MANUELA SAENZ EN EL MACHISMO DE LA HISTORIA

INTRODUCCIÓN A MODO DE ADVERTENCIA

Cuando hablamos de un personaje de una estatura continental como la de MANUELA SAENZ, lo primero que se debe tener presente es que, a diferencia de otras figuras históricas masculinas, nuestra Manuela después de muerta, todavía ha tenido que superar el machismo de los hombres historiadores, que recientemente han tenido que aceptar a regañadientes el papel decisivo de Manuela en la historia de la independencia de nuestros países por sobre los grandes héroes masculinos que resaltan en sus crónicas y pueblan de estatuas los parques y las calles de las ciudades. Además, la mayoría de historiadores, con honrosas excepciones cada vez más frecuentes, aún no quieren romper los obsoletos paradigmas de una moral impuesta por la religión y la cultura propias de nuestros pueblos subdesarrollados.

Pruebas de ello es que, en el primer centenario del nacimiento de Bolívar, el entonces presidente de Venezuela, Antonio Guzmán Blanco ordenó quemar las cartas de Bolívar a Manuelita, para que el historiador oficial de la época, el General Daniel Florencio O´Leary[1] no manchara la memoria del Libertador, como la de todos los héroes, adjudicándole una amante de conducta muy criticable para la hipócrita y conventual sociedad de las colonias hispanoamericanas de principios del siglo XIX, después de que Bolívar había jurado amor eterno a su primera y difunta esposa; el mismo mandatario colombiano ordenó suprimir el capítulo dedicado a Manuela en la citada historia.

1 Grillo, R,M., MANUELA SÁENZ ANTES Y DESPUÉS DE BOLÍVAR, Universita degli Studi di Salerno., pag 68.

De las misma manera, en la historiografía ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XIX y de principios del siglo XX, Manuela Sáenz apenas es citada de manera fugaz por los escritores más importantes de esos años, como Pedro Fermín Cevallos y Pedro Moncayo, a pesar de que, se identificaban con las ideas liberales de Eloy Alfaro. Como reseña el historiador Victor W. Von Hagen, “Manuela Sáenz por decisión de los historiadores tuvo que hacer sitio al mito. Se suprimieron oficialmente todos los detalles de su vida, desaparecieron los documentos que la mencionaban […] durante más de medio siglo, los historiadores mantuvieron un acuerdo de caballeros: Manuela no debía ser mencionada nunca[2].

2 Grillo, R,M., MANUELA SÁENZ ANTES Y DESPUÉS DE BOLÍVAR, Universita degli Studi di Salerno.,pag 68

Algo parecido aconteció en Colombia con motivo de la celebración del primer centenario de la independencia de ese país, se convocó a un concurso público para la redacción de la “Historia de Colombia para la enseñanza secundaria”, en la cual no se menciona a Manuela Sáenz. En este texto, cuando se refiere al episodio del atentado de Santander contra Bolívar en septiembre de 1828, en el que Manuelita salva la vida del Libertador arriesgando la suya propia, los autores reseñan el hecho, pasando por alto la acción valiente y decidida de Manuela.

MANUELA SAENZ, LA MUJER PIONERA DE SUS DERECHOS EN MEDIO DE UNA SOCIEDAD OBSCURANTISTA

La más grande injusticia histórica que se ha cometido con Manuela Sáenz es subordinarla a su papel de amante del Libertador Simón Bolívar, que solo se confirma con el título que el mismo le otorgara al llamarla “Libertadora del Libertador”, después de haberle salvado la vida. Manuela ya es una mujer de avanzada para su época, antes siquiera de conocer a Bolívar, el 16 de junio de 1822. Otra vez los historiadores, aun los que ahora lanzan grandes elegías a sus virtudes patrióticas, lo hacen como una suerte de proyección a la grandeza del Libertador; insinuando probablemente sin quererlo, que Manuela sin Bolívar no sería nadie en la historia de nuestros pueblos, error histórico de categoría épica.

Comencemos por decir que, algunos historiadores citan como el año de su nacimiento,1795 y otros 1797, a pesar de que señalan como fecha el 27 de diciembre. No importa, el hecho clave es que, despectivamente, se la llama “hija natural” de Don Simón Sáenz y Vergara, noble español, y de la criolla María Joaquina Aispuru; y, digo que es un hecho clave porque, para la época, el ser hija natural le colocaba en una posición secundaria y hasta despreciable en la escala social. ¿Será por eso que, desde niña comienza a formar su espíritu rebelde, impetuoso, justiciero y libertario, alimentado por la cercanía de sus dos esclavas, en especial de Jonatás, a quien nunca consideró como tales, sino como sus compañeras hasta el final de su vida; compartiendo, como resulta obvio, las vivencias de mujeres doblemente marginadas, por su condición de género, y por el color de su piel?.

Manuela es una de esas mujeres afortunadas que, en el convento al que fue enviada a la temprana muerte de su madre, aprendió a leer y a escribir, tanto como se acercó a la lectura de los clásicos y aprendió latín. Y claro que es afortunada, porque la mayoría de las mujeres de la época no tuvieron la suerte de ser alfabetizadas debido a que, según las costumbres de la época, la mujer solo debía prepararse para ser buena y obediente esposa y madre amorosa.

Las mismas costumbres de esos años recomendaban a los padres el internamiento de sus hijas en un convento para que les inculquen una religiosidad fanática y las buenas costumbres que les permitirían no ser blanco de las habladurías de comadres pueblerinas; entonces, Manuela es enviada a otro convento, donde reacciona fugándose con un oficial del ejército español que nunca estuvo a la altura de sus expectativas y al que abandonó al poco tiempo. Este hecho ya debió ser un gran escándalo en aquellos tiempos, el cual solo podría reparase con el matrimonio obligado con un hombre mayor que salve el perdido honor de la doncella y le de su apellido. El elegido por su padre fue el inglés James Thorne, acaudalado comerciante y no médico como lo cita en algunas historias, con el que se trasladó a vivir a Lima [3].

3 Biografías y Vidas. Enciclopedia Biográfica en Línea. Manuela Sáenz. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/saenz_de_thorne.htm

La habilidad de Manuela fue aprovechar esta forzada unión para hacerse un espacio propio en la sociedad limeña, ya convulsionada por afanes libertarios, especialmente estimulados por el avance victorioso de José de San Martín. En este contexto, no fue la simple dama de salón que acompañaba a su marido, el cual desaparece de la escena histórica probablemente por sus actividades comerciales fuera del Perú.

Sin embargo, Manuela va más allá. Traba una cercana amistad con Rosita Campuzano, una patriota guayaquileña que había enviudado de un noble español; y, estas dos mujeres extraordinarias constituyen el eje y motor de la independencia de ese país en sus primeros años, relegando a papeles secundarios a los independentistas peruanos de la misma época, en el contexto de una sociedad fuertemente ligada a las tradiciones y títulos nobiliarios del Virreinato probablemente más importante de la América Hispana.

Aquí Manuela es espía, negociadora y conspiradora, jugando un papel clave en el paso a las filas patriotas del realista Batallón Numancia, comandado por su medio hermano. También influye decisivamente, junto con su amiga Rosita Campuzano, para que el Libertador San Martín acceda a reunirse con Simón Bolívar en Guayaquil, como la única alternativa posible para concluir la independencia de un divido Perú entre el norte liberado y el sur todavía bajo control del último bastión del Virreinato de Lima.

Varios documentos han planteado como hipótesis histórica que, este amor primigenio de Manuela por la libertad de las colonias hispanoamericanas, se inspiró a temprana edad por el papel indiscutible de Manuela Cañizares en el mal denominado “Primer Grito de Independencia” del 10 de agosto de 1809, llegándose incluso a sostener que, la Señorita Cañizares podía haber constituido su primera heroína [4]. No obstante, el triste desenlace de este primer intento de deponer al Presidente de la Real Audiencia de Quito, seguramente presenciado por Manuela Sáenz, me hace pensar en que, ese espíritu libertario tiene mayores raíces en la vida de los primeros años de Manuelita.

4 Biografías y vidas, La Enciclopedia Biográfica en Línea, Manuela Sáenz, https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/saenz_de_thorne.htm

Cuando Manuela percibió que, su trabajo emancipador ya era más necesario en el Quito de su nacimiento, pretextó una enfermedad de su padre para organizar su regreso; el cual se produce, unos pocos meses antes de la Batalla de Pichincha, a principios de 1822, uniéndose de inmediato a las fuerzas del General Sucre. No he encontrado datos de cómo se conocieron, pero resulta evidente que, para una dama quiteña galardonada con la máxima condecoración del Perú independiente “Caballereza de la Orden Sol del Perú”, concedida por el mismo San Martín, no era difícil que se le hayan abierto las puertas del ejército libertador proveniente de Nueva Granada.

En este capítulo de su vida y antes del mítico encuentro con Simón Bolívar, ya fue una activa participante en las acciones de apoyo al ejército libertador, ya sea como proveedora de vituallas, enfermera, mensajera; sin embargo, hay autores que incluso creen que peleó en la Batalla de Pichincha.

La primera conclusión obvia es que, Manuela Sáenz, por si misma, representó un avance extraordinario en la conceptualización y práctica del papel de la mujer en la sociedad; rompiendo los rígidos esquemas y costumbres conventuales de la época, que reducían a la mujer a una posición totalmente secundaria y subordinada respecto del hombre, tanto en la vida privada como en la pública. Y, más allá, demostró en muy pocos años de vida, que una mujer puede convertirse en motor de los cambios de la historia, lo que, sin ser nuevo para la reseña universal, que había visto a mujeres capaces de transformar a pueblos enteros, no lo era para nuestras nacientes repúblicas, abriendo con mucha oposición, espacios propios en el desarrollo social y político, junto con otras mujeres que se ha pretendido oficialmente olvidarlas, como la colombiana Policarpa Salavarrieta, cariñosamente conocida como “La Pola”.

Debería dársele a Manuela Sáenz su puesto pionero en la lucha por los derechos de la mujer, que recién comienza a hacer temblar el mundo occidental a finales del siglo XIX, con la lucha por el derecho al voto de las mujeres inglesas, como un subproducto de la revolución industrial. Especialmente, el derecho primigenio de las mujeres a ser ellas mismas, sin la imposición forzada de la figura masculina y de la sociedad machista.

MANUELA Y SIMÓN, MUCHO MAS QUE UNA NOVELESCA HISTORIA DE AMOR

Aquella romántica escena que nos contaron los profesores de historia, de un soleado 16 de junio de 1822, con una Manuelita Sáenz lanzando una corona de laureles enzarzada con una rosa al valiente Libertador Simón Bolívar, que entraba victorioso en su caballo blanco a la ciudad de Quito recién liberada, naturalmente no por su espada sino la de Antonio José de Sucre, ya sugiere un frecuente y subsidiario papel de pleitesía de las mujeres de la época, y aún de las actuales, hacia los militares victoriosos vestidos con charreteras doradas.

Repensando en la recia y decidida personalidad de Manuela, apenas esbozada en las líneas anteriores, se podría arriesgar a modo de hipótesis histórica que, la probable verdadera intención de ella sería continuar con su lucha por la independencia de las colonias de esta parte del mundo, uniendo sus propias iniciativas a las del General vencedor, como la estrategia más viable, en consonancia con las condiciones políticas del momento histórico. Solo así se puede explicar que Manuela no configuró la típica imagen de las “guarichas”, que seguían a sus hombres en la retaguardia del combate. Ella lucho como otro soldado más en las batallas de Junín y Ayacucho que sellan la independencia de nuestros países sudamericanos; ganándose con valor y a punta de pistola su grado y uniforme de coronel de las fuerzas patriotas, contra la oposición machista de algunos generales colombianos a quienes Bolívar contestó de manera enérgica, como en una carta dirigida a Santander que data del año 1825:

“Usted conoce tan bien como yo, de su valor como de su arrojo ante el peligro.

¿Qué quiere usted que yo haga? Sucre me lo pide por oficio. El batallón de Húsares la proclama; la oficialidad se reunió para proponerla, y yo, empalagado por el triunfo de su audacia le doy ascenso con el propósito de hacer justicia[5].

5 Triviño Anzola, C., Manuela Sáenz, la ficción de la historia en dos novelas colombianas.

Lo anterior no significa de ninguna manera, que Manuela no se hubiese enamorado sincera y locamente del hombre Simón Bolívar; por lo contrario, demostró que una mujer luchadora por sus derechos y por los de los pueblos limitados u oprimidos por cualquier tipo de colonialismo, incluidos los culturales e ideológicos, puede desempeñar simultáneamente y, sobre todo, de manera entrelazada, los papeles de amante, en la versión más desprejuiciada y apasionada de este término, y la de colaboradora eficaz, como procesadora de los archivos de las campañas libertarias, activista política popular y soldado de primera línea, capaz de dar la vida no por su jefe de turno, sino por el hombre a quien amaba, como lo demostró en ese septiembre de 1828, donde un desguarnecido Libertador hubiese sido fácil víctima de la conspiración de Santander, fraguada muy posiblemente en una logia masónica, lo que debería obligarnos a revisar con mayor profundidad e imparcialidad las motivaciones de este grupo de QQ:.HH:.

Esta Manuela de carne y hueso que, según el historiador colombiano Germán Arciniegas, escandalizaba a las señoras de buena sociedad, las cuales cerraban sus ventanas a su paso por las calles de las capitales de Quito, Lima y Bogotá, con una nada recomendable historia de haberse fugado con un oficial español y luego haber abandonado a su marido en la Lima Virreinal, donde se ganó con su carácter y actitud decidida por la causa libertaria, que se la llame por su nombre y apellido, y no por el tradicional de “Señora de Thorne”; es la misma Manuela apasionada que dirige cartas desprejuiciadas a su amado, en las cuales demuestra mucho más su libertad de pensamiento en todos los sentidos, que una burda pornografía con mayores semejanzas a las novelas prohibidas del romanticismo europeo del siglo XIX y principios del XX, como algunos autores de novelas históricas de tipo “rosa”, la han injustamente desfigurado. Solo a modo de ejemplo cito algunos párrafos de sus cartas a Bolívar:

“(…) encuentro que satisfaciendo mis caprichos se inundan mis sentidos, pero no logro saciarme en cuanto que es a usted a quien necesito; no hay nada que se compare con el ímpetu de mi amor” (Carta del 14 de abril 1825);

“(…) ahora dirá usted que soy libidinosa por todo lo que voy a decir: que me bese toda, como me dejó enseñada” (Carta del 3 de mayo de 1825) [6].

6 Cit. Grillo, R.M., Manuela Sáenz antes y después de Bolívar. Cf. M. Espinosa Apolo (ed.), Simón Bolívar y Manuela Sáenz: Correspondencia íntima, Trama Ediciones, Quito, 2006, passim.

Son estos mismos historiadores novelescos quienes le atribuyen falsamente a Manuela actos que son difícilmente creíbles, como su intento de suicidio con una víbora, al mejor estilo de la egipcia Cleopatra, lo que no se compadece con el férreo carácter de la mujer que, como veremos luego, soporta el destierro y la pobreza sin bajar la cabeza.

En efecto, solo pocos meses antes de la muerte de Bolívar y ya víctima de las calumnias de los enemigos del Libertador, escribe en su defensa un folleto titulado “La Torre de Babel”, que es torpemente respondido por los últimos gobernantes de la moribunda Gran Colombia con una orden de prisión, que aparentemente no llegó a efectivizarse. Así se entiende históricamente que, tan solo pocos años después de la muerte de Bolívar, el 1 de enero de 1834, recibe una orden del presidente Santander, de abandonar Colombia en 13 días, lo que le lleva a su primer exilio en Jamaica.

Manuela seguía soñando en su tierra natal y regresa a Guayaquil en 1835, desde donde quería retornar a Quito o a la propiedad heredada de sus padres en Catahuango. Sin embargo, en el puerto principal se produjo la difícilmente explicable actitud del presidente Vicente Rocafuerte, que ordenó su inmediata salida del recién fundado Ecuador. ¿Será que en la decisión del presidente influyó su probable odio hacia Bolívar, desde la reservada reunión del Libertador con San Martín en el Guayaquil de julio de 1822, de la cual, lo único que quedó perfectamente claro es que, Guayaquil y Cuenca formarían parte de la naciente Gran Colombia y no de un Perú todavía en ciernes, a cambio de la promesa de Bolívar, fielmente cumplida, de concluir la independencia del Perú con la derrota del último Virrey afincado en el Cuzco? ¿O, tal vez será que esa histórica reunión que marco el rumbo de una muy importante región del actual Ecuador, fue coincidencialmente propiciada por Rosa Campuzano y Manuela Sáenz, que presionaron abiertamente al Libertador argentino a solicitar reiteradamente la ayuda de un todavía evasivo Bolívar?

EL EXILIO DE MANUELA SAENZ EN PAITA O LA DIGNIDAD DE SOPORTAR LA POBREZA Y EL OLVIDO.

La bien ganada gloria de Manuela por su gran contribución, no solo a la emancipación de los pueblos de esta parte del mundo, sino, por su testimonio de vida en defensa de los derechos más elementales de la mujer, contrasta ofensivamente con la pobreza, limitaciones y olvido que sufrió en Paita durante más de 20 años, hasta su muerte el 23 de noviembre de 1856, víctima de una epidemia de difteria; siendo enterrada en una fosa común y cubierto su cuerpo con cal, de acuerdo con los procedimientos de la época para casos de epidemia.

Sin embargo, ni el injusto y cruel exilio lograron apagar las luces de la mujer extraordinaria. En primer lugar, su incondicional fidelidad al recuerdo de su amado Bolívar, que le llevó, entre otros actos, a despreciar la herencia de su marido Mr. Thorne, cuando éste fallece en 1847; y luego, su supervivencia humilde pero digna en Paita, vendiendo cigarros, dulces, tejidos y bordados, u ofreciendo los servicios de interprete y traductora en la puerta de entrada de su modesta morada, con el simple letrero “English spoken”.

El exilio tampoco hizo mella en su posición militante en defensa de la patria, como se podría deducir de un supuesto diario escrito por Manuelita en Paita y que, según Carlos Álvarez Saa, historiador ecuatoriano, fue rescatado de la quinta de Bolívar en Bogotá en 1856 junto con otros documentos del Libertador. Curiosamente, en el legajo de documentos se encontró una nota que, refiriéndose al diario de Manuelita de su estadía en Paita, decía: “(…) el cual se pondrá a buen recaudo por ser de sus apreciaciones suyas muy personales nada recomendables para la salud de la República”7. El anecdotario histórico, todavía muy actual, que acompaña a este documento, señala que el mismo fue sustraído por el Movimiento M-19, junto con la espada de Bolívar en el año 1974; y, un grupo revolucionario ecuatoriano negoció el ingreso clandestino de este diario al Ecuador, en 1985.

Es muy pronto para saber si estos hechos son ciertos o novelados, pero en todo caso, todavía hablan de una Manuelita Sáenz dando su opinión sobre la República de Colombia, aunque nadie la escuche.

También debe destacarse que, en este duro período de exilio, saltando las barreras del olvido histórico, varios personajes de renombre internacional se dieron el trabajo de llegar hasta el lejano e inhóspito puerto de Paita, como Simón Rodríguez, Giuseppe Garibaldi, Herman Melville, al menos dos de ellos, “coincidencialmente” miembros de la Orden Masónica.

La pregunta es obvia, ¿por qué personajes de esta talla aún se acuerdan más de diez años después de iniciado su exilio, de una mujer a quién la historia oficial de las guerras por nuestra independencia, llenas de coroneles y generales de dudosa trayectoria, trató en vano no solo de olvidar sino de desaparecer las huellas y registros de una influencia, como la de Manuela Sáenz, en los resultados de esas mismas guerras, con seguridad muy superior a muchos héroes de caricatura.

La justicia histórica para Manuela Sáenz comienza a llegar desde mediados del siglo XX con historiadores de la valía de Germán Arciniegas, José Rumazo González, Ricardo Palma, Víctor Von Hagen, Fernando Jurado Noboa, Galo René Pérez y el jesuita Jorge Villalba; sin descuidar el aporte de nuestros QQ:.HH:. Jorge Núñez y Jenny Londoño entre otros.

Además, debe destacarse en esta lucha por el rescate de la verdadera Manuela, a otra mujer ecuatoriana, Nela Martínez, a quien la historia contemporánea amenaza otra vez con desterrarla al olvido. En 1983 ya había editado su libro “Manuela Libertad”, con la colaboración de Eugenia Viteri, Pedro Jorge Vera, Nelson Estupiñán Bass. La misma Nela, en 1989, había organizado en Paita el “Primer Encuentro con la Historia: Manuela Sáenz”, donde se firmó una declaración “(…) por medio de la cual las participantes juraron seguir el ejemplo de Manuela y combatir toda forma de injusticia neocolonial, incluyendo la discriminación de clase, de raza y de sexo. Las participantes proclamaron a Manuela Sáenz precursora de la mujer emancipada y Colibertadora del movimiento independentista. Esto último implicaba que su contribución a la independencia fue igual a la de Bolívar”8.

Como conclusión final, a pesar de la premonitoria declaración propiciada por Nela Martínez, considero que, la historia de la libertad de América aún no ha terminado oficialmente de hacer justicia con Manuela Sáenz, si este acto se mide por los pocos monumentos que se han levantado de la heroína en los países Bolivarianos, como el pequeño busto que conocemos en el parque de La Alameda en Quito, tan descuidado y prácticamente invisibilizado. O como el monumento levantado en Mérida, Venezuela, en 1980, al cual se opuso el

Arsobispo de la ciudad, “Porque ello significaría institucionalizar el adulterio y el concubinato”9

9 Diario El Universal de Caracas, 19 diciembre 1980.

¿Será esta la intención de un todavía arraigado machismo político, que sigue negándole a la mujer su papel protagónico en las transformaciones de nuestro país y el mundo?

Esta es una de las tareas pendientes de la Orden Masónica, la reivindicación del papel de la mujer dentro de nuestras filas en igualdad de derechos y obligaciones con el hombre; dando ejemplo a la sociedad, cuyo perfeccionamiento juramos servir, que la discriminación por género, junto con cualquiera de las otras, que han vuelto a aparecer con fuerza en el neo obscurantismo del siglo XXI, constituyen obstáculos mas graves para la real implantación de la libertad, igualdad y fraternidad en el mundo que nos ha tocado reconstruir.

Finalmente, la Manuela Sáenz que he pretendido rescatar a lo largo de este trabajo, puede ser descrita en las cortas pero magistrales palabras del poeta chileno y luchador por la libertad, Pablo Neruda, que en su poema “La Insepulta de Paita”, retrata a Manuela para siempre y para sus pueblos que aún sigue oprimidos:

“Tu fuiste la libertad, libertadora enamorada.
Entregaste dones y dudas idolatrada irrespetuosa.
Se asustaba el búho en la sombra cuando pasó tu cabellera
y quedaron las tejas claras, se iluminaron los paraguas.
Las casas cambiaron de ropa. El invierno fue transparente.
Es Manuelita que cruzó las calles cansadas de Lima,
la noche de Bogotá, la oscuridad de Guayaquil,
el traje negro de Caracas.
Y desde entonces es de día”

Jimena Orellana Molina; V:.M:.
R:.L:.S:. Libertadora Manuela Sáenz
Or:. de Quito

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