Masonería y Estado Laico en Colombia

La implementación de las ideas separatistas de Iglesia y Estado en nuestro país no fue un hecho aislado, que se dio por evolución espontánea. Las batallas dadas por sus gestores ante la férrea tradición heredada de España en materia religiosa ocasionaron múltiples reacciones de toda índole.

Las expresiones religiosas de los diferentes pueblos amerindios que habitaban en el territorio de lo que hoy conocemos como Colombia eran múltiples y de un rico contenido en los conceptos de su cosmogonía, que buscaban, entre otras cosas, encontrar el sentido a la existencia del ser humano.

I. INTRODUCCIÓN
En la época de la expansión europea a nivel mundial, España se solidifica como la abanderada de la religión cristiana y en el adalid para la consolidación de un gran imperio de ultramar. Para ello, el Estado español y la Iglesia, se unen bajo una serie de medidas y acuerdos avalando así las políticas de evangelización y la organización eclesiástica en toda Hispano­ américa. Todo el acervo cultural, religioso y social de los indígenas fue remplazándose por las ideas y moral cristiana.

En sus políticas de conquista espi­ritual, España aplicó en gran medida las normas del Derecho Castellano bajo la forma que conocemos como Derecho Indiano. De igual manera auspició el Patronato Regio, a través del cual los Papas concedían a los Reyes, especialmente de España y Portugal, un conjunto de privilegios y facultades, a cambio de que estos apoyaran la evangelización y el establecimiento de la Iglesia en América. Este Patronato permitió que la Iglesia contara con numero­ sos misioneros y dispusiera de los recursos económicos y financieros necesarios. Esta estrecha complici­dad, en la que cada uno de los protagonistas necesitaba del otro, es, en esencia, la forma primigenia de lo que hoy conocemos como relación Estado-Iglesia.

En el año 1610 se estableció en Cartagena el Tribunal de la Santa Inquisición, también llamado Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, para inquirir y castigar los delitos contra la fe. Los casos que se juzgaron iban desde la bigamia, hasta la práctica del protestantismo. En la Nueva Granada, la Inquisición se encargó, además, de reprimir la propaga­ción de las tradiciones paganas de los negros y de censurar las obras literarias que atentaban contra los dogmas de la Iglesia Católica.

La Inquisición, como tribunal ecle­siástico, aunque solo tenía competencia sobre cristianos bautizados, durante la mayor parte de su historia, sin embargo, al no existir en España ni en sus territorios dependientes libertad de cultos, su acción en la práctica se extendía a la totalidad de los súbditos del rey de España. Fue un mecanismo represivo, carente de tolerancia, con el que se desvirtuaban y se coartaban los conceptos de libertad de conciencia y de pensamiento, libertades inalienables del ser humano y base de la laicidad moderna.

En América, la Inquisición fue impuesta por Felipe II, en 1570, y tuvo tres centros jurisdiccionales: México, Lima y Cartagena de Indias.

II. CONSTITUCIONES DE COLOMBIA Y SU RELACIÓN CON LA IGLESIA
La influencia del pensamiento ilustrado, que incluye el sentido del pluralismo en el Nuevo Reino de Granada se manifiesta en el desarrollo del espíritu científico e investigativo de las generaciones que participarían de algún modo en las gestas emancipadoras. En el sector de la educación neogranadi­na, por ejemplo, la influencia de los métodos racionalistas, experimen­tales y prácticos juegan papel importante en el cambio de mentalidad generacional.

La implementación de las ideas separatistas de Iglesia y Estado en nuestro país no fue un hecho aislado, que se dio por evolución espontánea. Las batallas dadas por sus gestores ante la férrea tradición heredada de España en materia religiosa ocasionaron múltiples reacciones de toda índole. El entorno político, social y religioso que rodeaba a la sociedad colombiana de ese entonces no podía, de buenas a primeras, aceptar tal exabrupto, con lo cual, quienes así lo pensaran, quedaban expuestos a la excomunión de la fe cristiana.

Las primeras manifestaciones de la necesidad de una educación laica en Colombia aparecen en el Siglo XIX de la mano del prócer colom­biano Francisco de Paula Santander, masón Grado 33°, quien, influenciado por las lecturas de Jeremy Bentham creó colegios con espíritu liberal y laicista. Para esta época, la masonería colom­biana empezaba a tomar papel importante en la implementación de la separación de poderes. Es así como en la Constitución de 1863, la masonería, a través de sus legisladores, plasma su filosofía impulsando la educación primaria obligatoria, gratuita y laica y promoviendo la capacitación de los maestros. De igual manera organizó la educación superior, especialmente con la creación de la Universidad Nacional, en 1867. Cabeanotarqueel57 por ciento de los diputados firmantes de esta Constitución pertenecían a la Masonería Colombiana.

Fue tan trascendental la presencia e influencia de la masonería en el seno del Partido Liberal, que como bien anota Gilberto Loaiza Canal “hablar de un Partido Liberal colombiano en el Siglo XIX es erróneo. En vez de la estructura moderna de un partido político sería más preciso hablar de un conjunto de solidaridades reunidas en torno a logias. Es decir, las tendencias liberales se agruparon y se expresaron en la organización masónica.!

El descontento de los conservado­ res ultramontanos por las medidas laicas adoptadas en la educación, sumado al espíritu abiertamente anticlerical de los liberales lidera­ dos por el masón Aquilea Parra, condujeron a una Guerra Civil, entre 1876 y 1877. La guerra alcanzó grandes dimensiones, por el número de efectivos y su mortandad tan elevada. Buena parte se debió al apoyo que dio la Iglesia Católica a los rebeldes, lo que les permitió acrecentar sus filas, considerando al conflicto como una “Guerra Santa”. En el año 1886, los sectores conservado­ res ortodoxos de la época, asocia­ dos con un clero ávido por recuperar el protagonismo social y “poder político” no estaban cómodos con los principios pluralistas de los liberales y, mucho menos, con el carácter anti dogmático de la Constitución de 1863. Nace, entonces, la Constitución de 1886, que le puso fin a un “Estado de fuerte inspiración liberal, en el que se consagraba ampliamente la libertad religiosa, se reconocía el pluralismo religioso, se establecía la independencia entre las iglesias y el Estado y se eliminaba toda forma de confesionalismo religioso, dado que se da ahora paso a un Estado confesional, en el que se privilegió a la religión profesada por la mayoría de los colombianos”

Esta constitución regirá a Colombia por algo más de 100 años, hasta no hace mucho tiempo, cuando nace la “Constitución de los Derechos”, conocida como Constitución de 1991. En ella se reconocen y consagran tanto los derechos funda-mentales clásicos nacidos en la Revolución Francesa, como también, los derechos económicos y sociales, propios del Estado Social de Derecho. La Constitución del 91, según Lemos Simmonds desconoce a la Iglesia Católica como “la religión de la nación” que consagraba la Carta de 1886. Sin ser atea, ya que invoca “la protec­ ción de Dios” en su Preámbulo y reconociendo además la libertad de cultos (Art.19) sin ningún límite, desconoce la supremacía que la Iglesia Católica mantenía a través del Concordato. Además contem­ pla la libertad de la educación religiosa expresada en el artículo 68 y la suspensión de los efectos civiles del matrimonio católico por divorcio, que prevé el artículo 42. En resumen, la Constitución del año 1991, que hoy nos rige, es clara en sus conceptos de libertad de conciencia, religiosa y de cultos, y establece, por lo tanto, la separa­ción de poderes

III. LA MASONERIA COLOMBIANA Y EL LAICISMO
La masonería colombiana siempre ha propendido porque el laicismo activo o positivo, como movimien­to emancipatorio, defienda la libertad religiosa y se oponga a que las instituciones sea cual fuere su carácter, públicas o privadas, dificulten el pluralismo bien sea étnico, político o religioso de una sociedad. Sin embargo, Colombia, un país laico constitucionalmente, transgrede con relativa frecuencia este derecho, en gran parte por el desconocimiento dentro de la población de la noción de laicidad que en ocasiones es percibida como anticatólica, y en otras, por la eterna necesidad de la Iglesia Católica de querer estar intervi­niendo, para su beneficio, en temas que le son de total incumbencia del Estado, y de éste por ganar partidarios políticos, con favores espirituales.

Defensora de la separación de poderes, del pluralismo religioso, de la libertad de conciencia y expresión, la masonería universal, en general, y la colombiana, en particular, juegan papel preponderante en la expansión e implementación de un laicismo activo o positivo, que permita el ejercicio del mismo para beneficio de una sociedad.

Para ello debemos mediar sin propiciar ningún tipo de colisión, que los dos protagonistas Estado­ Iglesia reconozcan, no en la teoría, sino en la práctica diaria, lo que le es debido a cada uno de ellos. Nuestra sociedad urge de una cultura de la tolerancia activa, piedra angular de la laicidad.

IV. PROPUESTA Y METODOLOGÍA
A.- Desarrollar e implementar un programa de estudio detallado del tema de Laicismo no solo en las Logias que están bajo la jurisdic­ción de la Gran Logia de Colombia, sede Bogotá, sino también en las Cámaras 30° del Escocismo en todo el país. Recordemos que es en esta Cámara, en donde estudiamos la relación entre el Estado (Felipe IV el Hermoso) e Iglesia (Papa Clemente V).

B.- Elaborar proyectos de ley que sean inicialmente discutidos y conceptualizados desde el seno mismo de la masonería colombiana y luego presentados como tales al Senado de la República de Colombia.

C.- Intercambio de información y experiencia de la participación de la masonería en países con tradición laica, como México y Uruguay, y estudio de la factibili­dad de aplicación en nuestro país.

Augusto Pareja Carazo
Coordinador Oriente de Bogotá

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