar a los asistentes, si no se quería ver los escaños vacíos. El pueblo, la masa, acudía aunque nada más fuera para percibir el dinero que se le daba y esa circunstancia hacía que la Asamblea pudiera ser dominada por demagogos que con su palabra dominaban la Asamblea y la hacían votar a su capricho, quien adoptando las decisiones más descabelladas y contrarias al interés del mismo pueblo que era engañado y arrastrado de una decisión a otra, a capricho y gusto del orador. La verdad es que esta descripción podría aplicarse, dos mil quinientos años después, a muchos países en distintos continentes aunque, en el lenguaje moderno, hablamos de los riesgos de gobernabilidad y cohesión social que afectan a pueden afectar a muchos pueblos, agravados por el mal uso que puede hacerse de los medios de comunicación modernos.

 

En ese período histórico, todos buscaban soluciones a medida de sus respectivas ideologías y encuadradas en la política que defendían los diversos partidos. Unos, como Isócrates, creyeron intuir el remedio de los males en una monarquía unificadora absolutista (concretada luego en Filipo). Isócrates había propugnado ideas de unificación de todos los griegos contra el enemigo común, que entonces era Persia, y se había mostrado contrario al sistema democrático existente, quizá porque lo veía ya corrompido y de difícil restauración en su anterior estado. En esta situación, los ciudadanos ricos consideraban la sumisión a Macedonia como una forma, la más adecuada, de librarse de todas esas cargas, que ellos creían injustas e insoportables. En una posición distinta se ubicó Demóstenes, con su sentido fuerte de patria, con su patriotismo a ultranza y con un concepto del honor y la dignidad personal extraordinario, que le hacían subir a la tribuna a gritar en pro de la libertad de su país, pues lo demás lo había perdido. La época en que vivió Demóstenes presentaba tonos sombríos en el presente, augurio de un futuro nada prometedor para Atenas.

 

  1. ATENAS, EL CLIMA IDEAL PARA LA ORATORIA.

En Atenas, todo ciudadano podía acusar y defenderse. Los jurados, legos en derecho, atienden más bien a las presentaciones, a la fluidez de discurso que a la verdad. En su favor, el ateniense acudía a un abogado o a un logógrafo o bien él mismo se formaba en el arte del discurso. En décadas anteriores se acostumbraba usar en Chile la expresión «iletrados» para describir a todos los que no eran abogados, lo que provocaba la explicable indignación que sentían todos los que no integran la orden profesional a la que pertenezco. En el siglo V de la era previa al cristianismo, retórica, sofística y política son un todo: políticos, jurados, sofistas y logógrafos forman parte de él. Este fue un siglo de crecimiento de la oratoria y de consolidación en la técnica retórica. Está lleno de oradores que van abriendo el camino a los grandes maestros que se dieron cita en el momento histórico más importante de la elocuencia ática, es decir, ateniense. En política, conseguida la paz, se suceden las hegemonías entre las diversas polis griegas (Esparta, Atenas, Tebas) y se forja el poder de Macedonia. La retórica ocupará el lugar de la poesía y se enfrenta a la filosofía como materia educadora. La especialidad de logografía se hallaba plenamente desarrollada y sistematizada. El logógrafo es la persona que redacta discursos, según los datos que le da el cliente, los objetivos que éste persiga y adaptando el discurso a la personalidad del que lo requiere. El resultado es una cierta repetición monótona, con fórmulas y frases hechas, pero también con la variedad que generan los diversos casos y los distintos tipos de clientes. Estos discursos no son estrictamente obras de quien los redacta, puesto que el cliente colabora y se ven alterados de copia en copia. Ello hace que no se pueda atribuir autoría a muchos discursos, aunque se pueden reconocer los rasgos esenciales de cada orador. En el mundo actual, es reconocida la gran labor que desarrollan los escritores de discursos de los grandes líderes y que tienen un origen antiguo.

 

  1. EL PAPEL DE LOS SOFISTAS.

 

En la mitad del siglo V A.C., comienza a desarrollarse en la ciudad-Estado de Atenas un movimiento intelectual que jugó un papel bastante importante y que, incluso en nuestros días, tiene seguidores. En el lenguaje corriente actual se utiliza la expresión SOFISMA para describir una «Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir respecto a algo que es falso.»

 

En los siglos V y IV, AC. El concepto Sophistés se aplicaba a músicos, poetas, adivinos y sabios en general. Paradojalmente, es en los círculos socráticos, donde se encontraban sus principales críticos, y en el mundo de la comedia es donde se les asigna esta denominación a los miembros de ese grupo. Los sofistas son; ante todo, profesores de artes, pero de aquellas consideradas prácticas o útiles: retórica, matemáticas, geometría y astronomía.

 

Se han descrito sus características comunes como las siguientes:

 

  1. En razón de la utilidad de sus enseñanzas, cobraban por impartirlas.
  2. Son jonios en su mayoría, pero debido a sus constantes viajes son casi apátridas, gente libre de ataduras.
  3. Exponen sus ideas en discursos pronunciados en casas particulares, gimnasios o ante otros sofistas.
  4. Ejercitan a sus alumnos en la discusión de temas por contraposición de argumentos. Por ello tal vez la mayéutica socrática les deba mucho.
  5. Los puntos centrales de sus ideas son resumidos en discursos breves para ser memorizados.

 

Se considera como factores que influyeron en su desarrollo, los siguientes:

 

  1. Decadencia de la ética aristocrática ante la aparición de poderes plutocráticos nacidos con el comercio y las finanzas.
  2. Ampliación de horizontes debido a las colonizaciones.
  3. Individualismo creciente que ya comienza a expresarse en la lírica.
  4. Crítica acerba del mito y la religión tradicionales.
  5. Ruptura de la unidad del pensamiento y conocimiento humanos por filósofos como Heráclito5 y Parménides.

 

544 - 484 AC. Afirma que nada es permanente y no existe armonía. Lo que vive, vive por la destrucción de otra cosa. El fuego vive por la muerte del aire. Lo que parece armonía es tensión de opuestos. La base del equilibrio es la lucha; la lucha es buena en sí puesto que es la fuente de la vida. La arjé (principio) ya no es agua o aire o Apeiron sino devenir puro, mero fluir.

 

540 - 470 AC. Su posición es exactamente la contraria a la de Heráclito. Es un regreso a la materia única: los cambios y la variedad de las cosas del mundo tienen una explicación: son pura ilusión. El movimiento es imposible. La realidad es una substancia simple, inmóvil e inmutable Las ciudades griegas habían vivido muy influidas por la tradición de sus antepasados, se observaba una actitud religiosa, politeísta por cierto, pero muy arraigada. Los dioses daban sustento a normas que protegían el orden de una vida que ellos mismos habían establecido, reglaban la polis en todos sus aspectos: justicia, familia, educación, relaciones de ciudadanía y hospitalidad, etc. Naturalmente se debatía, ya que existían diversas opiniones pero sin poner en riesgo la unidad de la ciudad. Estos componentes son mencionados, 25 siglos después por Samuel P. Huntington como elementos integrantes de una Civilización.

 

Con el surgimiento de los sofistas, la situación cambia, ya que ellos cuestionan la fuerza de la tradición y de la religión y logran progresivos éxitos. Aunque las ideas sofistas se originan en Atenas, no se conoce un solo sofista ateniense destacado, se aduce como explicación, que Atenas era un lugar próspero, de modo que había personas que podían solventar los gastos que implicaba la educación de los sofistas, pero, muy especialmente, influía el hecho que en la ciudad existía un régimen democrático, situación ésta que demandaba personas que tuvieran educación y dominaran la elocuencia para un mejor desempeño en el mundo de la política y de los Tribunales.

 

La educación política integral exigía entonces y exige en el siglo XXI, con más fuerza aún, el estudio de la sociedad, sus orígenes y funcionamiento, tener una concepción de la persona y su relación con la colectividad y el planteamiento de asuntos como la justicia, la cultura, la religión, las relaciones internacionales, la economía, la educación, el funcionamiento de los órganos de gobierno y participación, así como ideas sobre los temas de género y de medio ambiente. El individualismo, presentado en nuestros tiempos como expresión de modernidad, ya era una de las características de los sofistas, según se refleja en las concepciones de Protágoras, quien afirmaba que «el hombre es la medida de todas las cosas». Otra de sus especificidades era la ambigüedad, que se reflejaba en sentencias como, «dos juicios contradictorios son verdaderos»;» el sofista no puede enseñar lo verdadero, puesto que todo lo es»; su misión es cambiar las condiciones que hacen surgir determinados juicios, sensaciones y opiniones, para aprovechar los más útiles, no los más ciertos, por cierto sólo la palabra 7 Huntington, S., Conflicto de Civilizaciones?, Foreing Affairs, verano de USA, 1993 puede persuadir hacia lo más beneficioso para el individuo y la sociedad.

 

En concepto de Gorgias, la palabra no sirve para describir la realidad sino sólo para persuadir.  Los sofistas no aportaron, pues, mucho a la filosofía, pero sí a la literatura y a una política pragmática. Como literatos son forjadores de la prosa culta y sientan las bases de la retórica; son además pioneros en gramática y semántica. A pesar de compartir las características que hemos descrito antes, no forman una escuela, pero sí se puede decir que comparten una unidad temática, pero no ideológica.

 

  1. ¿QUE ES LA RETÓRICA? :

 

Se le define como el »Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover». También como «Teoría de la composición literaria y de la expresión hablada» y como «uso impropio o intempestivo de este arte.» otras definiciones describen la retórica como «arte de hablar y arte de decir». El primer criterio nos acerca a la filosofía y a la psicolinguística y el segundo, a la literatura. Hablar y decir se usan como sinónimos, pero hay diferencias. Hablar es hacer uso de una facultad propia del ser humano y Decir es hacer uso de esa facultad en una dimensión concreta, específica. Con alfabeto y lengua escrita el acto de hablar se hace audible, visible, analizable y programable.

 

Por su parte, entendemos por Arte esa «virtud, disposición y habilidad para hacer algo» o el «Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.» La retórica, reflexión sobre el hablar, tiene íntimos vínculos con la palabra escrita, ya que la lengua hablada es el uso directo de una facultad humana y con ello una acción. Según la definición del propio Gorgias, retórica es «la capacidad de persuadir con los discursos a los jueces en el tribunal de justicia, a los consejeros en el consejo, a los asambleístas en la asamblea, así como en cualquier otra reunión de ciudadanos» 8 Aristóteles, el célebre filósofo clásico, en su libro Retórica, sostiene que »se puede ser buen retórico sin siquiera estar consciente de ello». Esta opinión se fundamenta en el conocimiento del hecho que Diálogo Gorgias con Platón, Ediciones Escogidas, Madrid, 1999, página 21, las personas se esfuerzan por argumentar y sostener afirmaciones, por defenderse o acusar, aunque la mayoría lo hace irreflexivamente o por carácter. Si se hace una cosa conscientemente, podremos reflexionar sobre cómo lo hacemos y crear un método de acción. Por su parte, Quintiliano* utiliza la expresión scientia bene dicendi, para referirse a la retórica y que significa »Ciencia del Buen decir». Los romanos hablaban de rhetorica docens y rhetorica utens, para distinguir la teoría, que se aprende en el aula, del conocimiento que se adquiere mediante el ejercicio. El Retórico o Rétor procura embellecer discurso jurídico para persuadir al juez, ordenar el discurso político para que los oyentes le den su voto y orientarlo como un proceso de educación, hacia la formación integral de la persona. Las etapas de la educación en la antigüedad, culminaban confiándole al Rétor, la misión de formar personas cultas, informadas de todos los conocimientos posibles, educadas en el dominio del ánimo y de la expresión.

 

Hubo épocas de tensión por la aplicación de la retórica de influencia Griega en Roma. En el año 161 A.C. un Senado Consulto ordenaba la expulsión de Roma de los rétores y filósofos griegos.  Un decreto del año 92 A.C. estableció la obligación de enseñar la Retórica en idioma griego. Esta norma pretendía impedir que el pueblo romano pudiera aprender expresarse, lo que podía ser negativo para la minoría gobernante. Marco Fabio Quintiliano, 35-95, Nació en Hispania, ejerció en Roma como abogado y profesor de retórica.

 

 RICARDO HORMAZÁBAL SÁNCHEZ

 

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Valle de Santa Cruz, Gran Oriente de Bolivia

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